«Se abusa del aislamiento: hay encierros de quince días, aunque se 'maquillan' las fechas»

CH. TUYA GIJÓN.

El año pasado cumplió 90 años. La Casa Juvenil de Sograndio fue inaugurada en noviembre de 1927. En aquel momento, eran frailes mercedarios quienes regían un centro que llevaba la denominación de la época: reformatorio. Tras la Guerra Civil recuperó su función y el Tribunal Tutelar de Menores nombró director a Valentín Pastor, a quien sucedería su hijo. En 1969, los frailes capuchinos se hicieron con la gestión hasta 1986, cuando el centro pasa a depender del Principado. Tres años después, el Gobierno regional nombró al actual director, Manuel Ramos. Una figura la suya que ha sido muy contestada en los últimos años. El informe realizado por la plantilla en 2015 le señalaba como causa de muchos de los problemas del centro y su cese ha sido solicitado en diferentes ocasiones y por diferentes grupos en la Junta.

Entre las polémicas que más altavoz tuvieron, la generada por la concesión del servicio de seguridad. La empresa adjudicataria fue denunciada en numerosas ocasiones por la Asociación de Vigilantes de Seguridad Privada de Asturias (Avispa). Su portavoz, Jorge Fernández Cuesta, asegura que pese a todas las sentencias ganadas y el compromiso del Principado a mejorar, «los vigilantes siguen con los mismos problemas con la empresa. Es una situación amparada por la Consejería de Presidencia y la propia dirección del Centro, lo que convierte a la entidad en una institución sin sentido».

Ellos fueron muy críticos con el uso de 'camarillas', las habitaciones de aislamiento en las que se castiga el mal comportamiento de los internos. A los educadores tampoco le gusta. «Se abusa de ellas. El máximo de estancia son siete días, pero se 'maquillan' las fechas y algunos están quince. Los sacan unas horas y los vuelven a meter».

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