David Rodríguez en Old Well de Chapel Hill, el símbolo de la Universidad de North Carolina.
David Rodríguez en Old Well de Chapel Hill, el símbolo de la Universidad de North Carolina.

«Siempre me interesó el estilo de vida yanqui»

  • «No ha habido cambios drásticos entre Trump y Obama en el día a día, salvo los comentarios en la comida sobre los disparates de Twitter»

  • David Rodríguez Prieto trabaja para una marca cosmética en Carolina del Norte

David Rodríguez Prieto (Gijón, 1975) tiene una vida de lo más intensa. Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo, probó suerte en Londres, dio clases en un instituto de Carolina del Sur, volvió a España, intentó sin éxito ser controlador aéreo, trabajó en Barcelona, en Alemania, hizo tres 'iron man' en el camino y la vida le ha llevado de vuelta otra vez a Carolina, pero esta vez del Norte. Y la culpa de tanto movimiento en los últimos años la tienen SAP (un programa informático de gestión) y los Activos Fijos (un proceso contable), que es resumidamente a lo que ha dedicado su carrera profesional.

En abril de 2015 comenzó a trabajar en Revlon en Barcelona dentro del proyecto de implementación de SAP en la compañía a nivel global. «Después de unos 15 meses me ofrecen el traslado a Carolina del Norte, donde se encuentran las oficinas principales de informática y una planta de producción». Y allá se fue. «Siempre me ha interesado el estilo de vida yanqui, es lo que tiene crecer viendo las pelis americanas de los 80», explica. No le costó decidirse. «El hecho de ya conocer la zona y de ser, por qué no admitirlo, un culo inquieto, también ayudó», concluye.

Madruga, conduce sus 45 minutos rumbo a Chapel Hill, donde está la planta de la compañía en Oxford -«poco que ver con su homónimo inglés»-, que es realidad un pequeño pueblo en mitad de la nada. Y luego, reuniones, conferencias con Europa y pausa para comer. Esa es su jornada laboral. «Lo peor del trabajo son los traslados diarios y el tiempo perdido en la carretera», dice. «Lo mejor de trabajar aquí es hacerlo codo con codo con los americanos, y así poder observar y aprender nuevos modelos y formas de hacer las cosas; y las buenas condiciones económicas, muy difíciles de alcanzar en España, y ciencia ficción en Asturias».

La vida social por semana se limita al deporte, alguna escapada al cine o a cenar y poco más. Vive con su novia, también transferida desde Barcelona, y los fines de semana la cosa se anima. «Socializamos más, siempre con la colonia hispana de transferidos de Revlon. Interactuamos más bien poco con los locales. Por supuesto el fin de semana es sinónimo de deportes en la tele, ya sean los locales, o los españoles, como la Liga de fútbol». Este año le ha tocado «sufrir en silencio con los partidos del Sporting»

«La vida en Carolina es bastante tranquila. Estamos en el llamado Triángulo de Carolina del Norte, formado por Raleigh (la capital del Estado), Durham y Chapel Hill. Son ciudades muy asociadas a las universidades que existen en cada una de ellas y esto hace que el ambiente sea muy alternativo», apunta. Y da un dato: el 70-80% de voto es demócrata. «Lo peor es toda la burocracia que debes hacer para tener los 'papeles' en regla, interminable, y la sanidad, que es carísima; estando aquí te das cuenta de lo privilegiados que somos con la Seguridad Social de España».

El futuro está abierto. No hay plan. «El visado es por cinco años y al terminarse tendría que solicitar la Green Card (permiso de trabajo y residencia permanente)», avanza. No sabe qué pasará. Regresar a España también es una posibilidad.

La fabada de su madre se añora al otro lado del charco, como también los montes, el olor del Cantábrico y el Grupo Covadonga. A 24 horas de viaje hasta Asturias, la edición digital de EL COMERCIO ayuda a acortar distancias. «Intento leerlo a diario para estar al tanto de lo que sucede en Gijón y el resto de la región. Además, con Twitter, Instagram y similares se tiene acceso a información e imágenes casi ilimitadas, lo que consigue rebajar los niveles de morriña», señala. Pero todas esas fuentes conducen a una Asturias que no avanza: «Lo que no parece cambiar es la floja situación económica y la ausencia de empleo de calidad, con lo que la idea de volver se convierte casi en quimérica. Yo sigo jugando al Euromillones para poder jubilarme en el Paraíso Natural».

Sostiene que los españoles están bien valorados y no advierte que el país haya cambiado desde la llegada al poder del nuevo presidente. «En el día a día no ha habido cambios drásticos entre Obama y Trump. La mayor diferencia es que solemos comentar a diario, durante la hora de la comida, los disparates que escribe en Twitter».

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