El Comercio

El Principado paga a Renfe 3,6 millones al año para abaratar el billete a los viajeros habituales

  • La compañía planea que todas las paradas de Feve tengan un dispositivo que informe en los móviles del tiempo de espera hasta el próximo tren

Las cercanías se desangran y el Principado y Renfe trabajan en medidas de suturación de bajo coste. Las operaciones de mayor envergadura, caso del plan de vías de Gijón y la conexión con el metrotrén, dependen de las decisiones que adopte el equipo de Íñigo de la Serna, el nuevo ministro de Fomento.

Entre las causas que alejan a los asturianos del ferrocarril está pagar un 25% más que el resto de regiones por viajar en cercanías. Formalmente las tarifas por zonas de Renfe son similares a las de otros territorios, pero el hecho de aplicar el precio mayor a trayectos como Gijón-Oviedo, de apenas 33 minutos de viaje, acaba exigiendo un mayor esfuerzo al cliente asturiano.

Así lo evidencian los propios informes de gestión de la compañía, que detallan cuántos viajeros captaron los trenes y a cuánto ascendió la recaudación. En Asturias, el ancho convencional (los trenes blanquirrojos tradicionales de Renfe) cosechó el curso pasado 7,49 millones de euros aportados por los 5,13 millones de títulos vendidos. El billete promedio se despachó a 1,46 euros, desembolso un 55,3% mayor al que se efectuaba en 2008.

Hay comunidades donde montarse en el tren es más económico. Según las cuentas de Renfe, el bilbaíno abona un billete medio de 0,9 euros; el madrileño se deja un euro; en San Sebastián el ingreso promedio es de 1,2, mientras que sevillanos y barceloneses aportan diez céntimos más.

Más caja con menos usuarios

En Asturias, las subidas de precio están logrando que la empresa haya incrementado su recaudación un 4,9% entre 2013 y 2015, a pesar de perder un 8,5% de pasaje. Es decir, cada vez menos clientes pagan más. Esta política provoca que cada año la diferencia de precio entre el sencillo del autobús y el de Renfe aumente, desalentando así al uso del ferrocarril.

La voluntad del Principado por impulsar el transporte público le obliga a ejercer de contrapeso. A través del Consorcio de Transportes subvenciona el 'billete único', una tarjeta roja que funciona como abono a precio reducido para cualquier transporte público. Un asturiano que quiera desplazarse hoy entre Gijón y Oviedo paga 3,4 euros por un billete en Renfe y 2,45 si va en Alsa. De adquirir el Bono 10 del consorcio, obtendrá por 21 euros el derecho a diez desplazamientos, con lo que le sale a 2,1 cada uno independientemente de que recurra al tren o al autobús.

Cofinanciar esta rebaja exige al Principado indemnizar a Renfe por los ingresos que deja de cobrar. En 2015 las arcas regionales transfirieron 3,6 millones al operador, en función del convenio del billete único. La subvención fue un 33,4% mayor a la del ejercicio precedente, y todo apunta a que todavía deberá estirarse más.

El motivo es que el próximo año se pondrá en circulación un abono joven, en cumplimiento del acuerdo de investidura entre socialistas e IU. También se están renovando las maquinas que recargan el billete para permitir la recuperación de los derechos caducados al mes de su adquisición. Por de pronto, el borrador presupuestario que el Ejecutivo regional ha ofrecido a los partidos incrementa en unos 300.000 euros la transferencia al consorcio desde la Consejería de Infraestructuras.

20 maquinistas en prácticas

Renfe, por su parte, se está aplicando por solventar el cóctel de factores que provocó que este verano hubiera más de un centenar de trenes de Feve cancelados sin previo aviso. En estos momentos tiene a veinte maquinistas en periodo de formación, con la intención de que se incorporen a las líneas asturianas a inicios de 2017. El establecimiento de retenes de fin de semana y festivos en los talleres de El Berrón también ha permitido acortar los plazos para reparar las unidades que necesitan de mantenimiento.

La compañía planea también lanzar una actuación que impediría a los clientes del ancho métrico quedarse en las estaciones sin información sobre el próximo tren. Consiste en instalar en las paradas etiquetas con código QR y NFC, lo que permitiría que, al pasar el teléfono móvil sobre ellas, el usuario pueda «consultar los horarios de los trenes en tiempo real», según explica la compañía. En ancho convencional, avanza en un plan de inversiones que inyectará diez millones en tres años. El desembolso ha permitido hasta ahora recrecer los andenes de Puente Los Fierros, La Frecha, Campomanes, La Cobertoria, Pola de Lena, Villallana y Santullano. y Serín.