El Comercio

El detenido en Gijón estaba dispuesto a convertirse en 'muyahidín'

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Abdellah Ouelji abandona el piso de sus padres esposado e intentando ocultar su rostro con un pañuelo. / Joaquín Pañeda

  • Abdellah Ouelji Lafsahi, de 34 años, es considerado pieza clave en la captación de terroristas

  • La Policía señala que había convertido su piso en La Calzada en centro de operaciones de difusión virtual del terrorismo islámico

Juró hace tres años lealtad al líder del Estado Islámico, Abu Bakr al Bagdadi, y creó en su domicilio gijonés de La Calzada una importante red virtual de difusión y captación de terroristas, desde la que se comunicaba con miembros y dirigentes de la organización que controla parte de Irak y Siria. Abdellah Ouelji Lafsahi, marroquí de 34 años, y asentado desde hace 20 en Gijón, fue detenido ayer en el marco de una importante operación antiyahidista que se saldó con otro arrestado en San Sebastián.

En contexto

Ambos son acusados de «estar plenamente integrados en la estructura del Daesh y de incitar a la comisión de actos terroristas». Además, según ha podido saber EL COMERCIO, Abdellah Ouelji tenía previsto viajar próximamente a Siria para convertirse en 'muyahidín' y dar el paso a la lucha armada como combatiente fundamentalista. Llevaba meses posponiendo su marcha por el delicado estado de salud de su padre, que en la actualidad se encuentra pasando una temporada en Marruecos.

Fue precisamente en el domicilio de sus progenitores, en la calle de Rosalía de Castro, en el barrio de El Natahoyo, donde fue detenido a las nueve de la mañana de ayer. El amplio dispositivo de policías de paisano pertenecientes a la Comisaría General de Información de Madrid y de la Jefatura Superior de Asturias, acompañados por cinco equipos de la Unidad de Intervención Policial (UIP), aguardaron a que los dos hijos del arrestado saliesen junto a su esposa en dirección al colegio para acceder a la vivienda. Los policías entraron con pasamontañas, chalecos antibalas y fuertemente armados. Le sorprendieron de imprevisto y no opuso resistencia.

Un cuarto de hora después llegaba a la vivienda -en el segundo piso del portal número 2- una ambulancia del Servicio de Atención Médica Urgente (SAMU) para atender al arrestado. Había sufrido una crisis nerviosa. Los sanitarios abandonaron el lugar una hora después, mientras que los agentes permanecieron en el interior del piso con Abdellah hasta las 13.30 horas.

La Policía registró minuciosamente todas las estancias y requisó abundante material informático, además de libros, libretas, teléfonos móviles y otros objetos personales.

Durante las horas que duró la inspección, en la calle se fueron concentrando los familiares del arrestado. Su esposa se encontró con los agentes obstaculizando el portal cuando regresó de llevar a los niños al colegio. Estaba en zapatillas y ni siquiera llevaba un teléfono móvil encima. Fue asistida por dos mujeres policías mientras no cesaba de llorar y de echarse las manos a la cabeza. Poco a poco fueron llegando otros familiares, entre ellos un hermano del presunto yihadista.

Máxima tensión con la familia

La tensión fue máxima cuando los agentes sacaron al detenido del edificio para introducirlo en un coche camuflado. Salió esposado y tratando de ocultar su rostro con un pañuelo de cuadros. Fue en ese momento cuando su esposa comenzó a gritar y se tiró en mitad de la calzada para impedir el paso del vehículo policial. El hermano y otros familiares se enfrentaron a los periodistas y fotógrafos que seguían la redada policial, lo que motivó la intervención de los antidisturbios.

Una vez que los agentes de la Unidad de Intervención Policial consiguieron despejar la calle, la caravana de la Policía Nacional partió en dirección a la calle Venezuela, en La Calzada. En el segundo izquierda del portal número 14 residen desde hace unos diez años el detenido, su mujer y sus dos hijos. Pero se habían trasladado a vivir temporalmente a casa de los padres del arrestado para cuidarlos debido al deteriorado estado de salud del progenitor.

Los investigadores consideran que Abdellah Ouelji tenía en esa vivienda de la calle Venezuela su centro de operaciones. Era allí donde pasaba casi todo el día, conectado a los ordenadores desde donde supuestamente «adoctrinaba, enaltecía su ideario y alentaba e incitaba a la comisión de actos terroristas».

Cobraba una pensión por invalidez desde que en 2002, con 20 años de edad, sufrió un accidente laboral. Se precipitó desde un andamio en un quinto piso cuando trabajaba como peón de la construcción en una obra en Oviedo. Las lesiones que sufrió a punto estuvieron de costarle la vida. Permaneció 22 días ingresado en la UVI y durante varios años fue sometido a un tratamiento de rehabilitación. Con los más de mil euros que percibía de paga cada mes vivían los cuatro miembros de su familia e incluso ayudaba a la manutención de sus padres y hermanos.

Según informó ayer el ministro del Interior, Jorge Díaz, «se trata de una pieza clave en el entramado propagandístico y de captación de Daesh». Al parecer, ya había sido investigado por la Brigada de Información de la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía de Gijón. Hace tres años había divulgado, a través de las redes sociales, su jura de lealtad al Califato y al Califa Abu Baker Al Bagdadi y solicitaba a todos sus seguidores que se unieran a este juramento.

Teléfonos virtuales

Supuestamente había creado una importante y organizada red de difusión virtual, además de establecer dispositivos de comunicación que contaban con unas férreas medidas de seguridad, destinadas a que su actividad terrorista pasara inadvertida e imposibilitara su detección policial.

Entre esas medidas adoptadas, tal y como informaron ayer desde el Ministerio de Interior, se encontraba la disposición de medios de comunicación no convencionales, como la utilización de teléfonos virtuales -servicios de telefonía que se ofrecen en la red y que permiten enviar mensajes con total anonimato-, que eran utilizados para intercambiar información de manera segura con miembros y dirigentes de Daesh.

De los dos registros que se practicaron en los pisos de las calles de Rosalía de Castro y Venezuela, los agentes salieron con abundante material en cajas de cartón, entre lo que se encontraban ordenadores de mesa y portátiles.

Las pruebas serán ahora analizadas por los expertos policiales en el marco de la operación dirigida desde la Audiencia Nacional, que se encarga de los asuntos relacionados con el terrorismo islámico.

Sobre las siete de la tarde, después de seis horas de inspección, Abdellah Ouelji Lafsahi abandonaba el domicilio en el barrio de La Calzada en un coche policial que le conduciría a los calabozos de la Jefatura Superior de Policía de Asturias, en Oviedo. Sin embargo, una nueva indisposición en su estado de salud obligaba a su trasladado a última hora de la tarde al Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). La previsión era proceder a su traslado a Madrid durante la jornada de hoy, si bien este extremo está condicionado a la evolución médica del arrestado.

La detención de los dos supuestos yihadistas en Gijón y en San Sebastián «ha supuesto la neutralización de dos activos militantes del aparato propagandístico y de captación implantado por Daesh para la divulgación de contenidos yihadistas y captación, adoctrinamiento y reclutamiento de nuevos adeptos a su organización terrorista», señalaron ayer fuentes de la investigación, aún abiertas y realizadas bajo la supervisión de los juzgados centrales de Instrucción 1 y 2, coordinadas por la Fiscalía de la Audiencia Nacional. Desde 2015, año en que se elevó a 4 el nivel de alerta antiterrorista, las fuerzas y cuerpos de seguridad han detenido a 150 yihadistas, 120 en España y otros 30 en otros países con la colaboración de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. En Asturias, las últimas detenciones relacionadas con el islamismo radical se llevaron a cabo en 2006 tras los atentados en Madrid del 11-M.

Desde entonces, la Brigada de Información de la Policía Nacional de Asturias -tanto la de la Jefatura Superior como la de la Comisaría de Gijón- mantiene un control sobre la población musulmana residente en el Principado. La vigilancia se intensificó hace meses tras los atentados de París, que elevaron el riesgo al nivel cuatro y obligaron a tomar diversas medidas como, por ejemplo, poner en marcha exhaustivas medidas de seguridad en eventos de gran afluencia de público. Fue el caso de la noche de los Fuegos, en Gijón, momento en el que se utilizaron por primera vez en la región los dispositivos de prevención conocidos como 'jerseys', grandes depósitos con capacidad para cientos de litros de agua que, colocados en la calzada, impiden el paso de vehículos.

El propio comisario de Gijón, Dámaso Colunga, comentaba en una entrevista concedida a EL COMERCIO que el día de la celebración de los fuegos de Begoña «había sido un momento crítico» en la prevención ante un posible atentado yihadista por las similitudes que la fiesta guardaba con el lugar en el que se perpetró el ataque de Niza y en el que murieron 80 personas.

«Demoledora crudeza»

La Policía informó ayer que los contenidos divulgados en las redes sociales por los dos supuestos terroristas islámicos detenidos tenían dos variantes. Los primeros eran claramente propagandísticos y ensalzaban las virtudes de Daesh, como las victorias militares, logros sociales y demás supuestos méritos. Otros eran de «demoledora crudeza», en el marco de la estrategia del Daesh para la difusión del denominado «terror informativo» en la sociedad occidental. Difundían imágenes de decapitaciones y ataques. Los dos arrestados pasarán a disposición de la Audiencia Nacional.