El Comercio

«Con la prueba de acceso se nos echa el tiempo encima», alertan los rectores

Santiago García Granda e Iñaki Goirizelaia (en el centro), con los representantes de la comisión de Ordenación Académica del Grupo 9 de universidades.
Santiago García Granda e Iñaki Goirizelaia (en el centro), con los representantes de la comisión de Ordenación Académica del Grupo 9 de universidades. / MARIO ROJAS
  • «Quedan cinco meses y ya no se pueden hacer cosas muy distintas», afirman en Oviedo, donde piden que se mantenga la PAU

Incertidumbre. Ésa fue la palabra más repetida por los rectores de la Universidad de Oviedo, Santiago García Granda, y del País Vasco, Iñaki Goirizelaia, que ayer presidió en Asturias la comisión sectorial de Ordenación Académica del Grupo 9 de universidades. Incertidumbre fue el vocablo que más salió a colación al hablar sobre la prueba de final de etapa de Bachillerato, que hará las veces de acceso a la Universidad. El ministro, Íñigo Méndez de Vigo, se comprometió a publicar antes del día 30 una orden ministerial que detallará cómo va a ser. «Fue un compromiso tácito», señaló Granda. A expensas de ese documento, urgen una solución. Las universidades públicas que forman parte del G9 (Cantabria, Castilla-La Mancha, Extremadura, Islas Baleares, La Rioja, Navarra, Oviedo, País Vasco y Zaragoza) han acordado que ningún estudiante tenga problemas para acceder a cualquiera de estas instituciones académicas, sea la prueba como sea, «pero hace falta unanimidad y que reconozcamos lo que hagamos en cada comunidad», porque la ley pone en manos de las autonomías la realización de esta prueba. Tras llegar a un acuerdo con la consejería, en Asturias asumirá su organización la Universidad.

En esta defensa del distrito único, Goirizelaia reclamó al ministro que «nos saque, por favor, de esta incertidumbre». El motivo es que «quedan cinco meses y tenemos que trabajar», no sin antes aclarar que la prueba de acceso no le corresponde a las universidades, en las que sí recae, en cambio, la responsabilidad de la admisión. «En los cinco meses que quedan desde enero, si tuviéramos que hacer algo, tendríamos que tenerlo muy claro. No se pueden hacer cosas muy distintas». De ahí que los rectores aboguen por que se mantenga la PAU. «Al menos, este curso». Porque, por los datos que hay (se examinarán de Filosofía de primero y habrá una prueba oral de inglés), la complejidad de la prueba es mayor. «Hay más asignaturas, más exámenes, y los programas informáticos no están al día. La incertidumbre es tan grande, que no sabemos si seremos capaces de responder», señaló el rector del País Vasco.

Prueba oral de inglés

Preguntado por la prueba oral de inglés -que Granda ve bien, «aun con sus complicaciones técnicas» -, Goirizelaia fue claro: «En nuestra universidad, hicieron la PAU 12.000 personas. ¿Se imaginan hacer 12.000 pruebas orales y atender a las reclamaciones por cómo han sido evaluados? No tendría sentido si hubiesen ido superando los niveles de inglés, pero el problema de raíz es cómo, después de pasar por el sistema educativo, no somos capaces de hablar inglés».