El avilesino Juan Antonio Salgado, en Ankara.
El avilesino Juan Antonio Salgado, en Ankara.

«No tengo miedo, pero sí cautela»

  • Juan Antonio Salgado trabaja en los proyectos ferroviarios de Siemens en Ankara

  • «Una reunión que en España duraría treinta minutos en Turquía puede ser de dos horas y media», cuenta este ingeniero avilesino

Cuando el ingeniero avilesino Juan Antonio Salgado, hijo de un conocido comerciante de la comarca, llegó a Ankara (hace ya un año y medio) como delegado de Siemens España para varios proyectos ferroviarios de la multinacional en Turquía tuvo una primera reunión de trabajo. Y, cuando su interlocutor -un empresario del sector- lo vio, no daba crédito a su juventud. «Bromeó llamándome 'the Kid Manager' ('el Niño Jefe'). Creo que se esperaba a alguien mayor. Es verdad que es mucha responsabilidad para alguien de 33 años, pero soy un 'niño' ya con cierta experiencia y, sobre todo, muchas ganas».

Salgado dejó su Avilés con 18 años para estudiar en la Universidad Europea de Madrid y acumula tres carreras: «Soy Ingeniero Industrial, Ingeniero de Telecomunicación y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas». Y, además de «echarle muchas horas» a los estudios, en su currículum figura su trabajo en varias empresas y hasta una estancia en Suecia. Así toda su vida adulta: «Son ya casi 15 años fuera de casa. Hacer maletas es pesado, pero te llegas a acostumbrar. A eso, a los aviones y a los hoteles. Cuando estas una temporada sin viajar, al final, lo echas de menos».

A base de mucho esfuerzo ha llegado a este país a medio camino entre Asia y Europa, después de que la Administración Ferroviaria de Turquía adjudicase al consorcio liderado por Siemens Rail Automation el proyecto del trazado Bandirma-Balikesir-Manisa-Menemen, «una línea ferroviaria en la costa oeste de Turquía, de unos 300 kilómetros de longitud y con un presupuesto de ejecución aproximado de 70 millones de euros».

Es ese abrazo entre dos continentes -cuenta- un lugar donde «se vive bien, con gentes de carácter mediterráneo y bastante abierto, aunque un país aún desconocido» pese a acoger a cuarenta millones de visitantes al año. Y Ankara, «la capital real, donde están todas las embajadas y las instituciones gubernamentales».

Rodeado de extranjeros como él, el escollo más importante para relacionarse con los locales es el idioma, porque «el nivel de inglés a pie de calle es muy bajo, casi nulo». Y lo mismo ocurre al tratar con representantes del Gobierno turco, «donde las personas que ocupan puestos de responsabilidad suelen ser mayores, así que las negociaciones suelen hacerse en la lengua local».

Conclusión evidente: «El idioma limita. Los internacionales no solemos dominar el turco, hay cosas que uno no puede hacer por sí mismo y para las que dependo de mi asistente. Es alguien de mi total confianza que me ayuda tanto para las citas de trabajo como para temas personales». Y la prueba es que una reunión que en España duraría treinta minutos en Turquía puede ser de dos horas y media. «Normalmente se hacen con traducción simultánea inglés-turco y siempre se comienzan compartiendo el famoso 'çay' (el té nacional)», resume el delegado de Siemens Rail Automation en Ankara, quien lidera un equipo de proyecto de unas cien personas entre empleos directos e indirectos.

Por lo demás, los días discurren con mucho trabajo. «Mi disponibilidad es prácticamente de 24 horas al día, siete días a la semana», admite este avilesino que vivió en directo el Golpe de Estado del pasado mes de julio. «Ankara fue el centro del golpe. Yo me encontraba en un evento en la Embajada de Canadá y, de repente, empezaron los estruendos que provocaban los aviones del ejército turco sobrevolando la ciudad y los bombardeos sobre el Parlamento y el Palacio del Presidente Erdogan. Al poco tiempo, declararon el toque de queda y nos encerramos en casa. Pasamos una noche mala, con mucha incertidumbre».

Sin embargo, el asturiano no se ha dejado amilanar por los atentados: «El último ocurrido en Ankara preveía que podía suceder. A través de contactos en las distintas embajadas tenemos acceso a ciertas informaciones y parecía que era inminente. Lógicamente, no se sabía dónde ocurriría exactamente. No tengo miedo, pero la situación se está complicando y sí que ahora me muevo con más cautela y tomo precauciones, sobre todo en los desplazamientos. Sé que no va a ocurrir todos los días, pero, desgraciadamente, tampoco creo que se hayan terminado. Espero equivocarme».