El Comercio

Sistach aboga por la libertad religiosa plena

El Aula Magna del Seminario, repleta para escuchar la lección inaugural del curso pronunciada por Lluis Martínez.
El Aula Magna del Seminario, repleta para escuchar la lección inaugural del curso pronunciada por Lluis Martínez. / MARIO ROJAS
  • El cardenal emérito de Barcelona advierte del riesgo de la sociedad de «vaciarse éticamente»

El Seminario Metropolitano reunió ayer en Oviedo a buena parte de la comunidad religiosa asturiana. Y lo hizo con motivo del acto inaugural del curso 2016-2017, que estuvo presidido por el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes. Se dieron a conocer los datos de la labor formativa del seminario, con 17 alumnos en el Instituto Superior de Estudios Teológicos, 30 en el Instituto San Melchor de Quirós, donde se imparte Bachillerato y la licenciatura en Ciencias Religiosas, y otros 80 en el Instituto Diocesano San Juan Pablo II. El propio arzobispo calificó de «notable el incremento de alumnos en el Instituto de Estudios Teológicos».

El encargado de pronunciar la lección inaugural del curso fue Lluis Martínez Sistach, cardenal arzobispo emérito de Barcelona, quien defendió el derecho a la libertad religiosa frente al crecimiento del laicismo no solo en España, sino en las democracias occidentales. Comenzó por defender la laicidad del Estado, pero «no cualquier laicidad, sino aquella legítima, positiva y sana», indicó, tras lo que añadió que «la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa, no como un derecho ante Dios, sino ante las otras personas, la comunidad y el Estado. Es la persona humana la que tiene derechos, no la verdad». Fundamentó el derecho a la libertad religiosa en la máxima evangélica de 'Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios'. Por ello, Sistach aseguró que «la Iglesia quiere un Estado de auténtica libertad religiosa».

El cardenal arzobispo emérito de Barcelona hizo un repaso tanto al concordato con el Vaticano como a los acuerdos entre la Santa Sede y el Estado español, hasta culminar con la Constitución, que «no apostó por una España católica ni laicista, sino por la aconfesionalidad del Estado. Es una solución innovadora». Esa solución pasa por romper con la idea de confesionalidad y laicidad como extremos opuestos de una misma línea, prevé el principio de laicidad con una condición informadora muy diferente y resuelve las garantías y los límites de la libertad religiosa. Es decir, lo que califica de «una laicidad positiva, en la que se pasa de una neutralidad radical negativa a una colaboración».

Sistach aboga por la libertad religiosa plena

Martínez Sistach advirtió de que «el Estado no queda obligado por la fe de la mayoría de la población, pero eso no significa que no la haya de tener en cuenta». Y distingue entre la laicidad del Estado y una sociedad laica, pues la segunda «implicaría la negación social del hecho religioso. La aceptación del ámbito religioso significa una aceptación de su ámbito público». Tras esta reflexión, Sistach llamó la atención sobre que «las sociedades democráticas tienen el riesgo de vaciarse éticamente. Deben existir rumbos sociales, religiosos y culturales que se ocupen de una inspiración moral y ética de los ciudadanos y lo exijan al Estado», pero cree que en la sociedad española existe un «déficit de debate» en este tipo de asuntos.

Conculcación del derecho

Restringir la práctica religiosa a la vida privada llevaría, en su opinión, al laicismo y, tras asegurar que la sociedad española no es laica, llamó la atención sobre el hecho de que «se va creciendo hacia esa sociedad laica, sin signos ni representación religiosa». Y puso como ejemplo la eliminación de capillas en hospitales y residencias de ancianos o el uso de iglesias para actos culturales, como aseguró ocurre en Cataluña. Por ello, arremetió contra la ley francesa que prohibe llevar signos religiosos de cualquier confesión en centros públicos: «Se entendería si fueran provocadores. Si no, es una conculcación del derecho a la libertad religiosa».

Defendió Sistach la participación de autoridades en celebraciones religiosas: «Un Estado laico no prohibe ni contradice que las autoridades puedan asistir. Se armoniza con una sociedad que es plurirreligiosa. Además, su presencia en actos religiosos es manifestación del respeto y estima hacia los ciudadanos creyentes».