El Comercio

Un mandato hiperactivo y poco conflictivo en Asturias

Desde que el 23 de febrero de 2002 Carlos Osoro tomara posesión en la catedral de Oviedo como obispo de Asturias, la expectación sobre lo que sería su trabajo fue enorme, debido a que la larga trayectoria de su antecesor, Gabino Díaz Merchán, había creado un estilo propio que no estaba claro hasta qué punto o en qué sentido habría de cambiar.

Durante su etapa en Asturias, Carlos Osoro demostró ser un hombre de acción, con una enorme capacidad de trabajo. El mejor ejemplo de la actividad de Osoro está en sus iniciativas, como la de convocar un sínodo, algo que no encuentra correspondencia en ninguna otra diócesis; o la voluntad de celebrar el Año Santo de la Cruz, aprovechando que se cumplían 1.200 años de la entrega de la Cruz de los Ángeles y 1.100 de la Cruz de la Victoria. También instauró la fiesta de la familia, con el consiguiente bullicio en la Corrada del Obispo y niños con globos, tras la ceremonia religiosa en la catedral.

Carlos Osoro tuvo tendencia a cubrirlo todo con su hiperactividad personal, como lo prueba la escasa capacidad para delegar en el que fue su obispo auxiliar, Carlos Berzosa. Otra característica de la gestión en Asturias del futuro cardenal fue la ausencia de implicación, propia de su antecesor, en conflictos sociales, así como su habilidad para evitar roces con el Gobierno regional.

En el primero de los casos, lo cierto es que Carlos Osoro no tuvo ocasión, en sus siete años de titular de la diócesis, de posicionarse ante conflictos sociales, porque su septenio coincidió con un periodo de bonanza económica en la región, si exceptuamos el último trimestre.

Sobre sus relaciones con los gobiernos de izquierda del Principado, ni el tratamiento horario de la asignatura de Religión en el Bachillerato, ni la implantación de la Educación para la Ciudadanía, ni los recortes en la red concertada de centros, ni el uso de la iglesia de la Universidad Laboral para espectáculos artísticos, ni el rechazo a la petición de licencia para la televisión de la Iglesia, lo llevaron a alzar la voz.

Sin embargo, la sotana tradicional del arzobispo de Oviedo, su discurso espiritualista y la confianza en grupos doctrinalmente conservadores, aunque socialmente muy activos, le granjearon el distanciamiento de un sector del clero formado en las pautas de la pastoral social, como así se lo hicieron saber en carta colectiva.

En otro orden de cosas, Carlos Osoro dio una gran importancia al Seminario de Oviedo, donde introdujo cambios, convencido de la necesidad de acabar con el erial de vocaciones.

La marcha de Carlos Osoro de Asturias fue anunciada el día 8 de enero de 2009, como consecuencia de su nombramiento como obispo de Valencia. Se despidió de los fieles asturianos con dos misas en la catedral de Oviedo, el 12 de abril de ese año, cuando declaró que se iba «con dolor». Todavía no se conocía su sucesor.