El acusado de traficar en la cárcel de Asturias era un preso «de apoyo» en enfermería

El letrado Iván Cortina.
El letrado Iván Cortina. / P. L.

«Necesitaba la heroína porque estaba muy estresado», aduce. El fiscal pide cuatro años de prisión al creer que tenía adicción a otras drogas

Ramón Muñiz
RAMÓN MUÑIZGijón

J. A. P. Y. es un reo que cumple más de tres años de prisión por el impago de una pensión, conducir bebido, hurto y tráfico de drogas. El fiscal pidió ayer agregarle cuatro años más de pena por haber sido sorpendido en la cárcel con 1,57 gramos de heroína y cinco comprimidos de Alprazolam, fármaco contra la ansiedad. El Ministerio Fiscal está convencido de que el reo arrastra adicciones distintas a la heroína, por lo que concluye que la sustancia la quería para traficar. Su letrado, Iván Cortina, opone que era para su consumo personal y reclama la absolución.

La Audiencia Provincial celebró ayer la vista sobre unos hechos que se remontan al 20 de enero de 2016, cuando, tras un encuentro íntimo con una amiga, dos funcionarios cachearon al interno. «Teníamos información confidencial fidedigna que nos hacía pensar que la visitante iba a intentar pasarle algún tipo de sustancia para que luego él traficara», explicó uno de los vigilantes.

Esa misma mañana solicitaron al Juzgado de Vigilancia Penitenciaria permiso para practicarle una radiografía. Al proyectar radiación, la prisión no puede someter a los internos a este control sin autorización judicial. «Hicimos un cacheo con desnudo integral, respetando su intimidad, y como persistían las sospechas, le practicamos la placa radiológica», detalló el funcionario. La imagen mostraba un cuerpo extraño en el interior de J. A. P. Y. «pero él continuaba negándolo; tras bastante tiempo accedió a darnos lo que llevaba en su interior», recordó durante la vista.

«Los compré en el centro para mi consumo porque estaba con problemas de ansiedad y drogadicción», explicó el reo. En aquel momento le tenían destinado en el módulo de enfermería, como interno de apoyo. «Tenía bastante presión por estar con tantos enfermos, llevaba un montón de meses sin permisos, los había pedido de mil maneras y no me los autorizaron. Pedí ir a ver a mi tío que estaba enfermo y a los pocos días murió. No pude verle ni llamarle», dijo. Según recalcó, sufría ansiedad, «necesitaba dormir y descansar porque estaba estresadísimo, llegué a solicitar que me incrementaran la medicación, pero no lo hicieron».

Su letrado, Iván Cortina, recordó que esa ansiedad «estaba diagnosticada», la celda no fue registrada en las semanas anteriores y la dirección le consideraba apto para estar en enfermería, «qué curioso, con acceso a los fármacos». A preguntas de la magistrada, el reo dijo que si ocultaba los estupefacientes en su cuerpo era para «que no los cogiera ningún enfermo; los sacaba por la noche, los consumía, y los volvía a esconder». Cortina calculó que fumados, esos 1,57 gramos de heroína «le darían para 19 noches, como diría Sabina». «La única forma que tenía de tranquilizarse y afrontar la condena de la forma más evadida posible era a través de la heroína», concluyó.

El fiscal se basa en varios informes para considerar que en realidad la heroína era para «el favorecimiento o venta». En el primero se constó que J. A. P. Y. estaba a «tratamiento por alcoholismo», en el segundo se confirman «indicios objetivos de abuso por las drogas. Dando por buenas las referencias del acusado, podía existir trastorno por consumo de cocaína, pero no se habla de la heroína». El último, de 2017, acredita trastornos psicofísicos «con dependencia al cannabis, la coca y benzodiacepinas, pero para nada se habla de heroína». La defensa opone que esas relaciones no son exhaustivas, y que «un alcohólico que tiene dependencia al vino tampoco le hace ascos a la cerveza».

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