El Comercio
Luis Fernández-Vega, en el instituto del Monte Naranco.
Luis Fernández-Vega, en el instituto del Monte Naranco. / MARIO ROJAS

«Muchos pacientes quieren operarse porque no pueden leer los wasaps»

  • El próximo jueves ingresa en la Real Academia de Medicina de Asturias y el viernes recibe en Gijón el premio Álvarez Margaride por su brillante trayectoria

  • Luis Fernández-Vega Sanz Director del Instituto Oftalmológico Fernández-Vega

Ha operado de la vista a unas 30.000 personas, el equivalente al aforo de todo un campo de fútbol. Entre sus pacientes figuran miembros de la Familia Real, la Duquesa de Alba, Raphael, Miguel Bosé y un larguísimo etcétera. Luis Fernández-Vega Sanz (Oviedo, 1953) no necesita casi presentación. Director médico del Instituto Oftalmológico que lleva el apellido de la saga familiar iniciada por su bisabuelo hace 127 años fue, a los 30 años, el catedrático de Oftalmología más joven del país. Además, es jefe de servicio en el HUCA en la sanidad pública. Casado, y con dos hijos, Luis y Andrés, que junto a otros dos sobrinos garantizan continuidad de la quinta generación, el próximo jueves Fernández-Vega Sanz ingresará como miembro de número en la Real Academia de Medicina del Principado. El viernes recibirá en Gijón el Premio Álvarez Margaride por su brillante trayectoria.

En su ingreso, el próximo día 22, en la Real Academia de Medicina de Asturias hablará sobre la multifocalidad en la cirugía del cristalino. Háganos un adelanto, por favor.

Estamos asistiendo a un envejecimiento de la pirámide poblacional y cada vez habrá más personas mayores, sobre todo de más de 50 años. Muchos de esos mayores acabarán desarrollando presbicia, lo que se conoce como vista cansada, y otro grupo importante tendrá cataratas. Esa combinación de factores crecerá, crecerá mucho, y será un problema.

¿Se puede luchar contra eso?

Ahora mismo hay dos opciones: lo que llamamos cirugía aditiva y la sustitutiva. La primera es para pacientes con presbicia, de entre 45 y 60 años, para los que estamos estudiando unas lentes que se ponen sobre el cristalino y que pueden corregir el problema de la vista de cerca. La otra, la sustitutiva, consiste en retirar el cristalino y reemplazarlo por uno artificial.

O sea, que puede haber una solución definitiva a la vista cansada.

Sí. Para pacientes que ve bien de lejos es una opción que planteamos a partir de los 60 años. Si en cambio tiene alguna alteración de lejos, podemos bajar la edad a los 55 años.

¿Cuáles son los resultados?

Muy buenos, aunque en medicina nada tiene el cien por cien de éxito.

¿Tienen mucha demanda con eso de la vista cansada?

Muchísima. Nos viene gente diciendo que se quiere operar porque no puede leer los wasaps y que le resulta engorroso andar cambiando de gafas para leer los mensajes.

¿Están acabando con nuestros ojos los dispositivos móviles?

Los dispositivos móviles tienen más riesgo con los niños, a los que les puede causar un mayor índice de miopía.

Y eso, ¿por qué?

Los niños están desarrollando su visión y es necesario que durante buena parte del día ejerciten la vista de lejos. Si están mucho tiempo mirando para móviles y tablets, tienen un riesgo mayor de miopía, pero les pasaría lo mismo si estuvieran todo el día haciendo deberes.

¿Y en adultos?

En adultos el problema que dejan los ordenadores es que no parpadeas y, al no parpadear, el ojo se te seca.

Ahora llega el verano, ¿nos protegemos bien los ojos del sol?

A los ojos hay que protegerlos siempre, y en verano, más. Eso sí, hay que usar unas buenas gafas de sol y, por favor, homologadas.

Cómo es que usted, que habla tanto de quitar las gafas, las usa.

Siempre dije que es una decisión personal. Yo soy miope de dos dioptrías, lo que significa que sin gafas veo de cerca perfectamente. De hecho, opero sin ellas. ¿Por qué me la pongo?, se pregunta. Pues para ver de lejos.

Viene de una saga de oftalmólogos de gran calado. Decir Fernández-Vega es sinónimo de médico de la vista dentro y fuera de España. ¿Siempre quiso serlo? ¿No le dio un tinte rebelde en su juventud?

(Risas). Más que rebeldía, fue curiosidad. Cuando empecé la carrera de Medicina en Madrid, y sin decir nada en casa, me matriculé también en Economía. Como había ganado en Asturias la Olimpiada de Matemáticas y los números se me daban bien, pensé que podía hacer las dos cosas. Eso fue hasta que llegó la época de exámenes y creí volverme loco. Ahí se acabó mi rebeldía y me quedé en Medicina.

En su familia, eso de ser oftalmólogo es como para los Borbones ser Reyes. ¿No hay escapatoria?

(Carcajadas). La verdad es que mi padre nunca me dijo que tenía que ser médico. Lo que pasa es que yo iba con él a todas partes. Me llevaba a su consulta, le ayudaba cuando había que enseñar las letras a los pacientes, me explicaba cosas de cirugía... Empezó siendo un juego y luego se convirtió en mi profesión y en mi vida.

Sus hijos y sobrinos también son todos oftalmólogos, ¿no?

Sí, pero tanto Vicky, mi mujer, como yo, y también Álvaro, mi hermano, nunca les exigimos ser médicos a nuestros hijos.

Ninguno vino y le dijo: «Papá, quiero ser 'youtuber'».

(Risas). Sinceramente, no, pero si esa hubiera sido su felicidad, bienvenido sea.

Y esa tradición de llamar a los primeros hijos Luis, ¿no es lioso?

La verdad es que sí, pero es una tradición familiar que nos gusta.

¿A quién le pondría usted gafas?

A muchos de la clase política le quitaría la miopía para que tuvieran un campo de visión más amplio.

¿Alguno en particular?

Prefiero reservarme esa opinión.

¿De qué se siente más orgulloso?

De mi familia por encima de todas las cosas. Muchísimos de esos logros no son míos, sino de Vicky, mi mujer, que es abogado de profesión y que siempre trabajó, pero que fue la que más se ocupó de los hijos cuando eran pequeños. Otra cosa de la que me siento orgulloso es haber dado el salto de la clínica familiar al instituto.

Les tentaron para comprarlos o para que marcharan fuera, ¿no?

Sí, sí, muchas veces. Pero siempre dijimos que queremos continuar en Asturias. Eso a pesar de que para muchos de nuestros pacientes que vienen de fuera es mucho más cómodo ir a Madrid que a Asturias.

¿Desde aquí es todo más difícil?

Es más difícil por los tremendos problemas de comunicación que tiene la región. Cada vez que ponen o quitan una línea en el aeropuerto de Asturias, lo notamos en las consultas.

¿Cuánta gente pasa por el Instituto Oftalmológico al año?

Unas cien mil, de las que 70.000 son de fuera de Asturias.

¿Qué cree que diría su bisabuelo, médico rural en Piloña, si viera a dónde han llegado sus sucesores?

Seguro que diría: «¡la que habéis liado!».

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