El Comercio

Mati Prado.
Mati Prado. / J. PETEIRO

«Conocía a la doctora y le vi en la cara que aquello era algo malo»

A Mati Prado se le llenan los ojos de lágrimas cuando recuerda el apoyo que le brindó su familia durante su enfermedad. «Tengo una hermana gemela que lo pasó fatal porque vivía en Madrid», recuerda. Su otra mitad no se perderá el desfile que protagonizarán hoy una veintena de integrantes de la Casa de la Vida. Será a las ocho de la tarde, en la sala Albéniz. Una actividad que, por octavo año, servirá para conmemorar el Día Mundial contra el Cáncer de Mama. Mati llevaba años padeciendo mastopatía fibroquística, por lo que se alarmó demasiado cuando percibió varios bultos en un pecho.

«Me dijeron que volviera en tres meses y, para entonces -febrero de 2015-, ya se habían deshinchado», relata. Pero la doctora que le hizo la mamografía notó «una masa diferente» y le dijo que era necesario hacer una biopsia y una resonancia. «Yo, que ya la conocía, se lo vi en la cara. Sabía que era algo malo. A veces, los silencios son más elocuentes que las palabras», subraya. A las dos semanas la operaron y le quitaron el pecho izquierdo. En otra intervención posterior le quitaron doce ganglios más dos centinelas. El pasado mes de mayo, a Mati le reconstruyeron su pecho con un trozo de piel, tejidos y grasa extraída de su espalda. El año que viene, le tocará volver a pasar por quirófano para «perfeccionarlo». Mediante una liposucción en la barriga, los médicos obtendrán grasa para aplicarla en la espalda y el pecho. «Para mí, el Hospital de Jove es como mi segunda casa», destaca agradecida.