El Comercio

Cuatro años de maternidad en entredicho

    Cuatro años de maternidad en entredicho
    • El Principado denegó a María José Abeng que fuera madre tras 30 visitas de una hora a su bebé

    • La joven ovetense y su familia perdieron nueve solicitudes antes de lograr que la Audiencia Provincial les devolviera, temporalmente, a su hijo

    Juega con sus primos, tiene cuatro años, y algún día sabrá el dolor que está provocando la batalla judicial que se libra a su alrededor. El lunes Noelia y Alberto, los padres de Sueca (Valencia) que durante dos años y medio le cuidaron, enseñaron, y llamaban Joan, le dejaron en una estancia de la Comandancia de la Guardia Civil, distraído, haciendo un dibujo. Fuera, una nube de allegados protestaba ante las cámaras de televisión, pancarta en mano, retratando esa cara de la moneda para todo el país. Cuando terminó de pintar, quien le abrazó fue María José Abeng, la madre que le dio a luz, a la que no veía desde 2013, la que le aclaró que su nombre es Juan F. y su lugar Asturias. Nadie los fotografió camino del tren.

    La nube crece a base de conexiones en directo con Noelia y Alberto. En una hora salen en Tele5 y la siguiente, en La 1. Ella retiene el perro de peluche que le regaló al crío en su último cumpleaños. «Es una aberración jurídica», un «error gravísimo», manifiesta en radios y prensa su abogado, Enrique Vila, especialista en niños robados. El drama en 'prime time' se completa sugiriendo que la asturiana bebe, la maltratan, el crío corre peligro. Los hechos se retuercen hasta dejar de serlo.

    «Las familias están hablando desde el dolor», disculpa Pilar Varela, consejera asturiana de Servicios y Derechos Sociales. La orden de devolución del menor a su madre biológica estaba dictada desde marzo. La firma la Audiencia Provincial de Asturias, tras recibir un último informe de un psicólogo y un trabajador social que concluyen que María José, con 18 años, era perfectamente capaz de ejercer una maternidad responsable. También califican de «negligente» el comportamiento de los Servicios Sociales en esta historia. ¿Basta su pericial para abrir una investigación interna? Varela se revuelve. Conoce el caso. Recuerda que hasta ahora «la Fiscalía ha estado de acuerdo con la consejería en todos los pasos del proceso». La última sentencia está recurrida. El Tribunal Supremo todavía puede devolver el crío a su familia valenciana.

    ¿Cómo se ha llegado hasta aquí? La fecha crítica es el 10 de enero de 2013. Ese día se reúnen una jefa de sección del Principado, una psicóloga, trabajadores sociales, una responsable de un centro de menores y una coordinadora del Materno Infantil de Oviedo. Sobre la mesa, el expediente de María José Abeng, asturiana de quince años que lleva tres bajo tutela del Principado. Entró en la red de la Administración tras denunciar que su madre la maltrataba y aunque la Justicia absolvió a la progenitora, el Principado no le devolvió a la más pequeña de sus tres hijas.

    Noelia Estornell, la madre de acogida.

    Noelia Estornell, la madre de acogida. / EFE

    Ingresada en el centro Los Pilares, María José se quedó embarazada. Cuenta que fue Lucrecia, su madre, la que se dio cuenta de ello en una visita; que desde el principio le dijeron que el bebé acabaría en adopción, que para evitarlo se fugó mes y medio a su Guinea natal, volviendo luego por consejo del letrado de su madre. En el expediente que realiza sobre ella Los Pilares no figuran estos datos.

    La adolescente da a luz, por cesárea, en el viejo HUCA, y para proteger al recién nacido los Servicios Sociales suspenden la patria potestad y se lo llevan al Materno Infantil. María José protesta, pide que le dejen convivir con el bebé, y recibe un primer 'no'. Lucrecia, ahora abuela, propone hacerse cargo del pequeño y de su hija, pero tampoco se lo permiten.

    «Enséñame a ser madre»

    El bebé no ha cumplido ni un mes cuando los Servicios Sociales ya han dictado que, por su bien, lo mejor es que la madre lo vea solo una hora a la semana, la abuela otra, y dejan otra más para una tía. María José cursa otra protesta, pide más tiempo para visitar al retoño, ayuda psicológica, que la incluyan en algún programa específico para estos casos. Reconoce que ha cometido errores, pero implora a uno de sus cuidadores: «Enséñame a ser madre». La psicóloga de la sección de centros de menores emite ese mismo día un informe señalando que «tal y como se encuentra María José, sería difícil defender la idea de que tiene posibilidades de cuidar con acierto y continuidad de su hijo». Como razón de peso sitúa «su falta de aceptación de ayuda, unida a su falta real de apoyos familiares».

    Empieza a cerrarse así la puerta de un mundo de apoyos que Servicios Sociales sí ofrece en otros casos. Según una de sus últimas memorias, la red tiene 3.172 menores de la región adscritos a programas específicos de «intervención técnica de apoyo a la familia», centros de día, programa de orientación y mediación, puntos de encuentro o programas de intervención socioeducativa con adolescentes. Los peritos críticos con la gestión no entienden por qué no dejaron a María José amamantar o nutrir al bebé, y que nadie se preocupara de enseñarla a ser madre.

    La fecha crítica, recordemos, es el 10 de enero de 2013. La adolescente María José ha efectuado ya unas 30 visitas de una hora a su bebé, de siete meses y seis días de vida. A la abuela, que vive a caballo entre Asturias y Suiza, le han inadmitido a trámite su solicitud de hacerse cargo del chiquillo. La pareja de ésta, Horreike F., pidió visitar al pequeño, con igual resultado. Los especialistas de Servicios Sociales consideran que toca decidir. Hablan de lo inmadura que es una joven que se queda embarazada a esa edad, los incidentes que ha protagonizado en el centro, las dudas que despierta una familia con tantos viajes.

    Tras revisar los informes, proponen iniciar el proceso de acogimiento preadoptivo. Es decir, activan un trámite que supone que la Administración no cree en las opciones de la madre biológica y busca una familia a la que ceder el bebé para siempre. Es una medida excepcional en críos tan pequeños. Según la memoria de 2014, aquel ejercicio solo se aplicó con tres menores de dos años.

    Para preparar la transición, se prohibe a la abuela y la tía seguir visitando al bebé. A María José le consienten una hora al mes y acudirá a todas las citas, salvo una. «Se pone contenta al verlo y lo elogia cariñosamente... y a su vez continúa mostrando ausencia de habilidades e interés real para asumirlo», describe el informe de seguimiento. Abuela y madre recurren por separado la resolución de preacogimiento, pero el juzgado las rechaza. A la primera, por no mantener la patria potestad sobre la adolescente. A María José, por ser menor.

    El Principado tiene un convenio con la Generalitat de Valencia para estos casos. Con la vía judicial libre, evalúa a tres parejas, imponiéndose Noelia y Alberto. Llevaban tiempo peleando por adoptar un niño chino, pero reciben como una bendición a ese pequeño de 18 meses. «Mi príncipe de caramelo», le denomina ella con cariño.

    Juan F. crece así, querido como Joan, arropado, fuera por fin de un Materno Infantil que entonces pasa tiempos difíciles, con peleas entre adolescentes, la mitad de la plantilla de baja laboral y frecuentes llamadas a la Policía. Bajo su nueva protección, el crío aprende a correr, a hablar, a saber que si se equivoca tiene quien le riña.

    No es el único que crece. María José Abeng toca fondo en Los Pilares, peleándose con un compañero, y es recluida en el estricto centro de Paredes. Allí, bajo ojos distintos, protagoniza informes de evaluación muy diferentes. Sus cuidadores dicen que es dispuesta, cumple las normas, dedica tiempo a estudiar «sin ser instada a ello». También, que la ven romperse un día, llorando horas sola en la habitación. «No está de acuerdo, ni entiende el motivo por el que se la separó de su hijo», reflejan. Repetirá la protesta en el juzgado. Su madre regresa de Suiza y pone también otro recurso.

    En Paredes le informan de sus derechos. La llevan al turno de oficio, donde conocerá a la abogada Nieves Ibáñez. «Mi ángel», dirá luego. Con ella perderá la novena solicitud planteada desde la familia de origen guineano para tener a Juan F. entre sus brazos. A la décima, le toca sonreír. Ahora disfruta de un niño cuyo destino está en manos de ese Tribunal Supremo al que se encomiendan, dolidos como víctimas, quienes lo son por cuidarlo como a un hijo propio.