El Comercio
72 millones de euros en ladrillo tirados a la basura
/ JESÚS MANUEL PARDO

72 millones de euros en ladrillo a la basura

  • Centros de interpretación de la fauna, casas de encuentros y museos sin uso se financiaron con fondos públicos

Museo de la Lechería y los Quesos de Morcín. La intención era buena. Un tributo a lo grande para la bebida patria, con permiso de la sidra. Inversión, 1,1 millones de euros. Las obras de construcción concluyeron en 2008, pero el museo nunca llegó a abrir. Hoy, seis años después, este equipamiento se deteriora corroído por las humedades y el paso del tiempo. El de la Lechería y los Quesos es solo uno de los despropósitos financiados con fondos públicos, léase fondos mineros, europeos y subvenciones varias. La dimensión de los proyectos da cuenta del despilfarro en el que se movieron los gestores en tiempos de bonanza económica. En total 72 millones de euros, casi 12.000 millones de las antiguas pesetas, invertidos en centros educativos, interpretativos y de servicios, casas de encuentros y aulas recreativas, entre otras ingeniosas ideas que, después, víctimas de la crisis, quedaron empantanados y en la actualidad permanecen cerrados, abandonados y, en el peor de los casos, incluso han sido derribados. Es el ejemplo de la Casa de Encuentros de Corvera que con un gasto de 1,6 millones de euros fue demolida en 2013 después de pleitos entre el consistorio y la empresa constructora. O del Centro de Estudios Medioambientales de San Martín del Rey Aurelio, que costó 900.000 euros y también fue reducido a escombros. Cada proyecto concreto fue objeto de disputas en su concejo, por diversas cuestiones. Bien porque había vecinos visionarios que entendieron pronto que aquello no tenía ningún fin útil, bien por mera oposición política. Pero han sido los promotores de la Asociación Sendas de Asturias, un colectivo que nace con el objetivo de recuperar y mantener el paisaje, el que ha acabado por denunciar ante las instituciones este tipo de desmanes arquitectónicos. Eso sí, sin respuesta clara. Las cifras registradas por este colectivo son alarmantes. Aseguran tener datos fiables de al menos 110 equipamientos cerrados, abandonados o a medio construir. Muchos de ellos ni siquiera llegarán a ser inaugurados. También reflejan en sus denuncias otro tipo de instalaciones que ni son museos ni centros de interpretación, pero que también se construyeron con el dinero de todos, como piscinas, geriátricos, polígonos industriales o bibliotecas, en los que se calcula que fueron invertidos 1.260 millones de euros. En esta última cifra incluyen el superpuerto de El Musel, la regasificadora y los túneles del metrotrén de Gijón. Actuaciones de las que no se libra ni uno de los 78 ayuntamientos de la comunidad y que evidencian una absoluta falta de control en el uso del erario público.

En algunos casos, la testarudez continúa incluso hoy y siguen adelante ejemplos como el Centro Tecnológico Forestal y de la Madera (Cetemas), de Pumarabule, cuyas obras comenzaron el pasado 4 de noviembre, con ocho meses de retraso respecto a los plazos anunciados a principios de año por el consejero Graciano Torre. El Cetemas ocupará un edificio que costó 1,7 millones de fondos mineros, y que se concluyó hace siete años. Desde entonces estuvo sin utilizar y se barajaron diferentes usos hasta retomar el proyecto tecnológico de la madera. La adecuación del edificio costará otros 807.568 euros y las obras estarán finalizadas para abril de 2015.

Para otros, se busca una salida digna antes de que caigan en el olvido, El Centro de Artes Escénicas y Museo del Cine de Luarca fue concluido hace más de dos años, pero está a la espera de apertura. Para justificar el retraso se habló de que carece de salidas de emergencia; en el fondo, no se abre por falta, ahora, de disponibilidad presupuestaria. Costó 1,2 millones de euros levantarlo. Una buena opción, barajan en el Ayuntamiento, sería albergar la colección del Museo del Calamar Gigante, abatido por los temporales de principios de año.

Las telarañas se hacen poco a poco con el Centro de Interpretación de Degaña, las goteras están ablandando la estructura de la casa A Cabanada, en Castropol, otro capítulo de este inmenso cuento de la lechera que empieza con la fantástica idea de convertirlo en un establecimiento hostelero situado cerca de una restaurada ferrería a la que se llegaría por una senda, nueva, claro, hasta la cascada del Cioyo. Nada de eso se logró y 1,2 millones de euros se fueron por el desagüe. Y así hasta complementar una lista vergonzosa de proyectos faraónicos en muchos de los casos, sobre todo, si se calcula la proporcionalidad entre la inversión planteada y el presupuesto del Ayuntamiento destinado a acogerlo.