Asturias abre la temporada de salmón con preocupación por el estado de los ríos

    Dos pescadores practican la modalidad de pesca sin muerte en el río Narcea.
    Dos pescadores practican la modalidad de pesca sin muerte en el río Narcea. / I. G.
    • Los bajos niveles de agua de los cauces y la existencia de obstáculos que pueden dificultar el remonte de la especie empañan el inicio de una campaña que cuenta con de 8.800 licencias

    Asturias tendrá campanu el domingo. Pescadores y ribereños se muestran convencidos de que este 16 de abril se echará a tierra el primer salmón de la temporada de pesca con muerte. “Ejemplares hay en todos los ríos”, aseguran quienes llevan semanas oteando los pozos para tomar el pulso a la campaña. Sin embargo, este previsible buen comienzo no está exento de preocupaciones.

    Inquieta el caudal de los ríos. Aunque los niveles actuales son suficientes para facilitar el remonte de los primeros salmones de la temporada, se teme que, si no llueve, el estiaje propio del mes de agosto se adelante y complique la subida de los ejemplares en mayo y junio, algo que podría afectar al desarrollo normal de una campaña para la que, a finales de marzo, el Principado había expedido cerca de 8.800 licencias (algo más del 46% de los casi 19.000 permisos emitidos para la pesca fluvial en Asturias) y tramitado cerca de 2.000 solicitudes de cotos salmoneros.

    Confiando en que esa situación revierta, la temporada, que finalizará el 15 de julio, debería saldarse con más de un millar de capturas, de acuerdo a las cifras que se han alcanzado en los últimos años y que representan en torno al 90% de las registradas en toda España. Durante el último periodo hábil, por ejemplo, se pescaron en Asturias 1.138 piezas, la mayoría en los ríos Sella(484) y Narcea (362). Pero esas expectativas pueden verse truncadas por una serie de obstáculos que, según los pescadores, amenazan con impedir el remonte de la especie.

    Por un lado, han criticado el estado de abandono de las escalas salmoneras de Niserias, en el Cares, y de Casielles, en el Esva. En la primera, señalan, el agua se filtra por debajo, mientras que en la segunda, la acumulación de residuos impide todo flujo y, por tanto, el paso de los salmones. Lo mismo puede ocurrir en el Narcea. Pescadores de toda la región han llegado a concentrarse sobre el puente de Cornellana para reclamar a la Confederación Hidrográfica del Cantábrico la apertura de un canal que permita a los salmones salvar los materiales de obra que se han acumulado en el cauce a causa de los trabajos de consolidación de los pilares acometidos en los últimos meses. El depósito de sedimientos, advierten, podría impedir que los salmones alcanzaran las zonas de desove y los principales cotos salmoneros, ya vendidos para la temporada.

    A la espera de conocer cómo evoluciona la campaña, el número de capturas al cierre de las últimas temporadas confirma la estabilización de la población de salmones en Asturias, seriamente amenazada hace apenas una década. Razones para el optimismo dan también los datos del censo que se elabora cada otoño. Según la Consejería de Desarrollo Rural, el recuento del último año arrojó un total de 2.937, lo que indica que “al menos dos tercios” de los salmones quedan para el desove. Ante estas cifras, el Principado recalca que los ríos de la región “son los que mejor mantienen su población de salmones en el conjunto del país”.

    Pescadores y ecologistas no consideran que los datos sean plenamente satisfactorios, pero sí corroboran que aquella fase crítica de los salmones asturianos ha quedado atrás. Recalcan, no obstante, que “no se debe bajar la guardia” e instan a la administración a intensificar las medidas de protección y conservación de la especie. Pero el acuerdo termina aquí.

    Los residuos se acumulan en una escala salmonera, impidiendo el paso de salmones.

    Los residuos se acumulan en una escala salmonera, impidiendo el paso de salmones. / M. M.

    El cormorán, ¿una amenaza?

    “La administración tiene que tomar otras medidas además de actuar solo frente a la caña, que es una actividad milenaria. Tiene que actuar contra la polución, los vertidos y los depredadores, que son lo más peligroso”, afirma Antón Caldevilla, presidente de la asociación de pescadores El Esmerillón. Sus palabras las suscribe el presidente de Las Mestas del Narcea, Enrique Berrocal, quien recalca que para la recuperación del salmón “solo se recortó al pescador, pero no se solucionaron otros problemas, como el de los cormoranes. La administración no toma cartas en ese asunto”.

    Las dos asociaciones de pescadores con mayor número de socios de la región ponen el acento en la gestión de la población de cormoranes, una reivindicación que en los últimos meses les ha enfrentado al Principado y, sobre todo, a grupos ecologistas. Unos y otros han dirigido cartas a la administración y han puesto en marcha campañas de recogidas de firmas a favor y en contra de emprender acciones que reduzcan la presencia de esas aves en los ríos asturianos. Las ocho asociaciones de pesca colaboradoras del Principado (además de Las Mestas y El Esmerillón, la Real Asociación Asturiana de Pesca, Amigos del Nalón, El Marabayu, La Socala, Fuentes del Narcea y El Banzao) insisten en que la creciente presencia de cormoranes en los cauces es “una amenaza inaceptable e inasumible” por lo que “es necesario un control a largo plazo hasta que la población se vea reducida y las pesquerías se regeneren a un nivel más que aceptable”.

    No comparten el censo oficial, que habla de unos 600 ejemplares en Asturias, y consideran que el cupo de aves a abatir que fija la Consejería de Desarrollo Rural cada año “no redunda en la disminución de la población” ni protege a los salmónidos, ya que, según los datos que manejan, estas aves pueden ingerir 40 toneladas al año de peces pequeños. Ante esto, entre otras medidas, han solicitado un plan de actuación que “contemple una acción no inferior al 50% de la población invernante en nuestra región” y que “se permita el acompañamiento de forma activa y legalmente autorizados de dos cazadores con cada guarda que participa en las actuaciones de control de cada zona fluvial”.

    De no incrementarse la presión sobre los cormoranes, los pescadores ven en grave riesgo la recuperación de los salmónidos en Asturias, sobre todo, de la trucha, cuya pervivencia suscita hoy mayor preocupación que la del salmón. Se trata de una especie que desarrolla todo su ciclo vital en los cauces, por lo que es un blanco mayor para posibles depredadores y “si no se toman medidas, dejaremos de soltar alevines. No podemos tener fábricas de pienso para estas aves”, recalca Caldevilla.

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    Río Narcea, en Quinzanas. / I. G.

    El presidente de El Esmerillón incide así en la importancia de las repoblaciones para la recuperación de los salmónidos, una tarea de las asociaciones de pescadores para la que Berrocal reclama más implicación del Principado: “Las medidas del Principado para recuperar los ríos son muy tímidas y nosotros estamos limitados. Si nos dieran los reproductores que queremos y en vez de soltar 75.000 alevines de salmón pudiéramos soltar 500.000, ya veríamos si funcionan o no”.

    El análisis de la situación que hacen los grupos ecologistas es muy distintas. Para ellos, la principal amenaza de salmones y truchas son los pescadores y solo la veda total durante varios años permitiría recuperar las poblaciones en los ríos asturianos. El ejemplo para los diecisiete grupos conservacionistas que se han dirigido al Principado contra la petición de los pescadores de abatir cormoranes es que en la última década “se han eliminado más de 2.000 individuos” y ello “no se ha traducido en el objetivo aparentemente perseguido, frenar el declive de las poblaciones de salmónidos”.

    Fructuoso Pontigo, de la Coordinadora Ecoloxista d’Asturias, apunta, además, que “los cormoranes representan unos datos de depredación de animales salvajes inferiores al 5%”, por lo que sostiene que la administración debe encaminar sus esfuerzos a endurecer la regulación de pesca fluvial, subsanar las deficiencias de saneamiento de los núcleos de población y a acabar con los vertidos de purines, “un problema que sigue siendo muy grave”.

    A diferencia de los pescadores, Pontigo rechaza intensificar las repoblaciones, que están liberando una media anual de 400.000 alevines de salmón, porque “se esquilman peces salvajes para usarlos para las repoblaciones y los datos sobre los que llegan a maduros son testimoniales”. Y añade: “El error es creer que la repoblación va a recuperar especies salvajes. La única forma de hacerlo es dejar de pescarlas”.

    El salmón de Asturias, un reclamo turístico

    Esta polémica, que obligará a pronunciarse al Principado en un corto plazo de tiempo, no es la única pendiente de resolución. Desde hace varios años, diversas voces reclaman que se autorice la comercialización de las capturas, una demanda que ha encontrado entre los hosteleros ribereños a sus principales defensores.

    Si la temporada de pesca ya es un recurso de estas comarcas, que registran “un turismo de calidad media-alta que disfruta de la naturaleza y que busca hoteles y restaurantes de calidad”, poder ofrecer salmón o trucha pescados en los ríos asturianos suscitaría nuevos intereses. “Sería un reclamo muy atractivo”, sostiene Belisario Suárez, presidente de la Asociación de Hostelería y Turismo de Parres (Hotupa) y uno de los primeros valedores de esta medida. Del mismo modo, desde la Asociación de Hostelería de Salas, bañada por el Narcea, Manuel López sostiene que “es una pena que no se pueda explotar. Se pesca aquí y se vende en Lugo o en Santander. Estamos perdiendo un gran atractivo gastronómico, algo que podemos defender”.

    En el Oriente, los hosteleros cuentan ya con el respaldo de asociaciones de pescadores y ayuntamientos, pero no todo son buenas palabras ante este plantemiento. El presidente de Las Mestas del Narcea, por ejemplo, apunta que poner precio a la captura puede hacer que mucha gente “deje de ver lo bonita que es la lucha con el pez por ver solo lo que vendría después y dejaría de ser un deporte”. Y Fructuoso Pontigo sugiere que alentaría el furtivismo al dificultar el seguimiento de las piezas.

    Los promotores de la medida rechazan estos argumentos: “Estamos pidiendo más control, porque todo lo que se fuera a vender (salmones, truchas, reos) tiene que pasar por un centro de precintaje”, recalca Suárez, abriendo camino hacia un nuevo sello de calidad de la gastronomía asturiana.

    Hasta que pueda contemplarse ese escenario, la única venta autorizada del salmón asturiano es la subasta pública que tiene lugar el día de la apertura de la temporada de pesca con muerte. Este año, de nuevo, habrá dos citas: en Cornellana, que desde este sábado celebra la XIX Feria del Salmón y Capenastur, y Cangas de Onís. Aunque todo supeditado de la voluntad del pescador, en la villa salense todo está preparado para subastar el Campanu de Asturias, el primero que se pesque en la región. No obstante, se optará por el primero del Narcea si, como ya ha pasado en ediciones anteriores, la captura que abre la temporada se da en el Sella, que se subastará junto al Puente Romano de Cangas de Onís a las 18 horas. La organización confía en alcanzar aquí la docena de pujadores, la cifra de hosteleros inscritos ya para subasta de Cornellana, prevista para las 13 horas. Si el rey del río se hace de rogar, el segundo intento de remate será a las 18.30 horas.