El Comercio

«Viajar se ha convertido en un vicio»

Paula y David, en uno de los enclaves filipinos «de postal».
Paula y David, en uno de los enclaves filipinos «de postal».
  • «A los filipinos los españoles les gustamos especialmente. Siempre nos cuentan los vínculos que tienen con nosotros»

  • La ovetense Paula Mojardín y su novio David recorren Asia con base en Manila

«Por separado ya nos atraía viajar, pero juntos se ha convertido en vicio. Una vez tuvimos la oportunidad de recorrer algunas de las ciudades más bonitas de Europa, gracias a un Erasmus en Hamburgo. Ahora, hacemos lo mismo en Asia con base en Manila». Así se presentan la ovetense Paula Mojardín y su novio, David, en su blog, 'Respirando Tierra', en el que dan indicaciones a todos aquellos que comparten su pasión nómada y, de paso, ponen los dientes largos al común de los mortales sedentarios, además de en su cuenta de Instagram: @pa.mojardin.

Allí llegaron a finales de julio, después de conocer a «una filipina encantadora» con la que hablaban inglés en la universidad. Y eligieron ese destino «porque ofrece bastantes oportunidades de trabajo a extranjeros, además de valorar mucho que hables castellano», cuenta Paula, cuyo objetivo es triple: «Aprender mucho más inglés, adquirir experiencia laboral como modelo (y no le va mal, porque ya ha firmado con una agencia y ha trabajado con una importante firma de novias) y viajar lo máximo posible a todos los destinos que podamos».

Y, entre Tailandia y Malasia, David se dedica a cursar el último año de Comercio y Marketing, que allí es Económicas, en la Universidad pública de Filipinas. Un propósito que no debe ser nada fácil en el paraíso, porque, según cuenta esta pareja enamorada, allí las «islas son de otro mundo. Son las playas y paisajes de postal, de agua templada y estrellas de mar. Cada sitio es único. Nunca apetece marcharse». Y, aunque «hay lugares bastante turísticos, existen muchas otras islas menos explotadas donde perderse. Puedes nadar en el lago del cráter de un volcán, hacer descenso de cañones en unas cascadas azul turquesa, visitar montañas repletas de terrazas de arroz, bucear en aguas transparentes con tiburones, ver animales tropicales, empaparte de culturas antiguas... Un enclave que te ofrece momentos únicos y especiales a cada vuelta de la esquina. Espectacular».

Y, todo eso, rodeados de «gente amable y acogedora, muy católica y que le da un gran valor a la familia, ¡y a la comida! A los filipinos les encanta pararte por la calle para hablar contigo, sonreírte o incluso para sacarte fotos si eres extranjero». Con una ventaja añadida, además: «Los españoles les gustamos especialmente. Siempre nos cuentan los vínculos que tienen con nosotros, desde que los colonizáramos durante 333 años. Tienen muchas palabras españolas en su lengua, el tagalo, y muchas de nuestras costumbres».

Pero no todo es turquesa en el país de Isabel Preysler. El controvertido presidente Rodrigo Duterte ha prometido que dejará de usar palabras groseras e insultos en sus discursos después de haber recibido instrucciones directas de Dios. El mismo que llamó «hijo de puta» a Obama, que ha aceptado comparaciones con Hitler, llegando a afirmar que le gustaría matar a tres millones de drogadictos, y cuya guerra contra las drogas ha causado más de 4.000 muertos en casi cuatro meses, entre narcos y policías.

«Filipinas es un país corrupto y pobre, y bajo un sistema corrupto no se puede ni empezar a aliviar la pobreza», tienen claro Paula y David, que, aunque no lo comparten, entienden por qué «la gente adora al presidente»: «Según ellos, ningún presidente hizo nunca nada real por sacar Filipinas adelante y Duterte, siendo alcalde de Davao, hizo de la ciudad más peligrosa del país la más segura. La gente estaba harta de presidentes que no se identificaran con ellos ni se preocuparan de ninguno de sus problemas». ¿No les suena familiar?