El Comercio

Dos asturianos que rescatan a miles de inmigrantes

Anabel Montes.
Anabel Montes. / E. C.
  • Los socorristas Anabel Montes y Sergio Covelo participan en el rescate de miles de personas que intentan cruzar el Mediterráneo en pateras huyendo de la desolación

Este es un viaje o vida o muerte. Muchos de ellos saben que o les rescatamos o terminarán ahogados. Y, aún así, se hacen a la mar huyendo de la desolación en pateras de goma o de madera. El Mediterráneo se ha convertido en un cementerio y no podemos cruzarnos de brazos y mirar para otro lado». Sergio Covelo -asturiano de Pola de Siero, 22 años, marino de profesión y socorrista en las playas de Caravia- lanza un SOS desesperado recién desembarcado del 'Golfo Azzurro', uno de los buques de la ONG Proactiva Open Arms cuya tripulación está formada por una docena de voluntarios de todo el mundo que acaba de salvar de esa muerte segura a 1.671 personas en apenas quince días -eso es lo que dura cada una de sus misiones- frente a las costas libias.

«El desafío es enorme y la situación, dramática. Libia se ha vuelto un territorio anárquico dominado por las milicias, lo que condena a miles de personas al hambre, la miseria, la guerra, las persecuciones, la explotación sexual... Así que las mafias los meten en barcazas sin ningún tipo de garantías, sin gasolina o con algo parecido a un motor, les dicen que pongan rumbo norte y les dan un compás por todo darles. Los condenan a cambio de cantidades desorbitadas», relata Covelo, que decidió dejarlo todo, dedicarse a combatir la «infamia» después de conocer «lo que de verdad estaba ocurriendo» y enrolarse en una tarea titánica en la que le acompaña Anabel Montes Mier, ovetense de San Esteban de las Cruces al borde de la treintena, patrona y también socorrista en la playa barcelonesa de El Prat de Llobregat, que continúa embarcada en el 'Golfo Azzurro' y que hoy navega rumbo a Sicilia para poner a salvo a los 682 náufragos del último rescate, que duró diez horas. Hombres, mujeres, niños. Muchos niños.

«En la última barcaza, eran 20 bebés y, en total, unos 400 menores, cuando el 'Golfo Azzurro' tiene una capacidad para 350 personas aproximadamente. Nunca había visto a tantos juntos», explica Sergio, aún exhausto, y apunta que «el trayecto que tienen que completar hasta ponerse a salvo en Italia es de 500 millas náuticas, alrededor de 800 kilómetros, y lo más lejos que consiguen llegar es a apenas 60. En cada nueva misión se baten récords de desastre».

Cuando los localizan, presas del miedo y del frío de las travesías a la deriva, muchos lloran. Otros no contienen la alegría. Han llegado a la tierra prometida, que tiene forma de buque y donde les esperan una manta, agua, un plato de comida, un abrazo después de días, meses o años soñando con huir del horror.

Cuentan que los hombres descansan en cubierta envueltos en grandes mantas mientras que las mujeres y los niños duermen en la bodega del barco, reconvertida en hospital. Y que no olvidarán jamás esas miradas.

Pero, como explica Anabel Montes, a veces les pueden «la rabia y la impotencia» ante «un vacío mediático absoluto». «Esto es una locura. Y, entre tanto, ya nadie se acuerda de los refugiados... Lesbos es un recuerdo lejano, pero esta gente es el último escalón, los pobrecitos de África que salen en los anuncios de la tele y se cambia de cadena. Sacamos a cientos de personas de cascarones de madera donde van hacinados hasta lo indecible. Es vergonzoso todo lo que esta pasando y mucha gente no es consciente de las miles de muertes que ocurren casi a diario mientras los gobiernos hacen nada».

Narra, además, Ani -como la llaman sus colegas- que siente «vergüenza de ser europea» y que ha visto «cosas tan feas» que son difíciles de explicar: «Ahogados, personas que murieron de hipotermia, una barca con 300 personas, hambrientas, con niños...».

Y a esta veterana curtida en el Egeo nada le resulta comparable a esto: «Cuando alguien pierde la vida mientras está disfrutando de un día de playa es una tragedia, pero cuando ves a esta gente morir por huir de los conflictos en sus países aún es mucho peor. Porque sabes que, incluso si las cosas les salen bien y consiguen llegar a tierra, tienen por delante un destino terrible».

Y mientras que ella está convencida de que esta es, «sin duda, la vergüenza de Europa» y de que, «dentro de unos años la gente estudiará avergonzada todo esto de la misma forma que lo hacemos ahora con un pasado demasiado cercano», Sergio recuerda que «las muertes contabilizadas, las de los cadáveres que aparecen, miles en los que va de año, no son nada comparadas con las que realmente se están produciendo», silenciadas para siempre en tumbas de agua.

«No nos hacemos una idea de lo que de verdad pasa. De que, si nosotros no estamos allí, se van a seguir muriendo, porque las autoridades libias no aparecen y la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas, el Frontex, tampoco quiere saber nada», clama deseando enrolarse en su tercera misión e intentando recaudar fondos desde Asturias gracias al proyecto MayDayterraneo y a través de la ONG Human Rescue.

El 'Golfo Azzurro' y su embarcación hermana, el buque 'Astral', surcará dentro de unos días el Mediterráneo central rumbo a Malta para cargar víveres y combustible y regresará a aguas libias «para que miles de personas tengan oportunidad de seguir escribiendo su historia con esperanza y dignidad». Su SOS no admite demora: «No os dejéis llevar por esta sociedad que permite esta masacre. Indignaos y responded a este llamamiento. Nuestros abuelos y bisabuelos tuvieron que emigrar forzosamente desde Asturias. No podemos ni debemos olvidar nuestro pasado».

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