El Comercio

La Universidad de Oviedo, a la cola en la solicitud de patentes

Investigadores en el laboratorio de Genética de la Facultad de Medicina de la Universidad de Oviedo.
Investigadores en el laboratorio de Genética de la Facultad de Medicina de la Universidad de Oviedo. / MARIO ROJAS
  • Entre 2005 y 2015 se pidieron 84, lo que la sitúa en el puesto 26 de los 36 centros públicos del país. El año pasado se presentaron nueve

Un total de 84 patentes solicitadas por la Universidad de Oviedo en un periodo de diez años (entre 2005 y 2015), frente a las 514 de la Politécnica de Madrid, las 383 de la Politécnica de Catalunya, o las 368 de la Universidad de Sevilla. La institución académica asturiana, según los datos de la Oficina Española de Patentes y Marcas, es una de las que cierra el listado de peticiones de registro de invenciones de las universidades públicas nacionales. Concretamente ocupa el puesto 26 de un total de 36. A lo largo del año pasado, fueron nueve las solicitadas, de las que tres tuvieron extensión internacional. «Las patentes recaen sobre invenciones a nivel mundial susceptibles de aprovechamiento industrial, por lo que su obtención constituye, en principio, la confirmación del éxito de la labor de la investigación que está llamada a desarrollar cualquier universidad», afirma el profesor de Derecho Mercantil Luis Piloñeta.

Partiendo de esa premisa y a tenor de los datos, entonces, ¿cabría pensar que ese éxito es escaso en la Universidad de Oviedo? ¿Esa baja cifra de patentes demuestra una desconexión entre la institución y la empresa? La respuesta la tiene muy clara el director del Área de Cooperación con la Empresa, Enrique Covián: no. Para empezar, asegura, la comparativa de las cifras, para tener un análisis equitativo debería hacerse únicamente con «universidades generalistas de nuestro mismo tamaño. Las politécnicas, con mayor investigación aplicada, y las de un tamaño superior, con mayor capacidad investigadora, obtendrán más resultados que puedan ser potencialmente patentables».

El análisis de Covián de los datos del centro asturiano también remarca que esa relación con el ámbito empresarial, vía transferencia de conocimiento, no solo se centra en patentes. Se plantean en este sentido otras vías más fructíferas como la creación de spin-off, la movilidad de personal investigador entre el sector público y el privado y la investigación colaborativa o por contrato. «Las empresas parecen preferir más esta última como forma de colaboración con la Universidad que la licencia de patentes», asevera.

Por campos de aplicación, las patentes que plantean los investigadores de la Universidad de Oviedo se orientan, fundamentalmente, al ámbito de la protección y mejora de la salud (el 37% de las solicitadas entre 2006 y 2016) y al de la producción y tecnología industrial (el 24%). Otra cifra destacada: el 13% se orienta la control y cuidado del medio ambiente.

Por cierto que en ese mismo periodo, 2006-2016, el número de patentes concedidas a la universidad asturiana fue de 96, siendo 2010 el año donde más cuajaron, con un total de 18.

Licencias

El nivel de concesión en licencias de patentes de la Universidad de Oviedo, es decir, la cesión de los derechos de explotación de la misma a un tercero, ha descendido, desde las diez contabilizadas en 2010 (cuatro de patentes propiamente dichas y seis de software), hasta una el año pasado. La mayor parte de las empresas licenciatarias están ubicadas en nuestra región. Solo cuatro de las licencias de patentes de la institución académica asturiana concedidas en ese periodo 2006-2016 salieron de España.

En cuanto a ingresos efectivos en el año por ellas, los datos facilitados por la Universidad de Oviedo apuntan una oscilación entre los 50.000 euros que entraron en 2006 por patentes y los 73.500 euros que lo hicieron al año siguiente por software, a los 16.098 euros ingresados el año pasado (7.770 de ellos por patentes). El ejercicio con menor recaudación fue el 2009, con apenas 580 euros.

¿Cuál es principal objetivo de las patentes? Fundamentalmente fomentar la innovación e incentivar el desarrollo económico. Pero para innovar, dice el personal universitario, hacen falta ayudas y un entorno económico favorable. «La contracción de la actividad empresarial ha incidido negativamente en la contratación de muchos proyectos de investigación. El extraordinario recorte de ayudas públicas en I+D ha hecho el resto», señala Luis Piloñeta.

Entonces, ¿qué hay que hacer para que la innovación en Asturias no se quede en una entelequia? En opinión del profesor de Derecho Mercantil, hay que poner en contacto a los investigadores con los empresarios porque, aseguran, universidad y empresa «no suelen ir de la mano». «Muchos empresarios no están dispuestos a asumir los riesgos propios de la inversión en innovación porque realmente no creen en ella. Mientras los jóvenes investigadores universitarios concentran la mayor parte de sus esfuerzos en tratar de conseguir una plaza estable y los menos jóvenes apuestan por la publicación de artículos», añade.

Es precisamente esa mayor valoración de las publicaciones frente a las patentes una de las razones más poderosas por las que ha cambiado la actitud de los investigadores. El catedrático emérito de la Universidad de Oviedo, Alfonso Fernández Canteli, instaba en este periódico al ministerio a «cambiar su política». «De la misma manera que los ingenieros hace 30 años no publicábamos y nos convencieron para ello, ahora es el momento de dar más valor a las patentes y a la innovación tecnológica». Y en esa misma línea se expresa Enrique Covián: «Una mayor valoración de las actividades relacionadas con la transferencia de conocimiento en el currículo del investigador incentivaría a realizar actividades con mayor impacto en transferencia».

Piloñeta, por su parte, plantea «una reforma en profundidad de los actuales sistemas de estabilización y promoción del profesorado. Es menester también otorgar prevalencia a la investigación y el conocimiento útiles sobre las demás manifestaciones del conocimiento».

Nueva ley de patentes

Existe otro problema añadido a la falta de apoyo económico a la innovación universitaria: la aplicación de la nueva ley de patentes. Para Luis Piloñeta, la apuesta por «patentes fuertes hará más difícil la obtención en el futuro de estos títulos de propiedad industrial». Asegura que el impacto de la reforma solo podrá contrarrestarse «trabajando más y de un modo más eficiente. Es necesaria una mayor implicación de la Universidad en la mejora de los procesos económicos en general y empresariales en particular. La patente no puede concebirse como el resultado de un trabajo de investigación aislado ni como la idea feliz de un investigador».

Enrique Covián, sin embargo, no coincide con ese diagnóstico de dificultad. Para rebatirlo acude a análisis «que indican que las patentes solicitadas en España por instituciones públicas son las que mejores Informes sobre el Estado de la Técnica presentan». Asegura, además, que esa nueva ley permitirá acabar con las denominadas patentes curriculares, lo que contribuiría a reforzar el sistema y no se perderían tiempo ni recursos en intentar proteger algo que no serviría para poder ser transferido al tejido productivo».

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate