Jonás Menéndez, en Uruguay, adonde emigró empujado por la crisis.
Jonás Menéndez, en Uruguay, adonde emigró empujado por la crisis.

«Emigramos a trabajar más que nadie»

  • Asturianos en la diáspora

  • Jonás Menéndez González es un ingeniero de Colloto, trabaja en Uruguay

  • A su abuelo ya lo llamaban 'El Americano' y ahora la crisis le ha obligado a él a irse

A su abuelo ya lo llamaban Ramón 'El Americano' y ahora le ha tocado el turno al nieto. Jonás Menéndez González (ingeniero, 35 años, de Colloto, «el segundo mejor barrio de Oviedo. El primero aún no lo conozco», bromea) anda viviendo su vida por un pueblecito del interior de Uruguay llamado Florida, a cien kilómetros de Montevideo y rodeado de vacas hereford, caballos, ñandús, lagartos, armadillos y demás fauna salvaje, «sin obviar a los gauchos, auténticos cowboys uruguayos, y a algún que otro charrúa, indios nativos de Uy».

En ese enclave aterrizó hace un año. «Cuando la crisis estaba con el mazo en la mano, tuve que dejar la pequeña empresa donde estaba trabajando por Madrid. Básicamente, tuvimos varios impagos y, tras varios meses sin cobrar, no me vi en otra que dejar al jefe para emprender otro proyecto, una pena. Nos jodieron unos tipos con más de cuatro coches en el garaje».

«Así fue como, después de varios meses de búsqueda y unos cuantos kilos de currículos enviados, me salió esta oportunidad y me subí en marcha. Me pusieron encima de la mesa un contrato que indicaba 'disponibilidad internacional' y, sin pensarlo mucho, estampé el autógrafo», cuenta.

La empresa que lo contrató ejecuta, en su mayor parte, proyectos 'llave en mano' en los que ofrece «todo un conjunto de ingeniería, acopio de todos los materiales y ejecución de proyectos» de energías renovables. «El lema de la compañía es 'going global' y en eso estamos, descubriendo y conociendo otros parajes. El primer destino fue La Puglia, en Italia. Allí hicimos varios parques fotovoltaicos. Luego fui a Rumanía y de ahí ya nos tocó dar el salto oceánico a Uruguay, donde estamos haciendo parques eólicos y subestaciones eléctricas».

De esa manera resume su periplo por el mundo, mientras dibuja con precisión de ingeniero el panorama: «La producción eléctrica de Uruguay procede en un 45% de las presas hidráulicas y en otro 45% de la quema de crudo. Está previsto que, para 2017, el aporte procedente de las energías renovables alcance el 30%. Son dependientes energéticamente de los dos grandes monstruos que tienen alrededor (Brasil y Argentina) y tienen el objetivo de reducir ese déficit. Están buscando el 'mix' que debiera ser el objetivo de todos. Su economía está creciendo a un ritmo del 5 o el 6% durante los últimos años».

Así que este asturiano que nunca ha tenido problemas para «hacer la valija», como dicen por allí (antes estuvo de erasmus en Nottingham y, más tarde, Leeds, Croacia e Irlanda fueron otras paradas), reconoce que aún no ha encontrado «un lugar en el que poder pensar como en un hogar» y que lo único que planea es quedarse, al menos, otro año por tierras australes para «seguir adquiriendo experiencia profesional en proyectos de gran envergadura. Eso sí: «Con la cabeza siempre puesta en volver a casa».

«Estoy bien. Diariamente, suceden cosas, lo mismo que si estuviese en Colloto, aunque hay días torcidos y peores. Queramos o no, seguimos igual que los abuelos que emigraban hace años: salimos de España a trabajar más que nadie. Pero todo eso se olvida cuando le damos al botón y las cosas funcionan». Malos ratos como aquella noche en la que se vio «en una carretera rumana inhóspita, a las once y media, con nieve hasta la rodilla y el coche boca abajo». O aquel cuando, hace tres meses, le «frieron» el coche a pedradas entrando «en una zona complicada de Montevideo» y tuvo que poner «pies en polvorosa».

De los uruguayos, destaca «su infinito orgullo» por un país «pequeño y coqueto, sin montañas, con el gran estuario que forma el Río de la Plata, más de diez millones de vacas y apenas 3,2 de habitantes». Eso y que «les apasiona hablar de fútbol, su mate, su asado, su dulce de leche». O que «todos y cada uno te recuerdan que Gardel era uruguayo y no francés». Gentes que, «aunque sin muchos lujos, viven bien, con calma y a su ritmo». Con trabajadores «representados por sus sindicatos» y con «poca mano de obra cualificada». De momento.

También de momento los padres de Jonás y Emma -su hermana pequeña, que vive en Madrid tras pasar años en Inglaterra- se resignan a tenerlos lejos, «aunque con la boca pequeña ya reclaman la vuelta al redil de los vástagos». Volver será, sin duda, «lo mejor de haber estado fuera. ¡Puxa!».