El Comercio

La beatificación de Ormières llena la catedral de Oviedo de fieles de toda España

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Hermanas del Ángel de la Guarda, en la primera fila. / MARIO ROJAS

  • El cardenal Amato, un nuncio del papa y siete obispos presidieron el acto. Sanz Montes recordó que en vida «ya le llamaban el santín»

Quisieron organizar la beatificación de Luis Antonio Ormières como una peregrinación y lo fue. No es fácil ver en la catedral de Oviedo una feligresía tan diversa como la de ayer. En Santiago de Compostela, por ejemplo, es más habitual encontrar grupos de muy distintas edades; mezclas de trajeados vigilantes del orden con pieles, sotanas y solideos de todos los colores. Y eso fue lo que ocurrió ayer en Oviedo, donde un cardenal, un nuncio apostólico y siete obispos (un francés y siete españoles) compartieron durante algo más de dos horas de ceremonia la idea de reconocer los valores religiosos y humanos de un hombre que dejó huella en Gijón y en la Iglesia Católica con responsables en todo el mundo de la congregación que fundó, las Hermanas del Ángel de la Guarda, y con un nutrido grupo de jóvenes instruidos para ser «verdaderos discípulos de Jesucristo», en palabras del cardenal Ángelo Amato, presidente de la ceremonia.

Fue, evidentemente, un oficio de carácter exclusivamente religioso, sin autoridades civiles invitadas; multitudinario, pero cabe decir que familiar; solemne, y a la vez popular.

El resultado es que la Iglesia Católica tiene desde ayer un nuevo beato, Luis Ormières, conforme a un procedimiento que se inició el 25 de marzo de 1954, cuando la superiora general de la congregación de Hermanas del Ángel de la Guarda solicitó al entonces arzobispo de Oviedo, Javier Lauzurica, la apertura de la causa de beatificación y canonización de quien en Gijón ya fue conocido en vida como «el santín», según recordó el ahora arzobispo Jesús Sanz Montes en una pastoral reciente.

Desde entonces, ni que decir que los promotores han cambiado y que cuando el pasado Jueves Santo el papa Francisco firmó la carta apostólica que aprobó la beatificación ayer consumada lo hizo a instancia de Jesús Sanz Montes como arzobispo, con María Paz Mena como superiora general de la congregación fundada por Ormières y la hermana Carmen Trejo como postuladora.

Figura relevante en todo el proceso fue también la gijonesa Celina Sánchez del Río, en quien se obró la curación reconocida por la Iglesia como milagrosa. Celina Sánchez se encomendó al fundador de la congregación a la que pertenece tras serle detectado un grave tumor en 2002 y su curación fue posteriormente atestiguada como inexplicable para la ciencia por la médica que la atendió durante su enfermedad en Madrid, que es donde ambas residen.

Momentos estelares

El traslado de una reliquia del ahora beato por el interior de la catedral hasta el lugar donde se descubrió una pintura que representa a Luis Ormières rodeado de niños pobres de la zona rural fue uno de los momentos más destacados de la ceremonia y Celina Sánchez estuvo en ese momento acompañada tanto por María Paz Mena como por Carmen Trejo.

Otros dos momentos merecen especial mención. Uno es la homilía pronunciada por el cardenal Amato en el marco de una misa cantada por la Schola Cantorum de la catedral ovetense. Como no podía ser de otra manera, Amato glosó la figura del nuevo beato, al que calificó como «educador nato» y del que destacó tanto su caridad como su humildad.

También es reseñable la entrega de copias de la carta apostólica a los principales promotores de la beatificación. El párroco de San Pedro, iglesia donde en su día se ofició el funeral por Ormières tras su fallecimiento en Gijón, el 16 de enero de 1890, recibió una de ellas. A partir de ahora, cada 16 de enero se conmemorará al beato Luis Antonio Ormières.

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