Juan y Cristina con sus hijos, Juan y Lucía.
Juan y Cristina con sus hijos, Juan y Lucía. / E. C.

«Mis hijos viven diferentes culturas y eso les enriquece como personas»

  • Asturianos en la diáspora Juan Morales de Castilla Martín vive en Sudáfrica
    Vive con su mujer, Cristina, y sus dos hijos en Upington y trabaja en un campamento en la construcción de una planta termosolar

A diez mil kilómetros de distancia de Asturias vive Juan Morales de Castilla Martín (Oviedo, 1974), máster superior en Prevención de Riesgos Laborales por el Colegio de Ingenieros de Minas del Noroeste de España y con más de diez años de experiencia en obras de ingeniería civil en centrales térmicas de ciclo combinado, desulfuraciones y centrales termosolares y con un mapa laboral que le ha llevado a Brasil, Venezuela e Inglaterra y diferentes destinos españoles. Está lejos, pero tiene a la familia cerca.

A mediados del año pasado TSK le propuso trabajar en Bokpoort, en Northern Cape, Sudáfrica, y no se lo pensó. Su mujer, Cristina, tampoco. Y allá se fue con él y con Juan, de ocho años, y Lucía, de cuatro. «El poder disfrutar de ellos cada fin de semana hace que todo sea más fácil estando lejos de casa», revela.

Y es que de su familia solo disfruta los fines de semana. Cristina y los niños viven en Upington y él, durante la semana, en un campamento donde trabaja en la construcción de una planta termosolar. Visitas a la obra, reuniones con clientes e inspecciones son su día a día, que concluye con algo de deporte y una cerveza en el bar del campamento. A dos horas de allí, los niños van al cole y esperan que llegue el fin de semana para organizar alguna excursión a algún parque nacional o disfrutar de una braai (barbacoa en afrikáner) junto a otras familias españolas. No son los únicos compatriotas que han instalado su casa y su vida tan lejos, la colonia española es notable en esta zona de Sudáfrica.

La experiencia merece la pena. Tanto en el plano laboral como en el personal, aunque suponga un esfuerzo extra de adaptación. «Te acostumbras a otra forma de vida», dice Juan, feliz especialmente por lo que aporta a sus niños estar allí. «Escuchar a tus hijos hablar en inglés cuando piden la comida en los restaurantes es algo que no tiene precio».

Se lleva de Sudáfrica muchas lecciones y todas positivas, que tienen que ver con desenvolverse en un idioma que no es el suyo, con la cultura, los horarios. Hasta ir a la compra puede ser una aventura. «Definitivamente merece la pena la experiencia», asegura Juan, que considera Sudáfrica un país de oportunidades. «Es un país precioso en el que puedes encontrar de todo, desde la belleza del mar en Ciudad del Cabo pasando por la 'in crescendo' urbe de Johannesburgo o los increíbles parques nacionales como Addo Elephant Park y el Kruger, pero también la crudeza de los townships que rodean las ciudades y que es donde vive la gente que menos tiene..., y tristemente tienen muy poco».

Un país de contrastes en el que la convivencia entre blancos y negros no siempre es fácil. «Depende mucho de la zona en la que te muevas. En grandes ciudades, como Joburg o Ciudad del Cabo, la convivencia es normal. Por contra, Northern Cape es una zona en la que el tiempo parece que pasa más despacio y se ve que les está costando llegar a darse cuenta que tan solo les diferencia el color de piel».

En la distancia las añoranzas se multiplican por mucho que la tecnología contribuya a paliarlas y la información llegue vía internet con buenas noticias: «Estoy extremadamente contento con los ascensos de mi Real Oviedo y del Sporting, algo muy importante para Asturias», dice.

Pese a todo, tanto Cristina como él tienen claro que quieren seguir trabajando fuera. «Llevamos más de ocho años fuera de casa, por lo que nuestros hijos están aprendiendo diferentes idiomas y diferentes culturas. Es algo que les va a acompañar el resto de sus vidas y que les está enriqueciendo como personas».