Gustavo Saavedra, en el ático de su casa de Montevideo.
Gustavo Saavedra, en el ático de su casa de Montevideo.

«Aquí el que quiere puede trabajar»

  • «Aún no me acostumbro a pasar las navidades y el fin de año a 30 grados», afirma este estudiante de Estadística gijonés que nació en Buenos Aires

  • Asturianos en la diáspora Gustavo Ezequiel Saavedra vive en Montevideo

Gustavo Ezequiel Saavedra, Guti para los amigos, nació en Buenos Aires hace 23 años pero la mayor parte de su vida la ha pasado en Gijón. Su padre decidió cuando él era un crío volver con la familia española a casa y él, años después, le dio la vuelta a la tortilla y cruzó el charco en sentido contrario. La suya es la historia de una diáspora de ida y vuelta. Desde hace tres años su vida está en Montevideo.

Estudió en el colegio Clarín, luego en el instituto Piles, jugó al fútbol en el San Lorenzo, fue capitán de la Quinta San Eutiquio y defendió los colores del Ceares, pero las lesiones le obligaron a colgar las botas. «Con 20 años, por motivos familiares y de oportunidades, decidí trasladarme aquí, comenzar la universidad y una nueva vida».

En esas anda. Estudia Estadística en una universidad «gratuita y accesible» y la vida no es complicada. «Al principio fue difícil la adaptación, ya que todas mis amistades y costumbres estaban en España. Gradualmente fui haciendo amigos en la universidad y ahora incluso tomo mate con ellos», relata.

Se ha hecho a un país con un clima, una naturaleza, unas puestas de sol y unas playas increíbles, con un buen sistema educativo, con gentes sociables, con muchos pros y algún que otro contra: «No hay pistas de esquí cerca», bromea. Dice también que la vida es cara, tanto en los productos básicos como en alquileres, como en coches o ropa y que el calor en Navidad aún le choca. «Todavía no me acostumbro a pasar las navidades y fin de año a más de 30 grados».

Es Uruguay un buen destino para emigrar porque la gente es agradable y hacer amigos es misión sencilla, pero sobre todo porque hay trabajo. «Es un país de oportunidades, aquí el que tiene ganas y quiere puede trabajar y estudiar». En eso el plano laboral, en el puramente turístico es también un lugar aconsejable. Punta del Este, sin ir más lejos, «se asemeja a Ibiza en España».

Para él la experiencia no ha podido ir mejor, por eso no piensa en volver. «Lo primero es terminar la carrera de Licenciatura de Estadística», dice. Pero es que hay más. Aquellas lesiones que le apartaron del fútbol son ya historia y ha vuelto a darle al balón. Su objetivo es muy ambicioso: «He tenido la suerte de volver a jugar al fútbol, dicen que la magia nunca se pierde, ahora mismo estoy entrenándome al máximo nivel con un entrenador personal para recuperar la condición física, fortalecer puntos débiles y poder empezar la pretemporada el 12 de enero en el River Plate de Uruguay, que este año ha quedado cuarto en primera división». Está mucho más que ilusionado. Vive en un país en el que el fútbol es casi una religión, aunque la suya propia tiene su templo en El Molinón. «Soy del Sporting a muerte y la verdad que por el momento está haciendo una buena temporada con Abelardo como entrenador, ojalá pueda subir este año y jugar con los grandes».

A la espera de que llegue ese día de celebración, mira con preocupación la situación de España - «no es agradable ver cómo mi país está pasando por una mala situación»- y procura no sufrir en exceso con las añoranzas. «Echo de menos tener a toda mi familia unida, a mis amigos, a mi querido Gijón del alma, la sidra, la buena comida, las fiestas de prao, el paseo de San Lorenzo, las montañas asturianas y en general los momentos con mis amigos».