El Comercio

La lluvia no llega a tiempo para salvar al campo asturiano

La lluvia no llega a tiempo para salvar al campo asturiano

  • Las vacas dan hasta cinco litros menos al día, la faba sale más pequeña y el Occidente teme perder un 20% del maíz sembrado

El calor que ha llenado de turistas los hoteles y albergues de la región causó un perjuicio al campo que las precipitaciones que empezaron a caer en la noche del miércoles -después de once días de ausencia- ya no pueden paliar. En un verano normal, las fincas gijonesas recibirían 97,1 litros por metro cuadrado entre julio y agosto, de los que esta vez solo han visto un 33%. En Soto del Barco se recogieron 53,2 litros, que son unos treinta menos de lo habitual. Según la Agencia Estatal de Meteorología, en Taramundi llegaron 49,6 litros, menos de la mitad de lo normal.

La seca se instaló con tanta fuerza que ha terminado por perjudicar a toda la cadena de producción. Los agricultores se duelen de fabes que no salen, o lo hacen con tamaños más reducidos, y temen también por las pomaradas. La patata no ha terminado de echar raíces y los maizales alcanzan alturas menores y no ofrecen las mazorcas habituales. Los ganaderos llevan meses viendo cómo las vacas dan de dos a cinco litros menos de leche al día y, a falta de pastos, recurren ya a los silos que tenían previsto gastar en invierno.

El maíz «es como las personas, sufren mucho las inclemencias al final de su ciclo, cuando son viejas; si encima eso les pilla con la tierra seca y temperaturas altas por la noche, padecen mucho estrés térmico», explica Javier López. Regenta una producción dedicada a la alimentación del vacuno lechero en Castropol, con 700 hectáreas de cultivo. «En un año normal, produciríamos unos 45.000 kilos, pero esta vez nos quedaremos entre los 37.000 y 38.000», calcula. «Perderemos un 20% y es un problema gordo porque es el segundo año consecutivo y tienes entonces menos remanentes», lamenta.

Las vacas también sufren la seca. «Son animales de 600 kilos que no sudan y tienen problemas para disipar el calor», explica Javier López. «En estos meses comen menos porque están fastidiadas y parte de la energía que deberían utilizar en producir leche se va en disipar el calor», señala. La consecuencia es que cada ejemplar viene proporcionando entre dos y cinco litros menos al día, en función de la ventilación de la cuadra.

Maximino Villar tiene un centenar de vacas en Colunga y confirma que de momento siguen dándole dos litros menos de lo acostumbrado. «Están comiendo la cosecha que contábamos con ventilar en invierno, lo que nos disparará los costes entre un 10 y un 15%», estima. El ganadero se ha pasado el verano «deseando que lloviera, como todos aquí», y ahora ya cuenta con que tendrá que dejarse entre 6.000 y 7.000 euros más en alfalfa.

Presión al alza en forrajes

Los números se pueden complicar en las próximas semanas. Los agricultores gallegos atraviesan dificultades similares, lo que, sumados a sus colegas asturianos, supone una buena noticia para los productores de forraje de Castilla y León, que son los encargados de abastecerles. La demanda va a ser muy alta de aquí al invierno, lo que amenaza con disparar los precios.

«La alfalfa ahora mismo ya tiene un precio prohibitivo para muchos», aprecia Mercedes Cruzado, secretaria general del sindicato agrario Coag-Asturias. Su explotación está compuesta de un centenar de cabezas, entre madres y terneros. «Al final te comerán forraje unos 75, y con el silo que agotan, creo que tendré que pedir dos camiones de veza, que es más económico», señala. La operación le sigue suponiendo «entre 800 y 1.000 euros cada uno», indica.

Las pérdidas son cuantiosas, aunque no se han contagiado a todo el campo. En Cabo Peñas por ejemplo «llovió en el momento exacto y la cantidad precisa», precisa Alfonso Fernández, de la ganadería La Corona. Asturias es así, diversa. «Los suelos de Carreño y Avilés están pegados, pero tienen diferencias importantes en lluvias y composición del suelo», matiza.

Las distinciones valen igual para faba y manzana. En el primer caso «depende mucho de la época de siembra; a los que lo hicieron a finales de abril el calor no les afectó», aclara José Antonio Iglesias, del consejo regulador de la faba. «Las fincas llanas también retienen mejor la humedad», agrega. Con todo, Iglesias asume que «la mayor parte de la cosecha fue tardía, y esto te afecta al tamaño del grano y al rendimiento final, los kilos que sacas», expone. El resultado final dependerá mucho de lo que ocurra este mes, «que es cuando se junta la humedad de la noche con el calor, lo que multiplica el riesgo de bacterias y plagas». De cara al consumidor, Iglesias lanza una aclaración: «Aunque la apariencia del grano de este año pueda ser más pequeña, luego al cocinarlo recupera su tamaño normal».