El Comercio

«En el caso de María José Abeng, la Administración lo hizo mal desde el principio»

  • La presidenta de Asturadop asegura que hay tranquilidad entre las familias preadoptivas porque hechos como éste son «excepcionales»

El caso de María José Abeng, la joven ovetense que este mes ha recuperado la custodia de su hijo, Juan Francisco, es «excepcional». Así lo señaló ayer la presidenta de la Asociación Asturiana de Adoptantes (Asturadop), Ana Lamela, quien acusó a las instituciones públicas de los errores cometidos en este asunto. En la historia de la mujer de origen guineano y su hijo, «el fallo fue de la Administración, que lo hizo mal desde el principio», aseguró la portavoz del colectivo. Dado el carácter inusual de procedimientos como el de María José Abeng, las familias implicadas en procesos de acogida preadoptiva están tranquilas. «Sabemos que casi el 100% de ellas acaban en adopción. El riesgo es mínimo», apuntó Lamela.

En este sentido, no ha cundido el pánico entre los asturianos que están inmersos en estos trámites porque pueda ocurrirles lo mismo que a la pareja de la localidad valenciana de Sueca con la que vivió el pequeño Juan Francisco durante casi tres años. La presidenta de Asturadop recalcó que, en el caso de los menores que pueden ser adoptados, «ya hay el consentimiento de los padres biológicos o una retirada de custodia», por lo que las posibilidades de regresar con su familia de sangre son mínimas, casi inexistentes. No obstante, los progenitores que cuidan de niños en acogida preadoptiva no se libran, por completo, de esta preocupación hasta que «el juez no firma la sentencia» que les otorga la custodia. Un período que suele durar entre uno y dos años. Tiempo que, en ocasiones, se hace eterno.

Hogares a la espera

Ana Lamela lo ha vivido en carne propia, ya que su hija pequeña llegó a su vida gracias a una adopción nacional. «No estás pensando todos los días en ello, pero sí que esperas que llegue el momento de ponerle tus apellidos», apuntó. Un instante que, cuando ocurre, se convierte «en una fiesta». En cuanto al número de familias que están en esta situación, Lamela explicó que «es muy difícil de calcular». Aunque, si se tiene en cuenta que suele haber entre 30 y 35 asignaciones nacionales» con carácter anual y el plazo de estancia de los menores en sus nuevos hogares ronda los dos años, «podría haber entre setenta y cien familias asturianas» con pequeños en acogida preadoptiva.

Respecto a las adopciones que se realizan dentro de España, Lamela aseguró que el procedimiento no ha cambiado en los últimos años. Sí lo han hecho las internacionales, cuyos requisitos se han endurecido de manera considerable. Todo lo contraria que ocurría hace diez años, cuando muchas familias optaron por buscar un nuevo miembro fuera de las fronteras españolas.

Trabas en el extranjero

«Antes, la adopción internacional era muy fácil. Hubo un 'boom' en 2005, ya que se adoptaba rápido y sin complicaciones», indicó la presidenta de Asturadop. Ahora, «cada vez es más difícil» adoptar un niño en otro país. El proceso que, una década atrás, duraba «un año o año y medio» se ha prolongado hasta los seis e, incluso, los ocho años. Lamela está de acuerdo con que los controles que se hacen a las familias adoptantes sean rigurosos y con que se dé tiempo para asimilar la nueva situación, pero hay requisitos, como el económico, demasiado exigentes. Aún más difícil lo tienen las parejas homosexuales y las monoparentales para adoptar en el extranjero.