Enrique, con su instrumento musical.
Enrique, con su instrumento musical. / E. C.

«Cuando un país invierte en cultura, los resultados se ven»

  • «Mi máster en estudios orquestales cuesta 17 euros por trimestre y aquí se puede ver a la Filarmónica de Viena por cinco»

  • Asturianos en la diáspora. Enrique Toribio Nido es contrabajo en Austria

No ve contras. Todo son pros. Por mucho que el frío apriete y el mar sea una utopía, a Enrique Toribio Nido, nacido en Madrid en 1989, crecido en Gijón y formado como músico en el Conservatorio Superior de Oviedo, Austria le parece un paraíso. Lo es para un músico y para un amante de la música. Lo es para él, que se formó como contrabajo primero en la capital asturiana, después en la Escuela de Artes y Estudios Musicales de Santiago de Compostela y ahora en Graz, la ciudad austriaca en la que cursa el tercer -y último año- de un máster de en estudios orquestales.

«En mi último año en Oviedo, mi profesor en Austria vino a dar una master class, y me ofreció irme a estudiar allí». Esto ocurrió en junio; en septiembre su mudó a Graz. Desde allí ejerce como contrabajo principal de la Joven Orquesta de la Unión Europea; suplente de la Gustav Mahler Jugendorchester y hace parte de la temporada con la Orquesta Sinfónica de Graz.

No se aburre. La entrevista para este reportaje la hace vía telefónica desde Valencia, donde actuaba con la orquesta europea. Le va bien y tiene asumido que su destino está en quedarse por esas tierras en las que la música está en otra dimensión muy diferente a la española. «Voy allí donde me valoran», dice, y explica después que, una vez acabado su máster, el próximo paso será opositar a una orquesta. Y es mucho más probable que sea en Austria o Alemania que en España.

Austria es el país que mejor conoce. «Aquí en lugar del deporte o el fútbol, el entretenimiento es la cultura, y sobre todo la música, hay conciertos todos los días de la semana y puedes ver a la Filarmónica de Viena por cinco euros», revela. La diferencia con España es brutal. También en el plano puramente educativo de la Universidad. «Pago 17 euros por trimestre por el máster», dice a modo de ejemplo. «Cuando llegué pensé que iba a pagar un montón, y resulta que no, pero es que además la Universidad te da muchas posibilidades de hacer determinados trabajos y hay muchísimas ayudas para extranjeros».

Su conclusión es más que evidente: «Cuando un país invierte en cultura, los resultados se ven». Lo advierte nada más salir a la calle en detalles que son de todo menos nimios. A saber: que todos los niños tienen nociones de música y saben tocar un instrumento, que en el tranvía ceden sus asientos siempre a los mayores, que no hay un papel en la calle, y no porque los servicios de limpieza sean escrupulosos, sino porque ningún ciudadano tira desperdicios. «Aquí está permitido hacer botellón, pero es que los chicos lo hacen y luego lo recogen todo».

Dice que los austriacos quizá sean más fríos que los españoles, pero pese a todo son abiertos y les encanta España. «Yo siempre les digo que Asturias es como Austria pero que tenemos playa, que cuando voy en coche a Gijón voy viendo el mar a un lado y la cordillera cantábrica al otro». He ahí la añoranza. Y en la comida que, por supuesto, se acomoda en el coche en forma de latas de fabada en el viaje de vuelta a Austria, donde tampoco para mucho tiempo. «La verdad es que estoy todo el día viajando, este verano con la Joven Orquesta de la Unión Europea estuve en Italia e Inglaterra, el mes que viene me voy a Italia, Francia, Suiza...».