El Comercio

María Blanca Gutama, ayer en su domicilio de Oviedo, muestra sus fotos de boda, ahora anulada.
María Blanca Gutama, ayer en su domicilio de Oviedo, muestra sus fotos de boda, ahora anulada. / PABLO LORENZANA

«Estaba enamorada, me recordaba a mi abuelito»

  • La acusada de casarse con un anciano por su dinero acepta un año de cárcel

  • «Me engatusó, me cortejó cuando sacaba a los perritos», dice la mujer, ecuatoriana de 59 años, que deberá devolverle 41.500 euros

Aceptó un año de prisión por haberse casado con un anciano de 92 años y quedarse con su dinero, pero definió su estado mental de «enamoramiento, igual que una colegiala». María Blanca Gutama de Andrade, ecuatoriana de 59 años, aseguró ayer tras el juicio en la Sección Tercera de la Audiencia Provincial que lo que más le atrajo del que fue su marido es que le recordaba a su «abuelito». Se casaron el 9 de noviembre de 2013 tras un corto noviazgo, si bien la boda fue anulada por la Audiencia Provincial dos años después por considerar que se trató de un matrimonio de conveniencia.

«Me empezó a cortejar cuando yo salía a pasear con mis perritos y al final acabé enamorándome de él, me parecía un hombre muy bueno, le cuidé cuando se puso enfermo y nos quisimos mucho. No sé qué pudo pasar para que luego haya hecho todo esto», se preguntaba la mujer una vez concluido su paso por los juzgados.

Además del año de prisión -que no cumplirá al carecer de antecedentes- deberá pagar una indemnización al denunciante de 41.500 euros y una multa de 720. El que fuera su marido, Andrenio G. J., acudió en silla de ruedas acompañado de varios familiares. No llegó a tener que declarar contra su ex, ya que el acuerdo entre la procesada y el ministerio fiscal evitó que se practicasen las periciales y la toma de declaraciones.

María Blanca Gutama, representada por la abogada Libertad González, reconoció los hechos ante el juez para evitar los cuatro años de cárcel que inicialmente le pedía la fiscalía, si bien negó todos los cargos que sobre ella pesaban. «No me ha quedado más remedio que llegar a un acuerdo, pero de estafar nada, a un esposo no se le puede estafar, eso es imposible porque uno lo sabe todo del otro y hay confianza», esgrimió. Fue él quien abonó los gastos de la apertura de un restaurante en la ovetense calle Azcárraga, negocio que fracasó poco después porque, según dice la mujer, «me denunció un camarero por despido improcedente y encima tuve un accidente y me rompí un brazo, no podía trabajar, así que el negocio se fue a pique sin que pudiese hacer nada».

Más de un año de unión

Durante el año y pico que duró la unión matrimonial -«hasta que se metió la familia de él por medio y se estropeó todo», dice ella- la mujer fue sacando «numerosas cantidades de dinero de la cuenta común, hasta llegar a los 41.500 euros».

El anciano está viudo y no tiene hijos. Fueron unos parientes cercanos los que se percataron de que algo anómalo ocurría, un extremo que constataron al acudir al banco con el hombre y percatarse de que la mujer había sacado más de 40.000 euros. El hombre descubrió entonces que le estaba engañando y decidió pedir la nulidad del matrimonio y solicitar a su esposa que le devolviese el dinero.

«De eso nada, fue él quien me engatusó, yo no tenía pensado tener una relación con nadie y él quería una mujer que le cuidase y le atendiese la casa, yo le ayudé mucho y decidimos montar el bar para que tuviese un trabajo. No quería su dinero, lo quería a él». El hombre redactó un poder notarial y un testamento a su favor.