El Comercio

«Repartir más de nueve millones es un buen regalo»

Juan José Fernández comprueba con la bruja de la suerte si otro cupón ha sido premiado sentado en la estación de autobuses de Oviedo, donde acostumbra a vender todos los lunes.
Juan José Fernández comprueba con la bruja de la suerte si otro cupón ha sido premiado sentado en la estación de autobuses de Oviedo, donde acostumbra a vender todos los lunes. / MARIO ROJAS
  • Juan José Fernández vende el 'Cuponazo' de la ONCE y otros 23 billetes agraciados con 25.000 euros en Oviedo, Somiedo y Belmonte de Miranda

Empezó a repartir cupones de la ONCE el 22 de diciembre de hace ocho años, el día de la lotería. Casualidad o no, a Juan José Fernández González la suerte le acompaña. La mayor prueba de ello es que ha vendido el número 98538, de la serie 001, agraciado con los 9 millones de euros del sorteo del 'Cuponazo', celebrado la noche del viernes. Antes de acostarse, tiene por costumbre mirar el resultado y, en esta ocasión, casi le da un vuelco el corazón. «Imagínese», decía ayer con una amplia sonrisa. Porque, además de cambiarle la vida al propietario del 'premio gordo', también ha contribuido a alegrársela a los dueños de 23 billetes más, del mismo número, a los que les corresponden 25.000 euros por cupón. Es decir, en total, ha repartido 9.575.000 euros en su ruta habitual: la estación de autobuses de Oviedo, donde vende los lunes, y Belmonte de Miranda y Pola de Somiedo, que recorre martes, miércoles, jueves y viernes.

«Hoy (por ayer), los buenos días son mejores para unos que para otros», apuntaba Juan José. Lo primero que hizo nada más enterarse de esta buena noticia fue pensar en si había algún afortunado entre sus amigos y allegados, pero no. «De momento, nadie me llamó».

De los 24 cupones vendidos, el del 'Cuponazo' y tres más fueron expendidos a través de la máquina, mientras los otros veinte eran billetes físicos. Tan bien conoce a sus clientes, y afirma convencido que el premio no ha ido a parar a los bares de Belmonte y de Somiedo, pues hosteleros y clientes están abonados a números que no acaban en ocho.

«Seguro que ha estado muy repartido, porque la gente no compra cinco o seis cupones a la vez», apunta. Y cruza los dedos por que entre los agraciados haya un buen puñado de jóvenes. «Cada vez se incorporan más chicos y chicas de 19, 20, 22 años... y a mí me da mucha alegría, porque antes era impensable. Me motiva para trabajar y es señal de que lo estamos haciendo bien». Su ilusión es que estos premios les ayuden a «salir del paro, a empezar su vida o simplemente a acabar bien el año». Pues para ellos y para él mismo, «¡menudo fin de año!», exclama.

Precisamente, hace casi un año, el 9 de diciembre de 2005, Juan José repartió en Belmonte de Miranda otro premio de 35.000 euros, cuyo número también fue extraído de la máquina. En aquella ocasión, sí llegó a saber quién era el afortunado, quien, agradecido por haberle traído suerte, decidió entregarle una parte a modo de aguinaldo.

Su primera gran alegría como vendedor le llegó hace cuatro veranos, cuando repartía en la plaza de El Fontán, en Oviedo, en sustitución de un compañero. Entregó, entonces, 200.000 euros en ocho cupones de 25.000 euros. En ambas ocasiones, los números acababan en 1, una cifra que a él, particularmente, no le gusta, y que viene a demostrar cómo el azar no entiende de inclinaciones personales.

Langreano, de 46 años, Juan José Fernández vive en Muros de Nalón. Ayer no podía ir más feliz a ver el partido que disputaron el Real Oviedo (club del que es socio y accionista) y el Levante, líder de la Segunda División, al que los azules vencieron por dos goles a cero. Fue para él un día redondo. En la estación de autobuses de Oviedo, en Belmonte de Miranda y en Pola de Somiedo, el 'Cuponazo' fue acaparando las conversaciones a medida que fue transcurriendo el día. En el Gran Hotel Cela, donde un buen número de belmontinos se reúne para comer o tomar el vermú, la noticia hizo que muchos registraran sus bolsillos y carteras para comprobar sus cupones. Los que estaban de sobremesa echaban mano del buen humor para decir: «¡Otra vez será!». Y lo mismo ocurrió en Pola de Somiedo.