El Comercio

María José Abeng abraza a su hijo Juan Francisco, en Valencia.
María José Abeng abraza a su hijo Juan Francisco, en Valencia. / E. C.

El Supremo ve «ejemplar» la sentencia que ordenó entregar a Juan a su madre biológica

  • Considera «modélica» su motivación para rechazar los recursos de la familia de acogida de Valencia, la Fiscalía y la Consejería de Servicios y Derechos Sociales del Principado

La sentencia de la Audiencia Provincial de Asturias que decidió que el pequeño Juan Francisco, de cuatro años, debía volver con su madre biológica, la ovetense María José Abeng, es «modélica y ejemplar». Los calificativos los refiere el Pleno de la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo en un auto en el que el alto tribunal desarrolla la decisión anunciada el pasado 27 de septiembre de no admitir los recursos de casación presentados por la familia de acogida de Sueca (Valencia) con la que había vivido el menor desde que éste tenía 18 meses, así como los de la Fiscalía de Asturias y la Consejería de Servicios y Derechos Sociales del Principado.

Una vez más, el Supremo no se pronuncia sobre el fondo del asunto. Lo que sí hace es reiterar su constante jurisprudencia de que contra las resoluciones sobre esta materia no caben recursos extraordinarios ante el alto tribunal. «La última palabra corresponde a las audiencias provinciales, según el criterio consolidado desde el año 2003», dice el auto -del que fue ponente el presidente de la Sala de lo Civil, Francisco Marín Castán- que no advierte razón alguna que justifique ahora un cambio de doctrina.

En cualquier caso, el Supremo subraya que la «exhaustiva» motivación de la sentencia recurrida es «modélica y ejemplar» y demuestra por sí sola que la revisión del caso en un recurso extraordinario obligaría a una nueva valoración de la prueba practicada. Esta decisión tiene consecuencias directas en el caso de María José Abeng -que fue madre siendo adolescente y estando tutelada por el Principado-, ya que supone que el fallo de la Audiencia Provincial de Asturias con fecha 10 de marzo de 2016 deviene firme. Así, el menor se quedará con su madre biológica si ésta no tiene intención -como ha manifestado en reiteradas ocasiones- de que el proceso de adopción por parte de la pareja de Sueca siga adelante.

La Audiencia de Asturias estimó el recurso de apelación de la madre biológica del menor. Consideró que no se encontraba incursa en ninguna causa de privación de patria potestad, que su consentimiento era necesario para materializar el proceso de adopción de su hijo y que, como no lo dio, el niño debe serle entregado. Además, la sentencia de la Audiencia establecía que la entrega del menor a la madre biológica debía producirse «de forma inmediata sin que la posible interposición de recursos suspenda la eficacia de esta medida».

Precisamente en dicha sentencia se hacía referencia a la doctrina sentada por el Supremo en una resolución de julio de 2009 en la que se decía, textualmente, que «se buscará siempre el interés del menor y se procurará, cuando no sea contrario a su interés, su reinserción en la propia familia». Un planteamiento que vino a reforzar la opinión de tres de los cuatro peritos (dos psicólogos y dos trabajadores sociales) que estudiaron el caso a instancias de la Audiencia Provincial. Tras realizar varias pruebas a María José Abeng, concluyeron que la joven no presentaba «ninguna deficiencia para el ejercicio de una maternidad responsable». Al mismo tiempo, consideraban que el menor debía «reintegrarse a su núcleo familiar primario». Era algo por lo que la joven ovetense llevaba luchando cuatro años y que por fin consiguió a mediados del mes pasado.

En su sentencia, la Audiencia Provincial calificaba de «sorprendente» que, a pesar de que la joven había «solicitado ayuda y asumido culpas por conductas disruptivas», la Administración no le procurara «los medios para alcanzar esas actitudes y aptitudes que insistentemente dice que le faltan, para posteriormente tras su éxito o fracaso, haber tomado la decisión» sobre el futuro del pequeño Juan Francisco, que acabó siendo entregado en preadopción al matrimonio de Sueca.