El Comercio

La Policía mantiene la alerta antiterrorista tras detener al presunto yihadista en Gijón

Agentes de la Policía Nacional, a la puerta del domicilio de los padres del detenido, en la calle Rosalía de Castro.
Agentes de la Policía Nacional, a la puerta del domicilio de los padres del detenido, en la calle Rosalía de Castro. / JOAQUÍN PAÑEDA
  • Abdellah Ouelji ingresó en prisión tras negarse a declarar ante el juez de la Audiencia Nacional. La investigación sigue abierta

Tras la detención en Gijón el pasado martes del presunto yihadista Abdellah Ouelji Lafsahi, la Policía Nacional mantiene el nivel de alerta 4, al considerar que el arrestado se dedicaba a la captación de adeptos para el Daesh y uno era un integrante de un comando operativo, es decir, no preveía cometer ningún atentado. La operación, no obstante, continúa abierta, después de que fuera puesta en marcha por la Brigada Provincial de Información de la comisaría de Oviedo, que contó con el apoyo de la Comisaría General de Información de Madrid.

Fuentes policiales aseguraron que se han confirmado las sospechas de los investigadores y que técnicos especialistas están analizando ahora en Madrid todo el material incautado al detenido en Gijón. Aunque no se haya decidido aumentar el nivel de alerta, las mismas fuentes explicaron que la guardia nunca se baja y menos en asuntos como éste, relacionados con el terrorismo islámico. Eso sí, apuntaron que si Abdellah Ouelji hubiera estado preparado para una acción operativa, el dispositivo policial sí hubiera cambiado. Hay que tener en cuenta que el detenido centraba su presunta actividad delictiva en la redes sociales, realizando la divulgación de los preceptos del Daesh y tratando de captar adeptos para la causa.

El arrestado fue trasladado a Madrid la madrugada del miércoles y en la mañana de ayer fue puesto a disposición judicial ante el titular del Juzgado Central de Instrucción número 2 de la Audiencia Nacional, Ismael Moreno, según confirmó a este periódico el letrado que le asiste. Abdellah Ouelji se negó a prestar declaración ante el juez, al igual que hiciera ante los policías que le detuvieron, ya que todavía no sabe de qué se le acusa ni las pruebas que se tienen contra él. Y ello es debido a que existe secreto del sumario. Tras la comparecencia en el juzgado, el magistrado Ismael Moreno decretó el ingreso en prisión del detenido, adonde fue trasladado en la misma mañana de ayer.

Entre tanto, la tranquilidad vuelve a los barrios gijoneses de La Calzada y El Natahoyo. En el primero, Abdellah Ouelji vivía en la calle de Venezuela, junto a su mujer y sus dos hijos, de 7 y 5 años, mientras que en el segundo, en la calle de Rosalía de Castro, es donde viven sus padres y otros familiares.

En ambos domicilios tuvieron lugar el pasado martes las espectaculares entradas de los agentes de la Policía Nacional, que sobresaltaron la vida normal de los vecindarios.

La familia es especialmente conocida en la calle Rosalía de Castro, donde se habían instalado los padres hace más de 20 años. Según parece, antes habían vivido en la calle de Lepanto, también en El Natahoyo, de donde se acabaron marchando tras tener algunos problemas con vecinos. En aquella época, el padre de familia se dedicaba a la venta de alfombras.

Abdellah Ouelji Lafsahi, de 34 años, nació en Marruecos y está nacionalizado español. Desde hace 20 años residía en Gijón. Primero junto a sus padres y sus cuatro hermanos, y después con su mujer y sus hijos. Según los vecinos, hasta hace unos dos años era un hombre reservado pero de un comportamiento y una apariencia normal. Todo cambió tras un viaje de cuatro meses a Marruecos, cuando volvió con un nuevo aspecto y una actitud aún más cerrada. Pasó de ser quien siempre llevaba y recogía a los niños del colegio y los centros donde realizaban actividades extraescolares a apenas ser visto en compañía de los pequeños. Además, cambió su atuendo habitual por pantalones, camisas y chaquetas oscuras, una gorra que prácticamente no apeaba y se dejó una barba más tupida y larga que la que lucía hasta entonces. En cuanto al contacto con los vecinos, se redujo a apenas un saludo cuando se encontraba con alguno de ellos.

Una actitud muy diferente era la de su joven esposa, Sofía, quien a pesar de vestir con colores oscuros sí que porta hiyabs alegres, según los vecinos, que aún mantienen su perplejidad por lo ocurrido estos últimos días y, sobre todo, por la gravedad de los hechos que se le imputan al que era, hasta hace tres días, su vecino. Además, existe cierto temor por la actitud que adopte el resto de la familia, ya que el día de la detención se mostraron muy agresivos con los presentes.