El Comercio

La Guardia Civil resuelve el 60% de los robos en el campo

Los guardias civiles del Equipo Roca de la Comandancia de la Guardia Civil de Oviedo conversan con un vecino de Sestiello, en el concejo de Grado.
Los guardias civiles del Equipo Roca de la Comandancia de la Guardia Civil de Oviedo conversan con un vecino de Sestiello, en el concejo de Grado. / FOTOS: PURIFICACIÓN CITOULA
  • Los casos más frecuentes a los que se enfrentan estos agentes especiales son las sustracciones de herramientas, ganado, colmenas y cosechas

  • Dos equipos Roca de la Guardia Civil combaten los delitos en la zona rural

«Fuimos a dar una charla sobre seguridad a los vecinos de un pueblo de Somiedo y nada más empezar preguntamos a los presentes si habían dejado sus casas cerradas. Nos aseguraron que así era, pero unos compañeros que llegaron después comprobaron que todas las puertas estaban abiertas de par en par». La anécdota que el cabo primero Juan José Rodríguez narra en las dependencias que el Equipo Roca de la Comandancia de la Guardia Civil de Oviedo tiene en Grado, da muchas pistas acerca de las dificultades a que se enfrentan él y sus compañeros a la hora de realizar su trabajo.

Quien conozca la vida de aldea sabe de sobra que la gente rara vez cierra sus casas, graneros o cuadras, y si lo hacen suelen dejar las llaves bajo el felpudo o en una maceta. Lo mismo sucede, aunque en menor medida, con los vehículos. «En 2015 detuvimos a un hombre que se dedicaba a viajar por toda la región utilizando coches que se encontraba abiertos y con las llaves puestas en la zona rural. Cuando se le terminaba la gasolina, aparcaba y buscaba uno nuevo en otro pueblo. Fueron decenas los vehículos que llegó a coger», relata Rodríguez. Pese a que muchos se niegan a aceptarlo, el campo dejó de ser hace tiempo un territorio en el que 'nunca pasa nada' y fue precisamente el aumento de los delitos -principalmente robos con fuerza- en las explotaciones agrícolas y ganaderas lo que propició la creación de estos equipos de la Guardia Civil especializados en investigar y esclarecer este tipo de sucesos.

Asturias es la única región española en la que existen dos de estos grupos por provincia, al estar dividido el Principado en dos comandancias de la Guardia Civil: Oviedo y Gijón. El Equipo Roca de Oviedo -el nombre se debe a las palabras 'robos' y 'campo'- nació el 29 de octubre de 2013 y poco más de un mes después, en diciembre del mismo año, lo hacía el de Gijón. El primero está compuesto, además de por el cabo primero Rodríguez, quien se encarga de dirigirlo, por los guardias Félix, Luis y Lolo. En Gijón son cinco los agentes destinados al equipo, que comanda el guardia civil Ricardo Velasco. En los cerca de tres años que llevan estos dos equipos funcionando se registró un aumento en el número de casos esclarecidos hasta alcanzar, aproximadamente, el 60%.

Un porcentaje que, confían los agentes, seguirá subiendo, pues cada vez logran concienciar a más víctimas de delitos para que denuncien -siguen siendo muy pocos quienes lo hacen- y con el tiempo y el intenso trabajo de campo están logrando establecer buenas relaciones de confianza con los vecinos. Esto último, recalcan, es «fundamental» en su trabajo. «Al estar en zonas aisladas, las explotaciones agroganaderas son más susceptibles de sufrir robos y, además, muchas veces es complicado obtener pruebas y huellas en este tipo de espacios, por lo que cualquier pista que nos puedan dar quienes residen o trabajan en la zona supone muchas veces la diferencia entre atrapar al autor o no», explican los agentes.

Contacto con la población

Sin embargo, conseguir que la gente del campo confíe y acuda a ellos ante este tipo de situaciones, no es sencillo. «Muchos todavía tienen la impresión de que la Guardia Civil va a denunciarles o multarles, pero poco a poco estamos consiguiendo que sean conscientes de que nuestro trabajo es protegerles», indica el cabo primero. El hecho de trabajar en vehículos camuflados y de paisano, y de visitar con frecuencia a agricultores y ganaderos de diferentes concejos para mantenerse en contacto con ellos ayuda mucho a que luego sean más proclives a denunciar hechos delictivos e, incluso, a avisar cuando observan la presencia de extraños con actitudes sospechosas en la zona.

En plena jornada de trabajo junto al Equipo Roca de Oviedo, EL COMERCIO es testigo de esto último, cuando Alejandro Rodríguez, de Ganaderías La Borbolla, aprovecha una visita de los agentes a sus instalaciones para contarles que a su vecino le robaron hace unos días una máquina de trasquilar valorada en más de 500 euros. Aporta, además, varias pistas que más adelante podrían resultar decisivas a la hora de atrapar al caco. «La verdad es que estamos todos encantados con la creación de este grupo, pues su presencia en la zona nos hace sentir más seguros. Tengo la impresión, además, de que los robos bajaron porque, quizás, los ladrones se moderen más», explica el joven ganadero. A él ya le ayudaron, señala, con varios robos de pastores eléctricos.

La siguiente visita es una explotación apícola que también sufrió varios hurtos de colmenas y panales en los últimos años. De hecho, mientras que el resto de delitos se mantienen estables e, incluso, descienden, las denuncias por robos en este tipo de explotaciones crecieron. «Más que a un aumento de las sustracciones, achacamos esto a que cada vez son más los apicultores que deciden presentar la denuncia, según nos cuentan ellos mismos», indica Rodríguez. Tanto él como sus compañeros se vieron obligados a aprender a trabajar con abejas para poder examinar las colmenas asaltadas y manipular con seguridad aquellas que decomisan a los ladrones. Una colmena en plena producción puede alcanzar un valor de entre 250 y 300 euros, indican, y quienes las roban son también expertos en apicultura, pues «saben lo que hacen y cuándo lo hacen».

La época del año, recalcan, es muy importante. «Por ejemplo, los robos de corderos aumentan antes de Navidad y también registramos sustracciones de chorizos y morcillas en tiempos de matanza. Los delincuentes también conocen bien el calendario de la huerta y aprovechan los días previos a la recogida de fabes, manzanas o patatas, por ejemplo, para hacerse con el botín», indican. La gran mayoría de los cacos que actúan en la zona rural, explica el cabo primero, proceden del mismo entorno y rara vez entran en acción bandas organizadas como sí sucede con otro tipo de delitos. «No es habitual, pero una vez sí que detuvimos a un grupo que se dedicaba a falsificar herramientas. Llevaban las pegatinas aparte y se las ponían justo antes de venderlas», relatan los guardias.

Pese al aumento de denuncias por robos de colmenas y panales, seis en lo que va de año, siguen siendo las sustracciones de herramientas y las de animales las más abundantes. «Hasta septiembre registramos dieciséis robos de herramientas y diez de animales. Suelen ser corderos y gallinas, aunque también alguna vaca e, incluso, caracoles. La realidad es que se producen muchos más, pero todavía son pocas las personas que denuncian», aseveran. Algo que pretenden cambiar, pues cuando no están metidos de lleno en una investigación, suelen realizar charlas por los pueblos para tratar de reeducar a los parroquianos, acostumbrados a no desconfiar de sus vecinos. Entre los consejos que suelen dar está, por supuesto, cerrar los accesos a almacenes y viviendas, apuntar las matrículas de vehículos sospechosos, guardar las facturas y números de serie de sus herramientas, así como realizarles marcas identificativas.