El Comercio

Nuevas tecnologías, del uso al abuso

Juan Antonio Álvarez y Sonia Fernández, en la sede de Reciella.
Juan Antonio Álvarez y Sonia Fernández, en la sede de Reciella. / D. A.
  • «No es una adicción, sino un factor de riesgo, y no suele venir solo», explica Proyecto Hombre

Las nuevas tecnologías ya forman parte de nuestro día a día. Cada vez es más frecuente ver cómo jóvenes y mayores viven 'pegados' a las pantallas de sus teléfonos móviles, ordenadores y tabletas y hay quien empieza a hablar de «adicción» a estos aparatos. De hecho, el 5% de las consultas que atendió en 2015 el recurso de atención a menores, jóvenes y familias de Proyecto Hombre Reciella estaban relacionadas con el abuso de las nuevas tecnologías, algo que nunca antes había sucedido.

Sin embargo, su responsable, Sonia Fernández, deja claro que «no es correcto hablar de adicción en el caso de las personas con las que trabaja Reciella, pues lo que se hace es una labor de prevención que analiza los factores de riesgo y de protección que rodean a cada persona. Y el abuso de las nuevas tecnologías es un factor de riesgo más que no suele venir solo. De ahí la importancia de abordar cada caso que nos llega de forma integral», explica. Así, cuando una familia acude al edificio rojo que la entidad ocupa en el Campo de los Patos preocupada porque su hijo -la mayoría son varones de entre 15 y 17 años- «está enganchado» al móvil o a los juegos en línea, lo primero que hacen los terapeutas es «escuchar» lo que todos los implicados tengan que decir para poder hacerse una idea de las circunstancias que rodean al chaval. «Quizás la madre está preocupada porque su hijo no sale de casa y se pasa el día y la noche jugando al ordenador pero el problema no son los juegos en sí, sino las dificultades para relacionarse con otros jóvenes que tiene el chico o problemas familiares, por ejemplo», describe el terapeuta Juan Antonio Álvarez.

Hacer uso, aunque sea de forma muy frecuente, de las nuevas tecnologías, no es peligroso ni negativo, insisten Sonia y Juan Antonio. «Las nuevas tecnologías tienen muchos puntos positivos, como la posibilidad de seguir conectado con nuestros amigos y familia a distancia o de obtener información de forma instantánea, por ejemplo, y no es bueno demonizarlas», señalan. La cosa cambia, advierten, cuando dejan de ser un complemento más y pasan a condicionar nuestro día a día. «Cuando el chaval deja de ir a clase o de salir, cuando el ordenador, la tablet, el móvil, la videoconsola, o lo que sea, interfiere en otras áreas de su vida como los estudios, el ocio e, incluso, la salud, es cuando debemos preocuparnos», explica el terapeuta. Se adelanta, además, a las alarmas que puedan saltar ante la oleada de jóvenes que, móvil en mano, se lanzan estos días a las calles a la caza de pokémon.

«El único peligro que le veo a este juego es que te atropellen por no mirar por dónde vas», asevera.

Reorganizar la vida

La solución, lejos de lo que se podría imaginar, nada tiene que ver con una 'desintoxicación' al uso, sino con devolver el equilibrio a la vida de la persona afectada. «No hay programas de rehabilitación como sí ocurre en Proyecto Hombre porque, insisto, esto no es una adicción, sino un factor de riesgo que se puede atajar creando y fortaleciendo factores de protección», señala Sonia. Estos factores de protección son la familia, los amigos, el deporte, diferentes alternativas de ocio... «En Reciella organizamos actividades en este sentido, pero lo que más nos interesa es que los chavales conozcan los diferentes recursos de que disponen en la ciudad y la región y hagan uso de ellos, así como lograr que mantengan relaciones normalizadas con su entorno. En definitiva, trabajamos para que reorganicen su vida de forma saludable», explica la responsable del programa.