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Sergio Calleja, coordinador de la Unidad de Ictus del HUCA. / A. PIÑA

«El ictus afecta a gente cada vez más joven», alertan los médicos

  • «Hemos llegado a tener ingresado a un niño de ocho años», señala el coordinador de la unidad del HUCA, que atiende 600 nuevos casos al año

El ictus suele aparecer de repente, sin avisar, y cuando lo hace viene para quedarse. Quienes lo padecen necesitan de una ardua recuperación. Síntomas como el dolor de cabeza repentino, confusión, dificultad para hablar o entender, pérdida del equilibrio y problemas de visión los sufren unos «600 pacientes» que son atendidos al año en la Unidad del Ictus del HUCA. La dolencia tiene su origen en los vasos sanguíneos que transportan la sangre al cerebro. Cuanto estos se rompen o se taponan, irrumpe el ictus.

Sergio Calleja, coordinador de la unidad especializada del Hospital Universitario Central de Asturias, hace hincapié, junto a su equipo, en la necesidad de concienciar a la ciudadanía sobre esta enfermedad altamente invalidante pero que se puede prevenir e, incluso, evitar. Dicho especialista alerta, además, de que «cada vez es más frecuente en gente joven». Por ello, hoy, 29 de octubre, día mundial de la enfermedad, son muchos los que reivindican más inversión pública para que los nuevos tratamientos lleguen a todos los afectados y a todas las áreas sanitarias del Principado. En Asturias solo el HUCA y Cabueñes disponen de un unidad especializada.

Nadie está a salvo de sufrir un ictus. «He llegado a tener un paciente de ocho años», explicaba contundente este neurólogo. Aunque la edad habitual de los afectados supera los 65 años «todas las semanas tenemos personas de entre 40 y 45». Un dato que según este experto podría evitarse desde algo tan simple como «una buena educación en los colegios». Así pues, la alimentación y el ejercicio físico son dos de las claves. «Los niños que no cuiden eso van a tener diabetes y colesterol de adultos y esas son causas de riesgo».

Escuela de pacientes

No cabe duda de que la prevención es muy importante. Pero una vez que se produce, las secuelas que deja un ictus pueden ser «realmente graves». Es por ello que en La Cadellada todos los jueves se celebran unas charlas impartidas por la enfermera Carmen Gómez cuya misión fundamental es la de atender tanto al paciente como al cuidador. La lucha contra el ictus se ha convertido en una de las prioridades sanitarias, pues como señala Gómez realmente «con poco» se puede evitar esta dolencia.