Meteorología alerta de que el potente anticiclón agravará la contaminación en las ciudades

Vistas de Oviedo de este amanecer./ Hugo Álvarez
Vistas de Oviedo de este amanecer. / Hugo Álvarez

El mes pasado fue el segundo octubre más seco desde 1985 y de los más cálidos de los últimos años

MARCO MENÉNDEZ GIJÓN.

Toda la Península Ibérica está bajo los efectos de un potente anticiclón que evita la llegada de las lluvias y mantiene en calma la circulación del viento. Esa situación, unida a una presión muy elevada, hace que las ciudades vean cómo se deteriora la calidad del aire, con un aumento importante de la contaminación. Así lo indicó ayer el portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), Rubén del Campo, quien espera que la situación pueda comenzar a cambiar mañana por Galicia, aunque en Asturias no será una realidad hasta últimas horas del jueves.

Si ayer la presencia más elevada de sustancias contaminantes sobre el centro de Asturias se registró, según la Aemet, para el monóxido de carbono, dióxido de azufre y dióxido de nitrógeno, para hoy se prevé que sea este último compuesto el que desde el mediodía se concentre en toda el área central de la región, según las estimaciones del Centro Nacional de Supercomputación. De todas formas, el Ejecutivo asturiano no prevé la adopción de medidas extraordinarias.

Y el problema es que llueve sobre mojado, pero en sentido figurado, pues no cae una gota sobre el Principado desde hace días. Tal es así que el pasado mes de octubre fue, según la Aemet, «muy seco y muy cálido». Fue el segundo octubre más seco desde 1985 y uno de los más cálidos de los últimos años. Los datos indican que si octubre de 2016 dejó en Asturias un déficit de precipitación de en torno al 70%, el de este año fue aún peor. En valles del occidente no se llegó al 10% de la precipitación esperada, mientras que en la costa y la cuenca central solo alcanzaron el 15%. Únicamente el paso cercano del huracán 'Ophelia' permitió que cayeran algunas gotas sobre la región. Baste como ejemplo decir que en octubre se recogieron en Oviedo 17,4 litros por metro cuadrado, cuando lo normal hubieran sido 98,5; los 17,9 del aeropuerto de Asturias, frente a los 118,1 considerados normales, o los 15,6 frente a los 103,9 que suele llover en Gijón un octubre cualquiera.

Pero también se dispararon las temperaturas, con una media mensual de hasta 2,5 grados superior a los 15,1 que se considera lo habitual para Gijón. Tan anómala fue la situación que el 15 de octubre se alcanzaron los 35,1 grados en Castropol.

Vigilancia continua

La Aemet proporciona al Principado predicciones diarias sobre lo favorable o desfavorable de las condiciones meteorológicas para la ventilación y dispersión de los contaminantes en la atmósfera. Esa predicción se hace por separado para las zonas de Avilés, Gijón, Oviedo y las Cuencas. El delegado territorial de la Aemet en Asturias, Ángel Gómez-Peláez, indicó a EL COMERCIO que en esas predicciones se tienen en cuenta «la presencia o no de inversión de temperatura de niveles bajos atmosféricos persistente e intensa, la probabilidad de precipitación y la intensidad y dirección del viento». Situaciones como la actual complican las cosas: «La presencia de una inversión térmica en niveles bajos actúa de tapadera y no permite que la contaminación salga por arriba por proceso de mezcla turbulenta asociada a la convección térmica diurna o a la cizalladura vertical del viento», explica.

La lluvia y el viento son fundamentales para ayudar a disipar la contaminación, pues «la lluvia actúa disolviendo y arrastrando la contaminación atmosférica al suelo. El viento arrastra la contaminación fuera de la zona de emisión por lo que no permite que se acumule en las proximidades de esa zona y, además, favorece la mezcla turbulenta y por tanto la dilución de la concentración del contaminante», explica Ángel Gómez-Peláez.

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