El Comercio

Marián Alonso.
Marián Alonso. / J. PETEIRO

«Mi bulto no se veía. Fue un milagro porque vi la parte derecha inflamada»

Ni siquiera por un pinzamiento del nervio ciático se pierde Marián Alonso sus clases de baile. Ella es la profesora del grupo Amanecer, el grupo de baile de la Casa de la Vida, de la Fundación Bruno Salvadori Lions. El cáncer de mama apareció en su vida cuando tenía 49 años. «Mi bulto no se veía. Digo que fue un milagro porque, cuando se iba mi marido a trabajar, vi que tenía toda la parte derecha inflamada, desde la axila hasta abajo», recuerda. De inmediato, acudió al médico de cabecera, que encontró la temida protuberancia. «Nunca antes había estado enferme; me daba mucho miedo entrar en quirófano», explica.

En un principio, los doctores pensaron que podría conservar la mama afectada, pero encontraron un segundo tumor. «Tuvieron que hacerme una mastectomía y me quitaron 19 ganglios», relata. Pasado el mal trago de la cirugía, Marián cuenta que, a los dos días, tuvo «un subidón». Y decidió ayudar a otras mujeres que se encontrasen en su misma situación. Así fue como llegó a la Casa de la Vida. Dado que bailaba desde pequeña, le ofrecieron hacerse cargo del grupo de baile. No lo dudó un instante. Su consejo para todas aquellas mujeres que están intentando superar un cáncer de mama es que se pongan en contacto con esta asociación. «Por ejemplo, les aconsejamos cortarse el pelo antes de la quimioterapia», apunta. O les indican que «hay sujetadores a los que puedes añadir relleno» para que no les pase como a ella: «Marché del hospital con algodones puestos».