El Comercio

Maribel López.
Maribel López. / J. PETEIRO

«Me operaron por la mañana y por la tarde ya estaba en mi casa»

Maribel López es una buena muestra de la importancia de la prevención. En la primera prueba para la detección precoz, a los cincuenta años, le encontraron un bulto sospechoso. «A los quince días, me avisaron y luego pasé un mes con pruebas», señala. Pese al mazazo inicial, se considera afortunada por cómo fue el desarrollo. «Para mí, fue muy fácil el proceso. Me operaron por la mañana y, por la tarde, ya estaba en mi casa», apunta. Maribel se sometió a la intervención en el Hospital de Jarrio hace un lustro: «Solo me quitaron un trocito». Dos semanas después, la operaron del ganglio centinela con el mismo proceso ambulatorio.

«Cuando te hablan de tumor no piensas en nada más que en quitarlo», dice. Maribel se libró de la quimioterapia, aunque tuvo que pasar por más de treinta sesiones de radioterapia. «Ni me quemó ni nada», afirma. Conocía la Casa de la Vida por la prensa «porque tenía un kiosco en Navia». Le costó dar con ella, pero finalmente llegó a este lugar de encuentro de mujeres que comparten una misma problemática, matizada por sus circunstancias personales. En la asociación, la ayudaron a «empezar de cero», con una nueva vida que comenzó a construir hace tres años cuando se trasladó a Gijón, donde viven sus hijos. «Aparte de ver que yo soy una privilegiada, me enseñaron muchas cosas que no hablas. Fue como tener una gripe y no hablaba con nadie del tema», señala. Su consejo: «Que las mujeres vayan a hacerse mamografías».