El Comercio

Abdellah Ouelji Lafsahi, detenido el pasado martes.
Abdellah Ouelji Lafsahi, detenido el pasado martes. / JOAQUÍN PAÑEDA

«Ver el terror en sus caras no tiene precio»

  • El proceso de captación de las redes yihadistas busca a jóvenes dispuestos a morir como soldados de un califato islámico de corte salafista

  • Desde mediados de 2013, al menos 160 españoles han acudido a Siria e Irak como muyahidines al servicio del EI

Un marroquí de 26 años fue detenido en 2015 en Palma de Mallorca mientras se preparaba para viajar a Siria para «luchar junto a los muyahidines del Califato o ir a Dawla para servir a Abu Bakr, que es el califa». De haberlo hecho, habría aumentado una lista que, solo entre junio de 2013 y mayo de 2016, ha sumado no menos de 160 nombres de musulmanes residentes en España -en muchos casos de nacionalidad española-, que han acudido a Irak y Siria para engrosar como muyahidines las filas del Estado Islámico.

Ese mismo joven, poco antes de ser detenido, había celebrado en las redes sociales los atentados del 13 de noviembre de 2015 en París, con 130 víctimas mortales, de esta guisa: «El viernes pasado fue uno de los días más felices de mi vida, ver el terror en sus caras no tiene precio». No hacía demasiado tiempo, este joven podía ser uno más de tantos inmigrantes de segunda generación, y ahora está dispuesto a ser un muyahid (el participio activo del verbo árabe 'yahada', literalmente, 'hacer la yihad', de forma que equivale a 'combatiente por la yihad'). Dispuesto a matar y morir por la creación de un califato de corte salafista, el movimiento fundamentalista islámico que defiende la utilización de la violencia contra los infieles y los musulmanes moderados, que considera apóstatas, muy en particular a los chiíes.

¿Qué lleva a jóvenes hasta hace poco integrados en sus sociedades a ese extremo? Según el estudio de los expertos en terrorismo islámico Fernando Reinares y Carola García-Calvo, en el 62,8% de los casos, la principal motivación es ideológica, mientras que para el 23,5% es la necesidad de una identidad nacional o religiosa, unida a razones existenciales, y para el 13,7% de los casos en España las motivaciones son emocionales y afectivas.

El surgimiento del Estado Islámico como escisión de Al-Qaeda en 2013 supone un punto de inflexión en la metodología de captación, hacia un modelo mucho más rápido y eficiente. De hecho, en los últimos cuatro años, de unas 150 detenciones en España relacionadas con el yihadismo, solo el 18,4% estuvieron ya vinculadas con Al-Qaeda, mientras que el 81,6% pertenecen al entorno del EI. Y España no es uno de los países europeos más afectados, porque la radicalización rápida se da más en las naciones que albergan colectivos musulmanes en los que predominan las segundas generaciones, como es el caso de Abdellah Ouelji Lafsahi, el detenido en Gijón el pasado martes.

Perfil de la radicalización

De hecho, éste presenta buena parte de las características más comunes de los jóvenes radicalizados en España en los últimos años. Suelen ser hombres jóvenes (ninguno mayor de 44 años) y con hijos, en su mayor parte con estudios secundarios y con una tasa de paro similar a la media de la población española. Algo menos de la mitad (el 45% tiene antecedentes penales, y pese a la base religiosa de su radicalización, su conocimiento del Islam y de la Sharía o ley islámica es, en general, apenas elemental.

Incluso, entre los detenidos en España de junio de 2013 a mayo de 2016, un 13,9% llegaron a la radicalización salafista pasando por una conversión previa al Islam.

Y ¿cómo se radicalizan? Nada menos que el 37,1% fueron captados con menos de 19 años, y otro 40% lo fueron entre los 20 y los 29. 26 de cada 100 viajaron al extranjero como parte de su proceso de radicalización, y de éstos, el 62% lo hizo a Marruecos, como en el caso de Abdellah Ouelji, del que vecinos y conocidos afirman que volvió a Gijón «completamente cambiado» en 2014 de una estancia de cuatro meses en Marruecos.

La importancia de internet en el proceso de radicalización es vital, pero ni de lejos es la única vía. Solo el 18,4% de los casos son claramente radicalizados exclusivamente a través de la red, mientras que el 52,7% combinan el proselitismo 'online' con la influencia de líderes religiosos, familia y amigos, y un significativo 28,9% se radicaliza sin influencia relevante de internet. En la red, Facebook se lleva la palma, con el 90,6% de los casos, mientras que Youtube (34,4%) y Twitter (28,1%) le siguen como foros de radicalización predilectos.

Fuera de la red, los domicilios privados (un 73,3% de los casos) y los lugares de culto (el 53,3%) son el foro de radicalización fundamental, aunque la cárcel (un 6,7%) también tiene un papel relevante.