El Comercio

Abdellah Ouelji abandona su domicilio acompañado por agentes de la Policía.
Abdellah Ouelji abandona su domicilio acompañado por agentes de la Policía. / JOAQUÍN PAÑEDA

El viaje que le cambió la vida

  • Levantó las sospechas de la Policía hace dos años durante la celebración de la fiesta musulmana del cordero en un colegio de El Llano

  • Abdellah se radicalizó a raíz de un viaje de cuatro meses que realizó con su mujer y sus dos hijos a Marruecos. «Dejó de ser el mismo», aseguran sus allegados

A Abdellah le delató la fiesta del cordero. Su asistencia a la celebración del Eid al-Abdha de hace dos años en un colegio del barrio gijonés de El Llano sirvió para que la Policía pusiese sus ojos sobre él. Fue su comportamiento y su apariencia lo que levantó las sospechas de los avezados agentes de la Brigada de Información de la Comisaría de Gijón, curtidos con cientos de horas de calle. Discretamente controlaban a los participantes en la festividad del sacrificio con la que la comunidad musulmana celebra la salvación del hijo del profeta Abraham. Era una vigilancia más en su rutina diaria para conocer a un colectivo en el que un extremista podría intentar pasar inadvertido. Como así parece haber sido.

Pero aquel día de septiembre de 2014 fue diferente. Abdellah acababa de regresar de una estancia de cuatro meses en Marruecos. El mayo anterior había comunicado precipitadamente a la dirección del colegio de La Calzada al que acuden sus dos hijos, de cinco y siete años, que no podrían acabar el curso. Un problema familiar les obligaba a viajar de forma urgente a Khouribja, la localidad del Magreb en la que el supuesto integrante del Daesh nació hace 34 años. Esa fue su versión, si bien los investigadores creen que ese desplazamiento se debió a otros motivos.

Volvió a Gijón pasado el verano, justo para que los pequeños empezasen sus clases con normalidad, la misma que él iba perdiendo poco a poco. «Desde ese viaje a Marruecos cambió de forma radical. Empezó a vestirse todo de negro, se dejó barba larga, empezó a ir siempre con gorra y ya nunca participaba de la actividades extraescolares de los niños», recuerda el padre de un alumno del mismo centro educativo. Cada vez salía menos a la calle. Ya no se dejaba ver por el barrio de La Calzada con sus hermanos ni con sus amigos de la juventud. «Siempre era su mujer la que los llevaba al colegio y al parque, con él apenas se dejaban ya ver», comenta una vecina. Es su esposa, Sofia, también de origen marroquí, la que más está sufriendo con la detención del supuesto miembro del Estado Islámico. El martes, cuando la Policía sacó al presunto yihadista del piso familiar, la joven se tiró en mitad de la carretera para impedir que el coche en el que llevaban a su marido iniciase la marcha. «¡Abdellah, Abdellah, Abdellah!», gritaba mientras realizaba gestos de desprecio a los agentes.

Se casaron hace diez años en el Magreb por el rito musulmán. Por entonces Abdellah Ouelji era un chico que, aunque mantenía las costumbres islámicas, había crecido en un entorno occidental. «Como cualquier chaval de su edad, salía con sus amigos y tenía una vida como cualquier persona de su edad», dicen sus vecinos. Llegó a Asturias con 14 años con sus tres hermanos y su madre. Su padre lo había hecho años antes y había conseguido, con la venta ambulante y un puesto en el rastro, reunir el dinero suficiente para reagrupar a su familia. Cursó sus estudios en un instituto de La Calzada. «No era muy buen estudiante y tenía problemas con el idioma, pero al margen de eso era un chico muy normal, se solía juntar con otros marroquíes y tenía una pandilla con la que salía. Acabó dejando el instituto y se puso a trabajar en la construcción», relata un compañero de aquella etapa.

Grave accidente de trabajo

Su vida laboral fue corta. En 2002, mientras trabajaba en una obra en Oviedo, se cayó desde un andamio, a una altura de un quinto piso. Sufrió graves lesiones craneoencefálicas y permaneció 22 días en coma en la UVI. Salió de aquella, «pero ya no volvió a ser el mismo», aseguraron sus allegados al abogado que le asiste en el procedimiento por el delito de terrorismo. Recibe una pensión de más de mil euros por incapacidad. Ese dinero le da para que viva su familia, pero no para costearse el viaje con el que pretendía viajar a Siria para convertirse en 'muyahidín'. A finales del año pasado el Principado le denegó una ayuda que él solicitó en nombre de sus padres. La Policía considera que con ese dinero pretendía comprar los billetes con destino a su entrenamiento para librar la guerra santa.

Mientras, continuaba en su casa de calle Venezuela, y la de sus padres en la calle Rosalía de Castro, donde, supuestamente, tenía montado un avanzado centro de operaciones de difusión virtual del terrorismo, con innovadoras medidas de seguridad para evitar ser interceptado. Incluso llegó a usurpar la conexión de internet a los vecinos, aún estupefactos por los acontecimientos. Un asombro similar al de los integrantes de la Brigada de Información de la Comisaría de Gijón, quienes tras detectar al presunto yihadista recopilar toda la información y transmitirles su supuesta peligrosidad a altas instancias recibieron la orden hace más de un año de dejar de investigar a Abdellah. El martes se enteraron por la edición digital de este periódico de la detención de su sospechoso por parte de la Comisaría General de Información y de la Brigada de Oviedo. El arresto del yihadista de La Calzada no ha dejado a nadie indiferente.