El Comercio

Seis osos muertos en cuatro años

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Porley (agosto de 2012). El animal pesaba 70 kilos y quedó atrapado en un lazo ilegal; murió antes de que pudiera ser rescatado. Dos personas fueron absueltas por la colocación de la trampa. / TPA

  • El coto de Cangas del Narcea aclara que hizo batidas a diez kilómetros del espacio protegido en el que apareció muerto el ejemplar de Moal

  • El auge de la población incrementa el avistamiento de sus decesos

La confirmación de que el oso aparecido muerto a las puertas de la Reserva Biológica de Muniellos fue víctima de un disparo ha sacudido a vecinos y conservacionistas. «Siempre me llamó la atención que casos así surgieran en Galicia, Castilla y León o Pirineos, pero que hasta ahora no hubiéramos constatado aquí ningún fallecimiento de oso por disparo de arma pese a tener una población más abundante», reflexionaba el biólogo Carlos Nores, vicepresidente de la Fundación Oso Pardo (FOP). El ejemplar fue localizado a las 13.40 horas del viernes en una cuneta de Moal (Cangas del Narcea) y, según la necropsia realizada por Universidad de León, habría recibido la fatal bala horas antes. «Supongo que fue un disparo no muy cercano, que provocó una gran hemorragia en la zona del abdomen y ligera en el tórax», explicó Juan Francisco García Marín, rector de la Universidad de León y responsable de la prueba médica. Con el estómago perforado, el animal se fue desangrando un tiempo aún por determinar. «Pueden ser de dos a tres horas, hasta veinticuatro», dijo el especialista a la Tpa. Lo que tiene claro es que el animal murió pocas horas antes de su hallazgo.

La investigación realizada por el Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil trata ahora de determinar el recorrido que siguió en las horas previas. La reforma del Código Penal vigente tipifica como delito ecológico la caza o destrucción de especies protegidas de fauna silvestre, castigando al culpable con pena de prisión de entre seis meses a dos años e inhabilitación para cazar durante un tiempo de entre dos y cuatro años.

Quince batidas diarias

Un dato. El punto en el que se encontró es reserva integral. El límite del coto de Cangas del Narcea queda a unos dos kilómetros del lugar «pero no hemos tenido cacerías tampoco en esa zona», explica Jaime Álvarez, guarda mayor del espacio cinegético, uno de los mayores de la región, con cerca de 45.000 hectáreas. Según su relato, cada día celebran quince cuadrillas y entre el jueves y el viernes las únicas concertadas «fueron a unos diez kilómetros de allí».

El coto de Cangas se cuenta entre los que colaboran con la FOP, recibiendo años atrás folletos advirtiendo del 'jabaloso', esto es, el riesgo de disparar al bulto que se mueve en el monte creyendo que es un jabalí antes de asegurarse de que es un oso. «En días de lluvia y con un esbardu hay riesgo de confusión, pero esta semana ha hecho buen tiempo y este era un ejemplar adulto; equivocarse es imposible», sostiene el guarda mayor. «Los cazadores del Narcea no son los únicos que tienen armas, y desde luego con el oso no se meten para nada», reivindica Álvarez.

230 animales

La recuperación de la población está facilitando tener cada vez más noticias de accidentes y encuentros con plantígrados. El censo del Principado cifra en 40 las hembras y 64 los esbardos. El último recuento para Galicia, Asturias y Castilla y León eleva a más de 230 el total de ejemplares.

En este contexto se ha tenido noticia de la aparición de plantígrados muertos hasta en seis ocasiones en los últimos cuatro años. El recuento comenzaría en agosto de 2012, cuando un macho de 70 kilos apareció atrapado en un lazo en Porley (Cangas del Narcea); el ejemplar murió horas después, cuando el operativo de rescate todavía luchaba por excarcelarle. El caso sentó en el banquillo a dos acusados, absueltos luego por la jueza al considerar que no había pruebas suficientes para responsabilizarles de la colocación de la trampa. El año siguiente pasó sin novedades, dinámica que se truncó el 10 de junio de 2014, en las proximidades de Cortes (Quirós). Un macho adulto de 60 kilos yacía cadáver; la necropsia atribuyó las heridas a una pelea con otro animal, aunque el colectivo Fapas la puso en duda y sospechó que la razón estuviera en la caza furtiva. En el último año y medio las desgracias se incrementaron. El 14 de abril de 2015 apareció una osa agonizando en una cabaña en Belmonte de Miranda, y pese a los intentos por recuperarla murió días después víctima de múltiples tumores.

Un mes después un excursionista se topaba con esbardo muerto en el Parque Natural de Somiedo, circunstancia relacionada con los infanticidios que los machos provocan para que las hembras vuelvan al celo.

Finalmente, en marzo otro excursionista dio con el cuerpo de un animal adulto, en avanzado estado de descomposición, cerca de Faedo (Quirós).