Hacia la igualdad a paso ligero

Un pelotón de la compañía Cuélebre del Batallón Toledo, en un ejercicio dirigido por la sargento Sampedro. / HUGO ÁLVAREZ
Un pelotón de la compañía Cuélebre del Batallón Toledo, en un ejercicio dirigido por la sargento Sampedro. / HUGO ÁLVAREZ

El Ejército celebra los 30 años de la entrada de la mujer en las fuerzas armadas | El 7% de los militares de Cabo Noval, sesenta y tres, son mujeres. Seis de ellas cuentan a EL COMERCIO la trastienda castrense

CHELO TUYA SIERO.

El paso ligero es una marcha rápida de la tropa. A 160 pasos por minuto. La histórica movilización del pasado 8 de marzo por la igualdad entre hombres y mujeres dejó claro que la sociedad quiere avanzar a esa velocidad en pos del equilibrio. El Ejército celebra este año los 30 de la incorporación de la mujer a la vida castrense. Las primeras militares llegadas a Cabo Noval, ocho, lo hicieron hace 25, en septiembre de 1993. Ahora son setenta y tres, el 7% de la tropa del acuartelamiento asturiano. Seis de ellas cuentan a EL COMERCIO la trastienda de la vida militar.

Marlén Fernández García-Ovies.
Marlén Fernández García-Ovies. / HUGO ÁLVAREZ

Marlén Fernández García-Ovies, Capitán

«El Ejército es un reflejo de lo que pasa en la sociedad»

Tenía claro que en su vida profesional iría de uniforme, pero siempre pensó más en el blanco sanitario que en el caqui militar. Sin embargo, acabada la carrera de Psicología, a Marlén Fernández García-Ovies (Oviedo, 1979) unas oposiciones la llevaron a una plaza fija en el Ejército. Entró en 2005, directamente al cuerpo de oficiales, y hoy es la mujer con mayor rango de Cabo Noval. Una capitán que debe mantener el masculino en su denominación, porque el femenino, capitana, se reserva a una nave. «¿Acoso? ¿Desigualdad? El Ejército es un reflejo de lo que pasa en la sociedad, pero aquí no he visto ningún problema. Los militares debemos cumplir órdenes y lo hacemos todos por igual», asegura.

Pertenece ella a la Unidad de Servicios del Acuartelamiento, la Usac. Una que cuenta con 47 personas en plantilla y seis son mujeres. «Yo mando sobre mí misma», bromea. «Aquí llevas el cuerpo al límite. El apoyo psicológico es fundamental», afirma. Por eso, su papel se centra «en la prevención. El problema no es el estrés, sino gestionar las emociones. Te estás preparando para lo peor y, cuando llega, lo afrontas. Pero mientras, llevar el día a día requiere apoyo».

Julia Sampedro.
Julia Sampedro. / HUGO ÁLVAREZ

Julia Sampedro, Sargento

«La infantería es muy dura, pero cada vez somos más»

Es maestra. Trabajó en el sector del automóvil hasta que, de repente, se vio sin trabajo. «Lo mío no fue vocacional», reconoce, pero hoy no se cambia. De hecho, espera con ilusión poder participar en su primera misión. Y eso que carga a diario con un fusil que pesa 3,6 kilos. Y viste un chaleco que pesa otros tres. Y a su espalda lleva una mochila «con todo lo necesario para una misión». Nueve kilos de todo lo necesario. «Pero como yo, todos mis compañeros». Incluso sobre los que manda.

Julia Sampedro (Vigo, 1984), es sargento de la Compañía Cuélebre, integrada en el Batallón Toledo. «Tengo a nueve personas bajo mi mando y nunca he tenido ningún problema», asegura mientras hace ejercicios con su pelotón. Con el uniforme y las pinturas de guerra que la dejan irreconocible, despeja con una mano las preguntas sobre acoso o discriminación. «Tengo la suerte de no haber vivido nada de eso. Sinceramente, creo que en el Ejército se corta de raíz. Si hay un problema, vas a tu superior. Aquí todos cumplimos órdenes».

Unas que llevan a su pelotón a dormir al raso cubiertos de nieve a dos pasos de un cómodo local con camas y calefacción. «Hay que estar preparados para lo peor. Tener el cerebro bien amueblado». Defensora de la igualdad, reconoce que «la infantería es muy dura a nivel físico, pero cada vez somos más las mujeres que nos incorporamos». Ella, además, es atleta. En febrero participó en el maratón de Sevilla. «Al día siguiente, tocó maniobras. Las agujetas y el dolor venían conmigo, pero igual pasaba con mi equipo».

Alexandra Marlés.
Alexandra Marlés. / HUGO ÁLVAREZ

Alexandra Marlés, Sargento

«Las novatadas del cine no las he visto en la vida real»

Lo suyo es el armamento. Sabe reparar cualquiera de los utilizados en el Regimiento Príncipe, el acuartelado en Cabo Noval al que sirven casi mil militares. Sesenta y cinco son mujeres y Alexandra Marlés (Bogotá, 1987) es una de las últimas incorporaciones. «Llegué aquí en septiembre, tras aprobar la oposición a sargento». Su idea era quedarse en Valencia, donde vive su familia, «pero allí salió solo una plaza. Ahora estoy muy contenta de estar aquí». 'Aquí' es un pequeño taller dentro del gran hangar donde se resguardan los BMR, «nunca llamarlos tanque o carros, son vehículos Blindado Medio sobre Ruedas». Un monstruo casi anfibio en el que cabe todo un pelotón y que lleva la joya de la corona de Marlés. «La ametralladora 270», dice en referencia a su arma favorita. Lo hace mientras arregla un muelle suelto de otra ametralladora, «es una MG42», rodeada de fusiles. «Estos están aquí porque necesitan una revisión, porque cada militar es responsable del suyo».

En el Ejército desde hace siete años, afirma que «las novatadas que se ven en el cine yo no las he visto en la vida real». En su opinión, «muchas veces creamos barreras que solo están en nuestra propia mente».

Sara Pulido.
Sara Pulido. / HUGO ÁLVAREZ

Sara Pulido, Cabo Primero

«Llevar la alimentación de todos es un gran reto»

«No cocino, mando en la cocina, que es diferente. Es un gran reto y mucha responsabilidad». Aunque la comida diaria la realiza una subcontrata, la cabo primero Sara Pulido (Soto del Barco, 1982) es la responsable de la alimentación del Batallón San Quintín. Y cuando salen de marcha, eso aumenta. «Si va una compañía, somos cien. Pero cuando vamos todos, son medio millar y hay que controlar muchas horas y diferentes platos». Porque el ejercicio físico intenso marca «la alimentación. Se necesita siempre aporte calórico», aunque las preferencias de la tropa están claras «como en el colegio: la pasta y el escalope de pollo son los platos favoritos». Favoritos también en el hemisferio sur.

Porque con el Ejército al que ha dedicado la mitad de su vida ha realizado misiones en Kosovo, Afganistán, Líbano y la Antártida. «Estuve dos meses y medio de misión allí. Eso en la vida civil es imposible». Fueron las navidades de 2006, donde preparó «la comida que se come en esas fiestas en cualquier casa», bajo un sol en sesión continua, «siempre es de día» y con los pingüinos como compañeros de sus paseos. «Me sorprendió al llegar que todo fuera negro. Te imaginas un paisaje blanco, pero la base está en terreno volcánico, caliente, que derribe la nieve».

Alma Zarabozo.
Alma Zarabozo. / HUGO ÁLVAREZ

Alma Zarabozo, Cabo

«Ascender puede llevar moverte y tengo aquí la vida»

«Tengo amigas no militares con grandes problemas para conciliar la vida familiar con la laboral. Aquí no pasa». Y lo dice por experiencia. Madre de dos hijos de siete y dos años, Alma Zarabozo (Gijón, 1985) solo tiene buenas palabras «son todo facilidades. Haces tu trabajo como el que más, pero puedes cuidar de tu familia». Desde los 18 en el Ejército, cree que el rango de cabo «es, por el momento, mi límite. Ascender podría implicar moverte y tengo aquí mi vida». Lo que no significa que no ansíe volver a una misión. «Estuve dos veces en el Líbano y una en Afganistán. Si eres militar, no puedes dejar de participar en una acción de este tipo. Es toda una experiencia».

Tamara Marquínez.
Tamara Marquínez. / HUGO ÁLVAREZ

Tamara Marquínez, Soldado

«Para muchos es una vía de acceso a la Guardia Civil»

«Ni trato desigual ni acoso. Aquí he encontrado un compañerismo increíble». Uno que echará mucho de menos cuando consiga su objetivo: «Para muchos, el Ejército es una vía de acceso a la Guardia Civil», su objetivo. A punto estuvo la soldado Tamara Marquínez (Gijón, 1987), de lograrlo el año pasado. «Aprobé, pero me quedé sin plaza». Sí lo logró su marido, al que conoció «en el autobús que nos llevaba a la academia militar de Cáceres». Los dos llegaron a Cabo Noval en 2007. Ahora la conciliación de la vida familiar y laboral «es más complicada», pero sabe que tanto si ella accede a la Benemérita como si él hubiera continuado en el Ejército, «no habría problema».

Mientras estudia para las nuevas oposiciones, no baja la guardia en su trabajo. Es la radio del capitán y su objetivo «es poder participar de nuevo en una misión». Este año será al Líbano, país en el que ya ha estado. Como en Afganistán. «En el Líbano, la relación es más fácil. En Afganistán, solo se te acercan algunos niños o sus madres si ven que eres mujer».

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