El Comercio

Marta García, con una pancarta ante la Consejería de Educación.
Marta García, con una pancarta ante la Consejería de Educación. / Á. P.

«Mi hijo ha sufrido una vida escolar plagada de defectos»

  • Marta García realiza una sentada diaria para reclamar una mejor atención para su hijo, con altas capacidades y dislexia con disgrafía

  • La gijonesa ha recurrido al Defensor del Pueblo después de que le negasen una plaza de Apoyo Educativo contemplada en la ley

La lucha de Marta García alcanzó ayer un nuevo capítulo. Tras varios años de litigios «surrealistas» con la Consejería de Educación, esta madre gijonesa ha decidido plantarse frente a su sede para reclamar lo que considera legítimo. Su hijo de 17 años, de altas capacidades y afectado por una dislexia con disgrafía, «ha sufrido una vida escolar plagada de dejadez y defectos», afirma. La decisión de comenzar con una movilización diaria llega después de que la consejería «hiciese oídos sordos» a su petición de ocupar en el CES San Eutiquio La Salle una de las dos plazas que tanto LOE como LOMCE aseguran a alumnos con Necesidades Específicas de Apoyo Educativo (NEAE).

Al no encontrar respuesta del organismo autonómico, García acudió al Defensor del Pueblo, que atendió su petición y, ante la posibilidad de haber cometido negligencias, remitió sus alegaciones a la propia consejería. Pero éstas tampoco fueron contestadas.

Esta falta de atención específica ha tenido consecuencias para el adolescente, explica la madre: «Ha necesitado tratamiento psicológico en centros tanto públicos como privados». Además, la falta de autoestima se ha traducido en malos resultados académicos durante los dos últimos años. Un círculo vicioso que se completa con la falta de profesores con formación específica para tratar con estudiantes de este tipo. Actualmente, el adolescente cuenta con plaza en el IES de la Laboral, pero durante este año no va a estar escolarizado hasta que se resuelva la situación.

«Desinterés y desidia»

La sentada de ayer -«la primera de muchas si no se corrige la situación»-, no tuvo el efecto esperado por García. «Nadie salió a hablar conmigo», comenta tras haber permanecido de doce a tres de la tarde frente a la sede de Educación, en Oviedo. Pese a la falta de atención, la premisa de esta madre sigue tan vigente como el primer día en el que comenzó sus reclamaciones. «Lo que más me molesta es el desinterés y la desidia con la que nos han tenido todo este tiempo», sentencia.