El Comercio
Claudio de la Vega, uno de los tres integrantes del equipo de investigación de delitos contra el medio ambiente e incendios del Seprona de la Comandancia de Gijón fotografía un tronco calcinado en Ruedes. Aquí se inició el fuego declarado el pasado 10 de marzo.
Claudio de la Vega, uno de los tres integrantes del equipo de investigación de delitos contra el medio ambiente e incendios del Seprona de la Comandancia de Gijón fotografía un tronco calcinado en Ruedes. Aquí se inició el fuego declarado el pasado 10 de marzo. / FOTOS: LUIS SEVILLA

Tras la huella del fuego

  • La Guardia Civil ha dado ya con seis sospechosos este año. En 2016, los investigados y detenidos fueron 39 y «casi ninguno es reincidente»

  • Agentes del Seprona investigan los 254 incendios del pasado marzo, la inmensa mayoría provocados. «Conocer el origen es fácil, lo complicado es dar con el autor»

Todo fuego deja su rastro. En el tallo de una gramínea, en una roca, en el tronco de un árbol... Solo hay que saber observar e interpretar las huellas que dejaron las llamas a su paso para llegar al lugar en que el prendió la chispa. Peinar el terreno con los ojos muy abiertos para poder determinar en qué medida el viento o la orografía ayudaron a su propagación. Claudio de la Vega y Jesús Cabrero llevan años, décadas, haciéndolo. Junto con el cabo José Manuel Montes integran uno de los dos equipos de investigación de delitos contra el medio ambiente e incendios con los que el Seprona cuenta en Asturias.

Entre sus muchos cometidos tienen ahora que aclarar las causas y la autoría de 145 de los 254 incendios declarados en Asturias en apenas dos días durante el pasado mes de marzo, los que quemaron masa forestal en concejos de la demarcación de la Comandancia de Gijón. Es una tarea en la que también participan las trece patrullas del Seprona en Asturias y en la que colaboran estrechamente con las cuatro Brigadas de Investigación de Incendios Forestales (Bripas) del Principado. De momento, los agentes del Seprona llevan investigados un diez por ciento. Catorce incendios de los que han conseguido identificar a los presuntos autores de cuatro.

Sobre el terreno, determinar la zona del inicio del fuego «es relativamente fácil». Las pruebas perduran meses, aunque en los días posteriores al incendio haya llovido o nevado sobre el terreno abrasado.

Lo difícil es «saber quién estuvo allí y cuándo». Y poder demostrarlo. Porque «es complicado que haya testigos» y suele ocurrir que la colaboración ciudadana es «escasa». Hay miedo, se temen represalias por denunciar al vecino... Por eso las detenciones se basan principalmente en indicios. El año pasado se llevaron a cabo 39 en toda Asturias. La mayor parte por los incendios de diciembre de 2015, cuando otra oleada de incendios (se registraron 364 entre el 19 de diciembre y el 3 de enero) asoló Asturias de Oriente a Occidente.

Como ocurrió entonces, también ahora existe la certeza de que «el 98%» de los fuegos declarados el pasado mes de marzo fueron intencionados y que, de ellos, «fácilmente el 90% se producen por quemas originadas por ganaderos para limpieza de monte y regeneración de pastos», constata el teniente Avelino Torres, jefe de sección del Seprona de Gijón. Lo que no suele ser habitual es que entre los detenidos por estos hechos haya reincidentes. «Quizá porque saben que, si se les condena una segunda vez, sí ingresarían en prisión», plantea.

Intereses madereros, de caza, rencillas entre vecinos o la acción de un pirómano también se cuentan entre las causas de incendios forestales provocados por la mano del hombre en el Principado. Los motivados por rayos o negligencias son los menos. «Yo no he visto nunca ningún fuego iniciado por una colilla», pone como ejemplo Claudio de la Vega, que señala que «es más peligroso el cristal, sobre todo el culo de las botellas», si sobre él inciden directamente los rayos solares.

Inspección

Lo explica en una pista de la parroquia gijonesa de Ruedes, adonde el equipo de investigación se ha desplazado para comprobar un incendio que el pasado 10 de marzo quemó una extensión aproximada de 8.000 metros cuadrados de monte bajo. La inspección del terreno comienza en la zona más próxima a la pista, desde donde ese día los bomberos atacaron el fuego hasta conseguir reducirlo. Es precisamente a partir de los partes del 112 -que el Seprona recibe a diario- como tienen conocimiento de la mayor parte de los incendios. De otros, los más pequeños, pueden saber a través del testimonio de testigos o, como ocurre en ocasiones, por pura casualidad.

Jesús Cabrero y Claudio de la Vega empiezan a peinar el monte por una zona abierta en la que la vegetación ha crecido de forma rápida. Ya son visibles helechos jóvenes de casi un metro de altura. Pero una tierra ennegrecida y el olor a quemado, que aún perdura cuatro semanas después, evidencian el rastro de las llamas. «El fuego pasó muy rápido. Hay cosas que no ha tocado», indica en una primera apreciación Claudio de la Vega que, a continuación se agacha para observar unos troncos carbonizados. «El fuego venía de abajo. Tenemos que bajar más», insta a su compañero.

«Aquí le metió»

Inician el descenso sin dejar de examinar el terreno y varios minutos después hallan lo que estaban buscando. «Aquí le metió», dice Claudio señalando el tronco de un árbol. Punto de inicio localizado. Unos metros más allá Jesús Cabrero identifica otros dos focos más. Están en paralelo a una zona de paso relativamente sencilla que luego se pierde en una masa de árboles. «Probablemente quien fue no confiaba en que el árbol prendiera suficiente y decidió meterle fuego también aquí», sentencia Jesús Cabrero. Favorecido por un fuerte viento, la pendiente del terreno y la presencia de abundante matorral seco, las llamas se propagaron con facilidad y rapidez monte arriba. Los agentes del Seprona no encuentran indicios de que se hayan empleado mechas o acelerantes. No suele ser lo habitual. En la mayor parte de los incendios provocados en Asturias basta un mechero. En este de Ruedes, como en otros tantos, «el objetivo está claro: limpiar el monte de matorral y generar pastos».

El siguiente paso es tratar de localizar «al propietario de la parcela o a quien la esté llevando, porque normalmente son los más interesados». Es un hilo del que empezar a tirar para tratar de dar con el autor del incendio. Sin duda, la parte más difícil de la investigación.

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