El Comercio

Carlos Paniceres.
Carlos Paniceres. / MARIO ROJAS

«Antes no había 112 y te llamaban a casa para pedir una ambulancia»

  • Carlos Paniceres, Consejero delegado de Transinsa

  • La empresa concesionaria del servicio de transporte sanitario celebra sus diez años de vida con el reto de «garantizar que todos los traslados sean perfectos»

De orígenes «muy humildes», Carlos Paniceres (1969, Priandi) recuerda con «orgullo» esa pequeña aldea de Nava donde lo aprendió todo. De su madre -limpiadora y la primera mujer conductora de ambulancia de Asturias- y su padre -taxista- aprendió los valores de «esfuerzo, compromiso y trabajo». «Ellos se turnaban con la ambulancia, por eso sé de dónde vengo y sé que el trabajo no se regala». Trabajo que cuida con mimo pues está a cargo de la flota de ambulancias que atiende alrededor de «mil pacientes al día en Asturias». Desde hoy y hasta el sábado, Transinsa celebra unas jornadas para conmemorar sus primeros diez años de andadura en la región.

¿Qué supone estos diez años?

Un orgullo. Esta gran empresa se constituyó a partir de otras cinco entidades previas. Somos la segunda generación de transporte sanitario porque nuestros padres ya empezaron con el tema de las ambulancias en 1976. Y eso fue creciendo hasta que en el año 1999 se planteó que fuera todo una misma unidad. Tenemos que agradecer a nuestros padres el relevo. Hemos estado los últimos dieciocho años en un negocio de 365 días durante 24 horas, que no te permite nunca estar desconectado.

¿Qué le dicen sus padres ahora?

Bueno, están muy orgullosos, pensar que empezamos con esa primera ambulancia 3707-P que fuimos a buscar a Valencia el día del referéndum de la Constitución. En mi casa siempre hubo sacrificios porque nunca teníamos vacaciones. De aquella no había 112, te llamaban a casa para pedirte la ambulancia. Cuando naces y creces en este sector, sabes de dónde viene.

¿Con cuántos vehículos empezaron y cuántos tienen ahora?

Empezamos con 130 vehículos y una plantilla de 180 personas cuando éramos la UTE. Todavía estaban sin desarrollar muchas cosas... Actualmente, Transinsa tiene 220 vehículos y 400 trabajadores.

¿Fueron difíciles los inicios?

Sí, sí. Primero había que aunar criterios. Además, era gente sin formación. Mi madre fue la primera mujer que condujo una ambulancia allá por el año 1978. En aquel momento ver a una mujer en una ambulancia llamaba la atención. Y a partir de ahí, fue todo un proceso. Nosotros hemos intentando modernizarnos y eso fue difícil porque las cinco empresas tenían culturas distintas. Aún así, llevamos catorce años muy bien. Somos un modelo de funcionamiento a seguir.

¿Se puede decir que lo más complejo de esta década fue el traslado al nuevo HUCA?

Sí, como evento concentrado ha sido ése. Pero para nosotros lo más complejo es tener que responder y dar servicio a cualquier hora del día y cuando menos te lo esperas. El problema es mantener un servicio que está muy expuesto a la sociedad porque, como decía recientemente, podemos hacer 360.000 traslados perfectos, pero si fallamos en uno, a la población le queda grabado ese fallo. Garantizar que todo sea perfecto es muy difícil. Yo creo que ese es nuestro reto diario.

¿Qué espera un paciente cuando llega la ambulancia?

Si es un paciente del día a día me imagino que lo primero que espera es un buenos días y una sonrisa. En una urgencia, espera sentirse acompañado y protegido. Sin duda, necesita tranquilidad y confianza de las personas que le están evacuando.

¿Con qué se queda de estos diez años de trabajo?

Si tuviera que elegir me quedo con el trabajo diario que hacen nuestros técnicos y el haber conseguido la dignificación de su profesión porque a veces no se valora lo suficiente. No me gusta decir que Transinsa es mi obra porque es el resultado de mucha gente. Lo mejor que tiene esta empresa no son ni sus directivos, ni sus medios, son las personas que hacen posible que todos los días hagamos esos servicios diarios.