El Comercio

«Nos lo pintaron muy mal porque el que me dio a mí fue uno de los más fuertes»

Milagros Taberna en el parque Pedro Duro de La Felguera.
Milagros Taberna en el parque Pedro Duro de La Felguera. / JUAN CARLOS ROMÁN
  • La langreana Milagros Taberna continúa luchando nueve meses después junto a su marido y sus dos hijas

El 12 de febrero de 2015 la langreana Milagros Taberna, de 60 años, se despertó junto a su marido Félix Muriel. Era un día normal, pero algo le removía por dentro. La tristeza de haber sido recientemente despedida colmaba su mente y corazón. Pero el solo hecho de pensar que su nieta sería feliz al tomar la sopa que le estaba preparando le producía algo de calma. Todo se desarrollaba con normalidad hasta que su brazo derecho empezó a fallarle cuando se disponía a coger la cuchara de madera para revolver el caldo. «Félix voy a sentarme que estoy mareada», dijo a su marido. Y sin más cayó al suelo.

«¿Señora sabe lo que le acaba de dar?», le preguntó el médico que acudió a auxiliarla tras la llamada de Félix a una de sus dos hijas. Y así comienza la historia de Milagros con el ictus, del que aún se intenta recuperar. «Cuando llegué al HUCA todo el mundo estaba muy pendiente. Mis hijas y mi marido no me dejaban sola ni un minuto». Tenían miedo a que se cayese, a que no se pudiese recuperar... Miles de cosas pasaron por la cabeza de los familiares de esta «luchadora», pero su apoyo, su constancia y fortaleza han hecho que Milagros se convierta en un verdadero 'milagro'.

«Nos lo pintaron muy mal», explica su marido. Con pena en los ojos recuerda que su mujer «no podía caminar» porque, según los médicos, le dio uno de los ictus «más fuertes» que dejó a Milagros con una «imposibilidad del 79%» y que, además, necesita siempre con ella «dos personas» que le asistan.

Milagros nació zurda, algo a lo que ahora está muy agradecida, porque gracias a eso puede comer por sí misma.

Lenta rehabilitación

No ocurre igual a la hora de peinarse, asearse o vestirse pero, por suerte, tiene a su lado al gran «ayudante de cámara», su marido, quien no solo hace la mayor parte del trabajo sino que es el que «me dibuja sonrisas cada día» mientras ambos pasean por las calles y parques de La Felguera. Unidos, siempre al lado del otro, reclaman «la ayuda de una asociación» que haga más llevadera la vida que tan «poco facilitan los servicios públicos».

«La rehabilitación es un proceso muy lento y tedioso», detalla Milagros. Aún así, ella «jamás pierde la esperanza» de poner punto y final a este trastorno que comenzó hace nueve meses y que sufren en España cerca de 130.000 personas cada año.