«Hay pacientes que llevan más de doce años con un corazón artificial»

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El cirujano Jacobo Silva, en la hemeroteca de EL COMERCIO, muestra el dispositivo del corazón artificial como el que se implantó el pasado 1 de marzo por vez primera a un paciente en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). / DANIEL MORA

  • Jacobo Silva, jefe de Cirugía Cardíaca del HUCA

  • «El enfermo nos confesó que tras el implante pudo dormir por primera vez en muchos años». Julio, sierense de 44 años, recibió el alta el viernes

Julio ya no se cansa al caminar unos pocos metros y no tendrá que echarse a dormir con dos y tres almohadas para poder conciliar el sueño, algo que conseguía solo a ratos. El 1 de marzo, este sierense de 44 años se convertía en el primer asturiano en recibir un implante de corazón artificial en el Hospital Universitario Central de Asturias. Fue una operación sin precedentes en la región y la sexta de este tipo en el país. El pasado viernes, Julio P. R., fue dado de alta y gracias a una bomba centrífuga que lleva en el interior de su tórax dejará de ingresar constantemente en el hospital, a donde cada poco le llevaba su maltrecho corazón. Tras la histórica intervención, Jacobo Silva (Segovia, 1969), jefe de Cirugía Cardíaca del HUCA, que dirigió el proceso, detalla en exclusiva a EL COMERCIO cómo es ese pequeño aparato que ha permitido que Julio, y seguramente otros muchos pacientes coronarios, disfruten de una segunda oportunidad.

¿Cómo es el corazón artificial?

En realidad no se trata de un corazón como la gente se imagina sino de un dispositivo de asistencia ventricular, popularmente conocido como corazón artificial (lo muestra sobre su mano). Tiene varias partes, la fundamental es una bomba centrífuga que impulsa la sangre y que asiste al corazón izquierdo.

¿Y cómo le asiste?

Una de las válvulas va conectada a la punta del corazón y recoge la sangre, que pasa luego por la bomba y es impulsada a través de un tubo sintético. Ese tubo se conecta a la aorta y de esta forma asiste al corazón izquierdo. Como es un sistema que necesita energía, se abre un camino por debajo del abdomen del paciente, del que sale un cable al exterior. El cable se conecta a una batería externa recargable y a una consola que controla el funcionamiento del equipo.

¿Cómo eran los primeros aparatos de este tipo?

Eran bastante más grandes, por lo que había que alojarlos fuera del paciente. Los llevaban como si fueran una mochila o un bolso.

¿El que se implantó al sierense de 44 años dónde se le puso?

En el tórax, debajo de la cavidad del corazón.

¿Cuánto tiempo puede vivir un paciente con esa bomba?

En principio, en España solo están aprobados como una técnica puente al trasplante. Es decir, en pacientes que llevan mucho tiempo esperando por un trasplante y cuya situación es muy delicada. En otros países se usan como solución definitiva. Hay constancia de enfermos que han vivido más de doce años con un corazón artificial.

¿A qué enfermos va dirigido?

Pacientes con insuficiencia cardíaca izquierda terminal, en fase muy avanzada, y en los que la medicación u otras medidas no hayan sido suficientes. Además, deben estar en lista de espera para trasplante.

¿Cuánta gente participó en la operación del pasado día 1 en el HUCA?

Muchas. Para poder llevar a cabo este tipo de intervenciones es fundamental el trabajo en equipo y seleccionar muy bien al paciente que se va a beneficiar de la técnica que, además, es muy costosa. El gasto total, incluida la formación profesional, ronda los 90.000 euros por operación. Fue un proceso en el que participaron múltiples profesionales.

¿En cifras, cuántos?

Unos 120 profesionales.

¿Más que para un trasplante?

Sí, algo más. Por eso es importante prepararse de forma meticulosa. De hecho, el día anterior hicimos un simulacro. Nos sentimos muy orgullosos del trabajo en equipo y me gustaría reconocer públicamente la labor del doctor César Morís, responsable del Área del Corazón del HUCA, que ha conseguido esa sintonía.

¿Qué es lo más difícil en este tipo de operaciones?

El problema fundamental es que haya sangrado. La operación requiere hacer un agujero en el corazón y hay que suturarlo a la aorta. Esas líneas de sutura pueden sangrar, por eso la técnica tiene que ser precisa.

¿Cómo era la vida del paciente antes de recibir el corazón artificial?

Era un paciente que ingresaba de forma continúa en el hospital para medicación intravenosa. Tenía muy mala calidad de vida.

¿Y cómo está ahora?

Nos confesó que tras el implante consiguió dormir por primera vez en muchos años. Poco a poco irá haciendo una vida normal, no podrá hacer deporte de élite (risas) pero podrá viajar y llevar una vida normalizada.

¿Necesitará acostumbrarse a su nuevo corazón de metal?

Necesitará readaptarse e ir aceptando su nueva situación. Pero cuando pasas de una situación mala a una mejor, la adaptación es más fácil.

¿Estas bombas se convertirán en una alternativa al trasplante?

Hay que recordar que los trasplantes de órganos inicialmente fracasaron. El primer trasplante de corazón lo hizo el doctor Barnard en 1968 y fue un fracaso. Hasta 1980, cuando aparecieron los inmunosupresores, no fue una terapia eficaz. Por eso hay que tomarlo todo con cautela.

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