El Comercio

Mucho castaño pero poca castaña

Belén San Martín, pequeña productora de castañas, en su casa de La Roza (Parres).
Belén San Martín, pequeña productora de castañas, en su casa de La Roza (Parres). / NEL ACEBAL
  • Estos árboles pasaron de «alimentar a familias enteras» a ser talados para abastecer a la industria. Sólo una empresa de Tineo los explota con fines alimentarios

  • Pese a contar con la mayor superficie forestal del norte, la producción frutal en la región es anecdótica

Mucho castaño, pero poca castaña. Asturias dispone de la mayor superficie forestal de castaños del norte de España, con más de 145.000 hectáreas según el cuarto Inventario Forestal Nacional, pero su uso como productores de frutos destinados al consumo humano es prácticamente inexistente. Tras una larga búsqueda, EL COMERCIO sólo pudo localizar una pequeña empresa dedicada a la producción de castañas con fin alimentario, ubicada en Tineo. Pese a que hace décadas estos frutos eran uno de los principales y más baratos recursos presentes en las despensas, sobre todo en las aldeas, hoy en día la gran mayoría de las castañas que se consumen en Asturias proceden de fuera de la región.

«Antiguamente el castaño era conocido como 'el árbol del pan' por la importancia que tenía para la alimentación del hombre», explica la investigadora del Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario (Serida) Marta Ciordia. No hace tanto, en plena Guerra Civil y en los duros años que vinieron después, las castañas aliviaron el hambre de numerosas familias. «Por aquel entonces se comía lo que había, y las castañas se daban en el monte bajo, donde había un gran número de ejemplares injertados. Además se trata de un producto que se conserva bastante bien y con una gran versatilidad a la hora de cocinarlo», agrega.

Sin embargo, la revolución industrial, y con ella la apertura de minas de carbón y el desarrollo de astilleros en la costa asturiana, hizo que aumentase enormemente la demanda de madera. «Los castaños que antes alimentaban a familias enteras pasaron entonces a ser talados para su consumo industrial y la gente dejó de recoger sus frutos», relata Ciordia. La capacidad que tiene esta especie arbórea de 'recapar' -de una misma cepa salen varios pies, lo que permite que vuelva a recuperarse la masa forestal con relativa rapidez una vez talados varios ejemplares- hizo que fuese aún más codiciado para estos fines.

Asturias perdió la costumbre de cuidar sus castaños y en la actualidad, pese a que conforman enormes masas forestales y a que existe una amplísima variedad de frutos en la región, apenas se consumen. «No tenemos constancia de que exista ningún productor de castañas destinadas al comercio, a excepción de una pequeña empresa tinetense que produce harina con ellas. Lo habitual es que haya personas que tengan uno o varios castaños en casa y recojan los frutos para su consumo o venta a pequeña escala y también que algunas personas aprovechen los días festivos para dar una vuelta por el monte y llevarse unas cuantas bolsas», explica Ciordia.

Pocos ejemplares injertados

A la pérdida de la tradición castañera se suma la de ejemplares injertados, que son aquellos que producen frutos válidos para su consumo. En los montes asturianos sigue habiendo varios de los que se plantaron hace décadas y pueden identificarse por el grosor de su tronco, superior al de los ejemplares silvestres, y porque en el lugar donde se realizó el injerto aparece como «una gran cicatriz».

«Tenemos una masa ingente de castaños, pero son bravos y sus frutos, pequeños y malos, no sirven para comercializarlos», señala José Francisco Pérez, gerente de Bosqfrut, la empresa tinetense a la que se refiere Ciordia. Hace cinco años que comenzó su andadura en la producción de harina de castaña y en la actualidad recibe encargos de todas partes de España. Se trata de un producto, asegura, con numerosas propiedades alimenticias e, incluso, medicinales. «Es una estupenda alternativa para elaborar alimentos sin gluten, hay quien la utiliza para elaborar cerveza y productos cosméticos e, incluso, existe una receta medieval que la combina con miel para tratar enfermedades hepáticas. Es muy valorada en la homeopatía», explica Pérez.

«Es doloroso ver cómo las castañas que se consumen en Asturias vienen del Bierzo y otros sitios, mientras las pocas que producimos aquí suelen terminar en el extranjero», lamenta el tinetense, quien aboga por «concienciar a la gente que tiene castaños para que los cuide y compruebe que pueden dar dinero». Ahora que ha disminuido de forma notable la demanda de madera, agrega, «estaría bien que desde el Principado se tomasen medidas para fomentar la recuperación de la producción de castañas con destino comercial». La iniciativa, explica, tiene que venir desde las instituciones públicas, pues al tratarse de una inversión que no se rentabiliza hasta varios años después, los que tardan los árboles en crecer y comenzar a dar cantidades importantes de fruto, no suele atraer a empresas privadas.

Ciordia comparte la preocupación de Pérez y explica que el Serida está trabajando en la creación de un banco clonal donde recopilar y seleccionar los genotipos de las mejores variedades y almacenarlos como material protegido. «Es una verdadera lástima que se pierda tanta riqueza», apunta la investigadora.