El Comercio

María José Abeng, en una imagen de su cuenta de Facebook.
María José Abeng, en una imagen de su cuenta de Facebook. / E. C.

«El dolor habrá merecido la pena si sirve para revisar la protección de los menores»

  • María José Abeng envía una carta abierta a las administraciones públicas donde pide más «control» de los servicios sociales que entregan a niños en adopción o preadopción

«Las lágrimas derramadas no serán tan espesas y todo el dolor habrá merecido la pena si esto sirve para que se revise el sistema de protección de menores que a día de hoy existe». María José Abeng envió ayer una carta abierta a las administraciones públicas en las que expresa su deseo de «dejar atrás esta etapa y seguir adelante» con su hijo Juan Francisco un día después de que el Tribunal Supremo inadmitiera los recursos de casación presentados por la Fiscalía, la Consejería de Servicios y Derechos Sociales del Principado y los padres preadoptivos de Valencia. Una decisión que ratifica la sentencia de la Audiencia Provincial de Oviedo que obligó a entregar al menor a su madre biológica tras una lucha de cuatro años de esta joven hispanoguineana, residente en la capital asturiana, para recuperar su custodia.

La carta, que está escrita al alimón con su abogada Nieves Ibáñez, reconoce que ni María José ni su letrada pensaron jamás que su caso iba a tener la repercusión mediática que ha tenido en toda España. «Ambas creemos que todo en esta vida sucede por algo y que ningún copo de nieve cae en un lugar equivocado», resaltan.

La progenitora y su abogada consideran que la difusión de esta historia habrá merecido la pena si sirve «para que se desvele qué está pasando en este país con la protección que se da a lo menores desde las instituciones públicas y/o para que se revisen los procedimientos de entrega en preadopción y adopción de niños». María José Abeng además reclama un mayor control sobre los servicios sociales para que no se repitan más casos como el suyo y ahorrar el sufrimiento a otras muchas familias. Considera la joven ovetense de 19 años que los servicios sociales no pueden seguir «sin sujeción a control judicial alguno, erigiéndose éstos como los más capacitados para decidir sobre los intereses de lo menores». Para la madre del pequeño Juan y su abogada, el sistema actual les faculta para «hacer lo que quieren, como quieren y cuando quieren».

Las firmantes de esta epístola dirigida a las administraciones también dan por buena la repercusión que ha alcanzado la historia de María José «si abre la puerta para que alguien se adentre en lo que pasa en los centros de acogida de toda España y/o el ninguneo de las familias biológicas cuyos hijos arrancan sin tener en cuenta que los menores no solo tienen padre y madre, sino familia extensa». La joven de origen guineano y su letrada aseguran que el enorme revuelo mediático generado habrá servido de algo «si se despliegan conciencias para hacer ver a la opinión pública que el sistema de protección de menores no tiene alma, sino que solo se mueve por inciertos intereses sobre los cuales nadie pide explicaciones».

Ya más a título personal, la madre biológica dedica una capítulo pormenorizado de agradecimientos a todas las personas en las que ha encontrado apoyo durante los cuatro años de desvelos para intentar que su hijo Juan Francisco le fuera devuelto.

María José también recuerda a la Administración que permitió que le arrebatasen a su pequeño «cada una de las lágrimas que derramé desde que me encerraron en el centro de acogida y me sentí desamparada por quien tenía que ampararme». También «los silencios asfixiados cuando, embarazada de siete meses y medio, me dijeron que mi hijo iba a ser dado en adopción». La joven de 19 años rememora asimismo «el viaje en avión a Guinea, encinta, huyendo de quien quería quitarme a mi hijo», «la saliva derramada para hacerme entender, para que alguien me escuchara juicio tras juicio» y «los cumpleaños que no soplé las velas de mi hijo y los árboles de Navidad que no pude mirar...». Sentimientos de «miedo, vergüenza y rabia» que ahora trata de expiar.