El Comercio

«Fue un caos, creí que esto solo pasaba en Venezuela»

  • Una avería en el Alvia Gijón-Alicante dejó encerrados a los pasajeros tres horas y obligó a intervenir a la policía

Una avería en el pantógrafo truncó el viaje que ayer tenía programado el Alvia 04140 Gijón-Oropesa del Mar. El ferrocarril abandonó la estación de Sanz Crespo a las 14.25, como estaba previsto, y en Oviedo, Mieres y Pola de Lena fue recogiendo a los usuarios. Al llegar al intercambiador de ancho, situado pocos kilómetros antes de la estación de León, y con un alto grado de ocupación, el convoy quedó detenido en la vía. "No nos dieron explicaciones, se fue la electricidad y el aire acondicionado", recuerda María Eugenia Savino, vecina de Viesques. Juan N., un asturiano que acudía a pasar el fin de semana a Madrid, afirma que un trabajador de Renfe le reconoció que el tren había salido de Gijón ya con problemas técnicos en el pantógrafo; la zona en la que el tren quedó varado es, además de en la que cambia el ancho de sus ejes, el punto en el que tiene que adaptarse entre la corriente propia de la vía convencional (3 kilovatios en corriente continua) al de la internacional (50 kilovatios en corriente alterna).

Al sol, la temperatura dentro de los coches empezó a ascender. "Teníamos niños, un grupo del Imserso, empezamos a agobiarnos y no nos daban ni explicaciones ni agua a menos que la pagáramos", amplía Savino. Otros pasajeros señalan que ellos sí tuvieron acceso al agua. En un momento dado, los empleados de Renfe accedieron a abrir las puertas para que corriera el aire, pero instando a los ocupantes a no bajarse a las vías.

Con el paso de las horas los bocadillos y la paciencia empezaron a agotarse. Los empleados de la compañía informaron de que había un problema técnico, y de que se estaba a la espera de la llegada de otro tren para engancharse al convoy y salir del lugar. El nerviosismo provocó que los afectados llamaron a la policía. "Llegaron coches de la Policía Local y de la Nacional, y así comprobamos que teníamos cerca una carretera por la que nos podían haber sacado hasta León, que estaba cerca", lamenta Savino. La vecina de Gijón viajaba el fin de semana a Madrid con su madre, Beatriz Ramos, una venezolana que nunca antes había viajador en tren. "Yo creí que estas cosas solo pasaban en Venezuela", apreció la mujer. "Fue un caos todo", completa su hija.

Al poco de llegar los agentes, alcanzó el lugar un tren de refuerzo. Los pasajeros recogieron sus maletas y se les conminó a abandonar el tren desde el coche 9, el que había quedado parado a la altura del cambiador de ancho, lo que facilitaba hacer el trasbordo por una plataforma de hormigón, sin invadir las vías. "En el nuevo tren ya si nos dieron al menos agua a todos, el problema es que tenía menos plazas, entonces cuando llegamos a León buena parte de los pasajeros que allí seguían esperando tuvieron que hacer el viaje a Madrid de pie", describe Eugenia Savino. Según el relato de Juan N., quienes hicieron así el trayecto eran maquinistas fuera de servicio que habrían cedido sus plazas al resto del pasaje.

El convoy tenía programada su llegada a Chamartín a las 19.30, pero acumuló un retraso total de cuatro horas, lo que provocó nuevos perjuicios. "Había gente que iba a Sevilla y había perdido el enlace, otros que querían seguir hasta Alicante y a los que se estaba viendo la posibilidad de recolocar en un autobus", recuerda la afectada. La demora fue tanta que quienes tenían por destino Madrid tampoco pudieron utilizar el billete gratuito de Cercanías al que tienen derecho con su billete. La compañía, eso sí, informó a todos de que si lo solicitaban les sería reembolsado el precio del billete.