El Comercio

Educación recupera la Selectividad y deja las reválidas sin efectos académicos

El ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo, al inicio de la Conferencia Sectorial de Educación celebrada en Madrid.
El ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo, al inicio de la Conferencia Sectorial de Educación celebrada en Madrid. / EFE
  • Un decreto ley modificará en breve la LOMCE y paralizará 'sine die' la puesta en marcha de todas las pruebas de final de etapa

Las reválidas de ESO y Bachillerato no se implantarán ni en este curso ni en los siguientes. El Gobierno, tras tres años de guerra educativa, cedió ayer a las exigencias de la oposición, las autonomías y toda la comunidad escolar, que han protagonizado revueltas parlamentarias, recursos judiciales y hasta tres huelgas en las aulas en busca de la derogación de los puntos más polémicos de la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), que en 2013 el PP les impuso con su mayoría absoluta.

El ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo, pactó con su homólogos autonómicos, reunidos durante hora y media en la Conferencia Sectorial de Educación, el contenido de un decreto ley que el Consejo de Ministros aprobará de inmediato, que modificará la LOMCE y paralizará 'sine die' la puesta en marcha de las reválidas de cuarto de la ESO y de segundo de Bachillerato que la norma ordenaba implantar este curso.

Quedarán paralizadas «hasta la entrada en vigor de la normativa resultante del pacto de Estado por la educación», dirá el decreto, que es tanto como reconocer que «las reválidas ya son historia», según el consejero de Educación cántabro, Ramón Ruiz, portavoz de las ocho comunidades socialistas, que consideró el acuerdo «un gran éxito». Fueron las mismas palabras que empleó el titular de Educación y Cultura en el gobierno del Principado para resumir el encuentro con el ministro en Madrid. Genaro Alonso salió de esa reunión «satisfecho» por «un éxito sin precedentes».

«Hemos visto en el ministerio otro talante, otra disposición al diálogo y también por nuestra parte hemos sido flexibles y comprensivos», resumió Alonso, al tiempo que se mostró esperanzado con que «éste sea el preludio de una nueva etapa» que concluya en un pacto social y político por la Educación. «Prácticamente todas las comunidades hemos estado de acuerdo en estas modificaciones a través de este Real Decreto Ley», apuntó el consejero asturiano.

Sin valor académico

Las polémicas pruebas ya no verán nunca la luz tal y como fueron diseñadas por el anterior inquilino de Educación, José Ignacio Wert, como unas reválidas de etapa sin cuya aprobación no se obtendrían los títulos. El Gobierno, ahora en minoría parlamentaria, cede casi por completo, renuncia a su valor académico y a su implantación. Acepta que las pruebas de final de etapa de tercero y sexto de Primaria -ya implantadas- y de cuarto de la ESO -sin implantar- se queden en una mera evaluación diagnóstica y «muestral» del sistema, que solo tendrán que hacer un número reducido de los centros educativos en cada comunidad, sin reflejo alguno en el expediente. De hecho, el ministro se comprometió a retirar los recursos contra las autonomías que se negaron el curso pasado a implantar las reválidas de Primaria. De igual manera, el decreto convierte la reválida de Bachillerato en una simple prueba de acceso a la Universidad.

El Ejecutivo de Mariano Rajoy, que el viernes claudicó y se mostró dispuesto a «sustituir» la LOMCE por otra ley educativa, como único camino de evitar que la oposición le imponga una reforma y de poder buscar el primer acuerdo de Estado educativo de la democracia, cumple ahora con la segunda exigencia de la oposición para caminar hacia el pacto: paralizar las reválidas.

La prueba final de segundo de Bachillerato, según el pacto de la Conferencia Sectorial, será definitivamente igual que la PAU: un simple examen de selectividad. Ni habrá por primera vez preguntas orales en el examen de lengua extranjera, ni preguntas tipo test en el resto de materias -ambos aspectos quedarán a elección de las comunidades autónomas, que no piensan utilizarlos-, ni más número de exámenes, ni asignaturas de primer curso, ni pruebas adicionales para poder entrar en cada universidad.

La prueba solo la tendrán que realizar los alumnos de segundo de Bachillerato que deseen ir a la Universidad y no afectará a la obtención del título del ciclo. Constará de seis exámenes (siete si es comunidad con lengua propia), las tres troncales generales de segundo -Historia, Lengua y Literatura y primer idioma extranjero-, la troncal de modalidad -Matemáticas, Latín o Arte-, y dos de las que hayan elegido como opción en su modalidad. Así, de las previsiones iniciales del ministerio se cae el examen de Filosofía -asignatura que la mayoría de autonomías solo imparte en primer curso- y el que iban a hacer los alumnos con una específica de su elección.

De los seis exámenes solo contarán para acceder a la Universidad las cuatro troncales generales. Se podrá estudiar un grado con un 4 en el conjunto de la prueba siempre que la media con el Bachillerato (que representa el 60% de la nota) sume 5. Las dos materias opcionales -como ocurría con los exámenes voluntarios en la PAU- solo servirán para subir nota, para tener mayores posibilidades de lograr plaza en la carrera elegida, pero no bajarán la general. Los cuatro primeros exámenes fijarán la nota en el tramo de 0 a 10 y los dos de opción en el 10 a 14.

De igual manera, se mantendrá el distrito único universitario nacional. Será la nota final de la prueba de Bachillerato la única que permita o no el acceso a cualquier estudio de cualquier autonomía. No habrá otros exámenes adicionales por parte de las universidades.

Los exámenes de acceso los confeccionarán y realizarán las universidades en coordinación con las comunidades autónomas a partir de las directrices de contenidos obligados y valoraciones marcadas por el Ministerio de Educación

Otras modificaciones

El decreto también contempla otra dos modificaciones de la LOMCE exigidas por el PSOE. La primera, que los alumnos de FP básica puedan titularse en ESO, siempre que sus profesores certifiquen que han alcanzado los objetivos y competencias de ese ciclo, sin tener que presentarse ni aprobar la reválida de Secundaria. La segunda, que el título de ESO será único, sin apellidos, con independencia del itinerario de asignaturas que se haya elegido, por lo que ya no condicionará de forma alguna la continuación de los estudios.