El Comercio

El dolor infantil levanta al arzobispo contra el «mundo absurdo que estamos construyendo»

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La imagen de la Santina, a hombros de fieles, tras abandonar la basílica en dirección a la Cueva durante la tradicional procesión. / JUAN GARCÍA LLACA

  • Sanz Montes apela a la misericordia ante la Santina frente a «una guerra que no sirve para nada» y la «corrupción política y financiera»

El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, ha demostrado en reiteradas ocasiones que no rehúye ser polémico cuando lo considera necesario; que lanza puyas sin miedo a quien pueda darse por aludido o, incluso, que señala directamente a quienes le enfadan. Pero ayer, en Covadonga, celebró su séptima festividad de la Santina como rector de la Iglesia asturiana sin dar pie a que nadie se sienta especialmente ofendido, en tono conciliador y hasta con un explícito deseo de que la otrora polémica conmemoración laica del Día de Asturias, este año en Taramundi, no acabase en «moyadura».

Sanz Montes fue duro con todos, lo que equivale a no serlo con nadie, como constructores de un mundo que calificó de «demasiado injusto, infeliz, fraticida y huérfano», porque «cuenta mucho más lo que puede engordar unas arcas de codicia, o unas rentas electorales, o unas prebendas de poder, o una frívola experiencia de placer», pero advirtió de que «puede sobrevenirnos una desazón raeyana con el más cruel pesimismo. Y no es esta la perspectiva cristiana». En ese sentido, citó a la recientemente canonizada Madre Teresa de Calcuta, «frecuentadora de los bajos fondos de las miserias humanas en donde sacó a flote tantas vidas humanas. Ella decía que en un mundo así de inmaduro, caprichoso y contradictorio, solo cabía o desesperarse hasta la revolución o comenzar a hacerlo nuevo comenzando por el trozo de historia que tengo bajo mis pies y al que alcanzan a abrazar mis manos. Porque ese mundo nuevo y mejor comienza por renovar y mejorar todo aquello que de mí depende y se me ha confiado».

El arzobispo de Oviedo citó como herramienta a tal fin a la misericordia, como no podía ser de otra forma en el Año de la Misericordia instituido por el Papa Francisco, «una actitud y una palabra que están desterradas hasta el desprecio en nuestros intereses», y «tanto más provocativa en un mundo inmisericorde».

El bombardeo de Alepo

Sanz Montes destacó que dos imágenes recientes del dolor infantil provocaron sus reflexiones para la homilía de la misa solemne del 8 de septiembre en Covadonga, porque «son los niños quienes protagonizan nuestras contradicciones y carencias».

Una «fue el niño de cinco años Omran Daqneesh, un pequeño rescatado de un bombardeo en Alepo que se convirtió en símbolo del horror en Siria», porque «era su mirada, ausente y ciega, la que nos asomaba desde el balcón sus pequeños ojos inocentes, al mundo absurdo que estamos construyendo y les estamos heredando».

La otra fotografía fue la de Giuliana, «tiene 8 años y pasó 17 horas bajo los escombros de un terremoto que redujo a polvo su casa de Amatrice», porque «tras una tragedia natural como es un terremoto, aparecen las comedias de una corrupción política y financiera que mercadea con la seguridad de unos edificios para sacar tajada».

Se trata, dijo el arzobispo, de «dos niños que nos señalan lo que no queremos ver y nos balbucen lo que no queremos escuchar», pues «no termina de nacer ese mundo distinto, fraterno, justo, pacífico, solidario, en donde el sueño de Dios no sucumba ante nuestras pesadillas calculadas por intereses maquillados y trucados». Al concluir su homilía, Sanz Montes afirmó que «los ojos de Omran y los labios de Giuliana nos urgen a abrir los nuestros para ver y proponer un mundo más hermoso y distinto».

Ofrenda de Bimenes

Hace ya algunos años que la conmemoración de la Santina recuperó la tradición de la ofrenda por representantes de un concejo asturiano. En este caso fue Bimenes, por iniciativa propia, el municipio encargado de presentar su ramu a la Virgen y de protagonizar, junto a Cangas de Onís como concejo anfitrión, la aportación folclórica a través de sus grupos de baile y gaitas. Fue Luis Miguel Montes Arboleya, cronista oficial de Bimenes, el encargado de hacer la ofrenda tras la eucaristía, no exenta de reivindicación a favor del carbón en medio de la crisis económica.

Junto a los 'yerbatos', autoridades civiles y militares acompañaron a la curia en el festejo de Covadonga, y Sanz Montes lo agradeció públicamente. Estuvieron el presidente del Principado, Javier Fernández; el presidente de la Junta General del Principado, Pedro Sanjurjo, y el delegado del Gobierno en Asturias, Gabino de Lorenzo, como máximas autoridades civiles, pero también el alcalde de Pola de Siero, José Manuel González; diputados regionales del PP y de Foro, altos cargos del poder judicial y mandos del Ejército, de la Armada, de la Guardia Civil y del Cuerpo Nacional de Policía. También asistió a los actos el obispo de Santander, Manuel Sánchez Monge.

Colapso de tráfico

Pero para conseguir que todo saliera perfectamente en una Covadonga hasta los topes, donde el inevitable colapso de los aparcamientos causó más inconvenientes que un ligero orbayu más típico que molesto, el arzobispo no pudo por menos que felicitar a los voluntarios y miembros de la Escolanía.

La Basílica, la Cueva y todo el entorno lucieron sus mejores galas, con un despliegue de detalles dedicados a facilitar la participación de los visitantes. Se preveía la saturación del templo durante la misa, y se habilitaron estancias en los laterales para seguir el oficio por televisión; estaba claro que acudirían fieles con muy distintas circunstancias, y fueron ofrecidas comuniones para celiacos.

La gran cantidad de visitantes se dejó notar en la larga cola que se formó al ser desalojada durante unos minutos la Cueva a fin de albergar el final de la procesión y proceder al canto del himno de Covadonga por los chicos de la Escolanía. El santuario solo fue cerrado al público durante unos minutos para el acto oficial, pero fueron suficientes para que mientras tanto varios cientos de personas esperaran pacientemente el momento en que se reanudara el libre acceso al altar de la Santina.

Los siglos que nos contemplan

Covadonga fue durante la mañana de ayer una fiesta, pero no solo regional. La visita a la Santina es un atractivo para asturianos y foráneos. Así lo reconoció Sanz Montes al hablar de «este rincón tan especialmente querido por los asturianos: corazón de nuestra historia, de nuestra cultura y de nuestra fe», y que «subir a Covadonga, cada uno con su motivo, es hacer una peregrinación como quien la estrena por vez primera, allegándonos a este rincón tan bello en su naturaleza con los bosques y cumbres que nos presiden, tan cargado de historia en los siglos que nos contemplan, tan lleno de fe sencilla y sincera que hemos recibido de nuestros mayores».

Es el séptimo año que el arzobispo de Oviedo celebra en Asturias el 8 de septiembre y no es difícil apreciar la solemnidad que quiere darle a cada nueva edición, como quedó ayer demostrado, una vez más.