El Comercio

Xana paga su enfermedad

Sonia Grima y Diego Gallego, con sus hijos, Héctor, Xana y Aida, en Puerto de Vega este verano.
Sonia Grima y Diego Gallego, con sus hijos, Héctor, Xana y Aida, en Puerto de Vega este verano. / E. C.
  • Un candasín denuncia que en PortAventura le exigieron abonar la entrada de su hija, con una discapacidad del 100%

  • «Solo pido una disculpa pública por la inhumanidad con la que tratan a los grandes dependientes», asegura Diego Gallego

Esperaban pasar una tarde divertida en el parque temático al que acudían de forma habitual, pero la experiencia fue totalmente opuesta. Diego Gallego, natural de Candás pero asentado en Salou desde hace 27 años, vivió una desagradable experiencia el pasado 16 de julio en PortAventura. «Sacamos abonos de temporada de PortAventura desde hace cinco años y nunca tuvimos ningún problema», explica el candasín. Su mujer, Sonia Grima, y sus hijos pequeños, Aida y Héctor, accedían a las instalaciones con sus pases correspondientes. Xana, la mayor, entraba gratis, ya que padece una encefalopatía congénita.

Esta enfermedad le provoca una discapacidad del 100%. «Al llegar a la puerta de entrada, una trabajadora me preguntó cuántos años tenía Xana», relata Gallego. La niña tiene trece, pero su desarrollo no se corresponde a su edad. La empleada le dijo que tenía que abonar los 23 euros que cuesta la entrada para las personas con una discapacidad mínima del 33%, «que deberá ser acreditada», tal y como establece la empresa en su web. El asturiano le replicó que nunca había tenido que pagar por su hija mayor para entrar en el parque temático, ya que no puede disfrutar de las actividades que ofrece. «No camina y no atiende a estímulos», explica su padre.

Abandonar el lugar

Ante esta situación, la trabajadora llamó «a la responsable de los tornos, que me mandó a atención al cliente. Pensé que me iban a explicar algo, pero no fue así», apunta. Diego Gallego se mantuvo a la espera con Xana, en la puerta, mientras su mujer y sus otros dos hijos permanecían dentro. «Cambió la chica que estaba en el torno de acceso y ésta no me puso problema para entrar», relata. Pero instantes después, la misma empleada que les había permitido pasar les dio el alto e instó al padre a abandonar el parque. «Le dije que llamara a seguridad», añade. Después del desencuentro, pudieron quedarse dentro, pero la tarde ya se había estropeado y, al rato, la familia al completo decidió marcharse. «Yo era partidario de que me mandasen a un departamento para que me lo explicaran», afirma.

En este sentido, subraya que el parque debería contar «con un reglamento claro» para regular el acceso de personas con discapacidad, «porque no es lo mismo tener un 33% que una total». El candasín puntualiza que solo pide «una disculpa pública por la inhumanidad con la que tratan a los grandes discapacitados y que solucionen definitivamente el tema de la entrada». La justificación puede llegar hoy mismo, ya que dos responsables del parque acudirán a casa de la familia para hablar de lo sucedido.