El Comercio

«Los islamistas radicales no tienen cabida en la mezquita, promulgamos la paz»

Fieles rezan durante la oración de los viernes, en la mezquita que la comunidad musulmana tiene en el barrio gijonés de El Llano.
Fieles rezan durante la oración de los viernes, en la mezquita que la comunidad musulmana tiene en el barrio gijonés de El Llano. / Daniel Mora
  • Los musulmanes que acuden al rezo de los viernes en el local de Gijón condenan extremismos como el del detenido el martes

Ayer no fue un viernes cualquiera en el rezo de la mezquita de Gijón. Los dos centenares de fieles que acudieron a la oración que la comunidad musulmana tiene en la calle Echegaray, en El Llano, saben que la detención de un ciudadano marroquí en La Calzada como supuesto miembro del Daesh les ha puesto en el punto de mira. Ellos, sin embargo, mantienen el mismo mensaje que han transmitido desde que en el año 2003 inaugurasen la mezquita que da cabida a personas de once nacionalidades: «Nosotros somos los primeros que luchamos por tener una paz y una tranquilidad dentro de nuestra propia comunidad, somos los máximos interesados por integrarnos», explican, sin querer dar nombres. Ahora más que nunca persiguen un anonimato que les permita continuar con sus rutinas.

A Abdellah Ouelji no le han visto «jamás» poner un pie en la sala de oración a la que acude la mayoría de musulmanes de Gijón (todo hombres, las mujeres quedan excluidas). Sorprende, teniendo en cuenta su presunta radicalización y un fervor religioso que se vio incrementado en los dos últimos años tras un viaje de cuatro meses a Marruecos. La explicación la dan desde la propia mezquita: «Los radicales aquí no tienen cabida, saben que esa no es la línea que nosotros seguimos y que si vemos alguna actitud que pueda ser reflejo de una radicalización somos los primeros que no los queremos aquí y que lo comunicamos a quien se lo tengamos que comunicar», aseguraban ayer, poco antes de comenzar la oración conjunta del viernes, día festivo y sagrado para el Islam.

Ese rechazo que sufren los extremistas hace que se separen de la comunidad. «Tienden a aislarse para pasar desapercibidos; saben que sus ideas no van a ser aceptadas por los que solo queremos la paz y llevar una vida tranquila», afirman. La detención del presunto integrante del Estado Islámico ha caído como una losa sobre una comunidad que solo espera «poder recuperar la normalidad lo antes posible».

Abdellah Ouelji, de 34 años, llevaba 20 viviendo en Gijón. El primero en llegar, años antes, fue su padre, Mohammed. A él sí lo conocen en la comunidad musulmana de la ciudad. «Es un buen hombre, muy trabajador y nunca ha dado ningún problema, tiene que estar muy afectado con todo lo que ha pasado...», dicen sus conocidos. Sus cuatro hijos estudiaron en colegios e institutos públicos del barrio de La Calzada y han llevado una vida «bastante occidentalizada». Sin embargo, algo cambió en la forma de pensar y actuar de Abdellah hace dos años. Regresó de una estancia en Marruecos y divulgó a través de las redes sociales su jura de lealtad al Califato y al Califa Abu Baker Al Bagdadi. Solicitó a todos sus seguidores que se unieran a este juramento.

Red de difusión

El martes fue detenido a las 9 de la mañana cuando su mujer había salido de casa para llevar a sus dos hijos al colegio. Está acusado de pertenecer al Daesh y de tener previsto viajar al Califato para convertirse en 'muyahidín'. La Brigada de Información apunta que creó una importante y organizada red de difusión virtual desde su domicilio de la calle Venezuela, donde estableció dispositivos de comunicación que contaban con unas férreas medidas de seguridad, «destinadas a que su actividad terrorista pasara inadvertida e imposibilitara su detección policial».

«Disponía de medios de comunicación no convencionales, como la utilización de teléfonos virtuales -servicios que se ofrecen en la red y que permiten enviar mensajes con total anonimato-, que eran empleados para intercambiar información de forma segura con miembros y dirigentes de Daesh», explicó el propio ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, tras la espectacular operación policial que dejó enmudecidos a los barrios de La Calzada y El Natahoyo al saber que entre sus vecinos se escondía, supuestamente, un terrorista islámico.